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Opinión

Nuevas ansiedades

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Gran parte de la población padece malestar y falta de autoestima.
HERALDO

La crisis económica global viene siendo el factor más socorrido para explicar por qué están rebrotando los nacionalismos, los populismos y los extremismos de izquierdas y de derechas, en detrimento de la socialdemocracia, la centralidad política, la cooperación internacional y los proyectos supranacionales con capacidad gubernativa, como la Unión Europea.

Sin embargo, no creo que estemos ante supuestos esencialmente económicos. Sirva de ejemplo que Vox, estrella emergente de la política nacional, no se ensaña con la desigualdad y el paro, sino con el feminismo y la inmigración más débil, conforme a una actitud, por cierto, impropia de la tradicional gallardía española y quijotesca de la que presumen sus líderes. Y tampoco los independentismos, ni siquiera los de las regiones ricas, tienen un sustrato tan económico como se suele pensar, sino que prima la emoción de pertenecer a un pueblo especial, cuando no, mejor que los demás.

De manera que los fenómenos referidos no tendrían tanto que ver con el PIB, cuanto con las ‘nuevas ansiedades’ de las que habla Paul Collier en su libro ‘El futuro del capitalismo’, aludiendo al malestar y la falta de estima que siente la población que ha dejado de estar bien remunerada, de bajo nivel educativo y ajena a los entornos cosmopolitas que hoy triunfan. Según el mencionado profesor de Economía y políticas públicas de la Universidad de Oxford, la socialdemocracia, surgida en la ética sólida de la obligación recíproca, se ha diluido en un sopicaldo utilitarista, paternalista y elitista que ha dejado el descontento a merced de oportunistas y ventajistas.

jusoz@unizar.es

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