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Ignacio Molina: "Pasar del bipartidismo al multipartidismo cuesta trabajo"

Investigador principal del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina dio una charla este miércoles en Zaragoza las elecciones europeas del 26 de mayo.

Sondeo electoral de Metroscopia para HENNEO

Profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid e investigador principal del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina (Granada, 1971) participó este miércoles en Zaragoza en una jornada organizada por la Fundación Giménez Abad sobre las elecciones europeas del 26 de mayo. Molina impartió la conferencia ‘Las elecciones al Parlamento Europeo entre los desafíos internos y externos de la UE’.

Aunque solemos estar más pendientes de los internos, lo cierto es que los desafíos externos han ganado fuerza. ¿Cuál de los dos tipos ve hoy por hoy más preocupante?

Es una pregunta fundamental. En los últimos 15 años la UE ha perdido mucho tiempo en discutir sus propios problemas. Que han sido graves, porque hemos tenido la crisis del euro o de la de los refugiados, el auge del populismo, los problemas con la ratificación de la constitución europea, la digestión de la ampliación… Pero mientras nos empantanamos con esto, la globalización no para. Y tenemos la emergencia de China, a una Rusia muy agresiva, un Mediterráneo inestable, a Trump en Estados Unidos, etc. Hasta el punto de que nuestros valores están en peligro. En lugar de dedicar energía a una UE fuerte como actor global, perdemos mucho tiempo en discutir sobre nuestras crisis internas. Ese es probablemente el gran desafío de la UE: darse cuenta de que para jugar en las grandes ligas debe dejar esto. El ‘brexit’ es justamente un ejemplo.

Pero con el ‘brexit’, un problema interno en proceso de convertirse en otro externo, es curioso que una de sus consecuencias es que ha unido a Europa.

Es una paradoja interesante. Cuando en junio de 2016 los británicos dicen ‘nos vamos’, se genera pánico. Aunque nunca ha sido muy europeísta, el Reino Unido aporta mucho a la UE: tiene el único Ejército auténtico junto a Francia, su sistema científico, la propia lengua global… Todo lo que es el poder blando británico. Y surge ese miedo al contagio. Pero, sin embargo, la negociación con el Reino Unido y, sobre todo, el hecho de que los Estados miembros se hayan dado cuenta de que los británicos se van a ver tan afectados al marcharse… Eso ha supuesto un efecto demostración para el resto. Y se han unido frente a la confusión y la desorientación británicas.

Esta conferencia no es la suya, pero aun así: '¿Qué es lo que votamos?'

Los europeos tendemos a pensar en clave nacional, y es un error. Afortunadamente se va matizando con el tiempo: en los últimos 15 años nos hemos interesado por las elecciones en Grecia, por si ganaba la ultraderecha en Austria, por el rescate de Portugal, Merkel, Macron… Pero es que además este Parlamento Europeo es más fuerte que nunca, tras la reforma de los tratados; es tan importante como el Consejo, es decir, como los Estados miembros. A la hora de elaborar normas y también de elegir al presidente de la Comisión, al Gobierno europeo.

"Cuando echas un pulso a la Comisión Europea, el que te castiga no es Bruselas, sino los mercados"

¿Minusvaloramos la crisis en Italia o cree que solo se trata de otro episodio del clásico equilibrismo italiano?

Si lo miramos en términos objetivos, lo que sucede es gravísimo: un Estado miembro con el mismo PIB casi que Francia, un Estado fundador, con una gran potencia industrial y exportadora, con un Gobierno y un Parlamento en el que una fuerza política es eurófoba, como la Liga, y otra euroescéptica, como el M5E, con una derecha desaparecida, donde lo más próximo es Berlusconi, y que luego la izquierda haya quedado limitada a apenas un 25%… Italia se ha convertido en un país muy hostil a la UE. Lo que pasa es que como tenemos esta idea de que, después de tantos años, la política italiana tiene mucho de comedia o de dramatización, que hay unos equilibrios débiles pero con una vía paralela a la política, pues no nos los creemos del todo. Pero es realmente grave y tiene pocos visos de mejorar.

Al Gobierno de Conte le pasó un poco como a Tsipras: el desafío inicial se quedó en nada.

Cuando tú le quieres echar un pulso a la Comisión Europea tienes un problema: que quien te castiga no es Bruselas, sino los mercados. Ahora mismo la prima de riesgo italiana está más cerca de la griega que de la portuguesa. Esa es la parte buena: Europa tiene unas instituciones muy fuertes.

España es uno de los países más descentralizados de la UE; solo Alemania e Italia lo son menos. ¿Ve justificado o previsible el movimiento recentralizador que vive el país?

Hay que distinguir dos cosas. Primero, la tensión centro-periferia, que existe también en Alemania o Estados Unidos, que es una dinámica de baja intensidad presente en todo sistema federal y que no tiene fin. Luego en España está la reacción del nacionalismo español ante algo tan grave como la declaración unilateral de independencia y el enfado que eso ha causado. Se junta el elemento competencial con el elemento identitario.


1.Spain

2.Italy

3.NZ

4.Greece

5.Australia

6.Portugal

7.Brazil

8.Ireland

9.Thailand

10.Netherlands


12.Canada

17.France

24.UK

28.US

32.Turkey

37.Germany

38.Malaysia

64.UAE


(US News & World Report)

— World Index (@theworldindex) 19 de febrero de 2019

España lidera rankings como los de tolerancia hacia la homosexualidad, la seguridad o los mejores países para viajar solo. También en salud democrática. ¿Por qué somos tan dados a restar valor a nuestros logros?

Los países suelen valorarse mejor a ellos de lo que les valoran los extranjeros. Pero en España e Italia es llamativo que sucede lo contrario. ¿Por qué? Es un fenómeno curioso que hemos estudiado en el Instituto Elcano. En España se junta un nacionalismo periférico con vigor intelectual, como los del País Vasco y Cataluña, con una izquierda que, comparada con el resto de Europa, es potente y que es crítica con la Transición. Y con un 10% de nacionalistas y un 20% de izquierda a la izquierda de la socialdemocracia, lo que sería Unidos Podemos, sumas un tercio de la población hipercrítica con el proyecto nacional. Es un fenómeno que, por otro lado, tiene cosas positivas.

Pedro Sánchez ha pasado buena parte de su gobierno viajando fuera de España. ¿Lo vio usted como un escape o se cree su teoría de que el peso español en el exterior había caído con Rajoy?

Se pueden hacer las dos lecturas, y probablemente la explicación sea una mezcla de ambas. El activismo diplomático de Sánchez y Borrell tiene aspectos positivos, y es probable que España haya estado demasiado tiempo ausente y sea necesario proyectarnos; esto es algo que hay que valorar. Hemos visto a un presidente del Gobierno al que le gusta el Consejo Europeo, al que le gusta viajar, y esto es bueno porque España es una potencia media. Ahora bien, en el contexto de debilidad parlamentaria de Sánchez hay dos cuestiones que le llevan a viajar: con un panorama doméstico en el que no tienes tanto poder, la política exterior siempre es una vía de escape, porque fuera no hay oposición; y, por otro lado, en este contexto preelectoral que ya se ha confirmado, todo lo que sea viajar crea una imagen presidencial que también le viene bien.

"En Quebec se tardó muchos años en llegar a una fase constructiva, de aceptación de la debilidad"

Sánchez fue criticado por no liderar en la UE el respaldo a Guaidó. ¿Echó en falta más valentía o vio bien que esperase a una postura europea común?

Fuera de España, todos piensan que Sánchez ha liderado la respuesta europea. Guaidó es alguien inmerso en una lucha de legitimidades; los países europeos hacen bien en ponerse del lado de la Asamblea Nacional, pero en el terreno fáctico no ha cambiado nada. Y en política exterior es bueno ser realista y prudente.

El intento de diálogo del Gobierno central con los independentistas ha fracasado estrepitosamente. "El nacionalismo catalán sigue sin aceptar que un empate es lo máximo a lo que puede aspirar y plantea demandas inalcanzables", ha dicho usted.

En el medio o largo plazo se puede ser más optimista, pero en el corto estamos en una dinámica de radicalización; aún no se ha pasado la fase aguda de la excitación independentista, algo que se ve acrecentado con el juicio. Como en los duelos, esto tiene sus fases. Y la actual es de inflamación de la reacción nacionalista española. Hasta que no haya una pedagogía mutua no avanzaremos. El Gobierno pretendió hacer un diálogo para desinflamar, pero ni siquiera ellos pensaban que podían avanzar más de lo que han avanzado. En Quebec se tardó muchos años en llegar a una fase más constructiva, de aceptación de la debilidad, del empate.

Ignacio Molina: «Pasar del bipartidismo al multipartidismo cuesta trabajo»


Resultados el 28-A según la última encuesta de Meroscopia para HENNEO

En España podemos llegar a tener cinco partidos por encima del 10% y sin embargo proliferan los vetos; el último, el de Ciudadanos al PSOE. ¿Podemos ir preparándonos para repetir elecciones generales?

Pasar de un sistema bipartidista, con una cultura política de la confrontación, a otro multipartidista es algo que cuesta mucho trabajo.

Quizás no seamos conscientes de eso.

Claro: es que cuesta. Es que el ADN no ya del político, sino del votante es muy de izquierda-derecha, de ausencia de volatilidad entre bloques. Esto no es sostenible con cinco partidos. Para los políticos parece una traición cada vez que hay un pacto. España será ya siempre complicada de gobernar, como Bélgica u Holanda, pero cuando empiezas a amoldarte al multipartidismo, cuando surgen las primeras coaliciones, se crea una cultura. Tardará, pero ocurrirá: los propios políticos verán que el veto es impopular y serán capaces de explicar a sus votantes a coaliciones que ahora mismo parecen de traición. Como por ejemplo con Cs y el PSOE.

"Los barómetros siguen mostrándonos que el europeísmo en España sigue estando fuerte"

Respecto a Cs, usted ha alertado de que un eventual acuerdo con el PP y Vox puede dar lugar a una caída similar a la de los liberaldemócratas en el Reino Unido tras pactar con Cameron.

Por eso Ciudadanos ha intentado hasta ahora apoyar desde fuera; les da mucho miedo entrar en un gobierno de coalición. Andalucía es la primera vez en que sucede. Aunque yo creo que Ciudadanos no pretende en estos momentos tanto ser un socio menor como sustituir al PP como referente del centroderecha.

El populismo de derechas en España, que encarna Vox, no es tan euroescéptico como sus socios europeos.

Sí, es interesante que tanto el populismo de Podemos como el de Vox sean muy domésticos. En el primer caso, los temas son el Ibex 35, la corrupción, el PPSOE, hasta el Rey. En el segundo, Cataluña, la partitocracia, Pedro Sánchez… Y cuando ves el populismo ahí fuera, casi todos los temas son internacionales.

De todos modos, si el euroescepticismo ha crecido en España hacia algún sitio ha sido en la izquierda.

Porque aquí sufrimos más la crisis económica y las clases trabajadoras padecieron más. El votante de Podemos, urbano y joven, que echó a Europa la culpa de esto. Pero los barómetros siguen mostrándonos que el europeísmo en España sigue estando fuerte; quizás sea un europeísmo menos ingenuo, más crítico.

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