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Votabilidad y volatilidad

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Los electores españoles son cada día menos fieles.
HERALDO

Los votantes son cada día más infieles. Por eso, el resultado de las últimas elecciones, las autonómicas en Andalucía, puso en entredicho la fiabilidad de las encuestas: no predijeron ni el derrumbe de la izquierda ni la eclosión de Vox. El barómetro preelectoral del CIS, sin ir más lejos, solo contemplaba que consiguiera un diputado y al final logró doce. Ahora, con vistas a las generales del 28 de abril, los sondeos hablan de un gran éxito de la extrema derecha. Sin embargo, también es posible que las dificultades para elaborar una predicción fiable puedan estar llevando a sobrevalorar el apoyo a Santiago Abascal. Al tratarse de un partido sin referentes históricos es mucho más difícil estimar su voto real, como ya ocurrió con Podemos tras su irrupción en las europeas del 2014.

Existen, pues, muchas incertidumbres porque el voto es cada día más volátil. De cualquier forma, los comicios andaluces revelaron algunas pautas que pueden ser útiles para diseñar los próximos escenarios electorales. Primera, el voto a la extrema derecha procede sobre todo de la fragmentación de la derecha (PP, Cs, UPyD). Segunda, la mayoría absoluta de la derecha nace de la desmovilización del electorado de izquierda (que perdió casi 700.000 votos con relación a las autonómicas de 2015). Tercera, Vox se rearma por un contexto internacional favorable, aunque la clave de su auge es el independentismo catalán.

Estos indicadores, no obstante, son coyunturales. En realidad, tanta volatilidad solo proporciona una certeza: que un mínimo cambio en la intención de voto puede alterar por completo las mayorías en el Parlamento. Hemos pasado del bipartidismo al pentapartidismo, pero eso no implica que se haya estabilizado el mapa político.

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