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Nacional

Capacidad de negociar

Resulta anticipado que los partidos políticos planteen ya vetos que pueden imposibilitar o dificultar los pactos poselectorales que seguro que habrá que hacer si se confirma la tendencia de dispersión del voto.

Albert Rivera en un acto de partido
Albert Rivera en un acto de partido
Efe

Ciudadanos marca postura al rechazar ya un pacto con el PSOE tras las elecciones generales. Igualmente, Javier Lambán descarta un frente electoral de izquierdas, como planteaba Chunta para las autonómicas. Con el sistema multipartidista que se está consolidando en España, los partidos deben ser capaces de evidenciar más flexibilidad que fuerza. La ‘finezza’ proporciona más beneficios en la política que las posturas maximalistas.

Los partidos ya van definiendo sus estrategias de cara a las elecciones generales del 28 de abril y a las locales y europeas del 26 de mayo. Es necesario que concreten cuando antes tanto unos programas bien detallados como un plano de posibles alianzas. Los ciudadanos deben tener pleno conocimiento de para qué va a servir su voto. No obstante, resulta en exceso anticipado que las formaciones políticas planteen ya vetos que pueden imposibilitar o dificultar los pactos poselectorales que seguro que habrá que hacer si se confirma la tendencia de dispersión del voto. La claridad de los objetivos y los propósitos no es incompatible con la negociación.

Todos los partidos, los viejos y los nuevos, han venido practicando en los últimos años una estrategia de radicalización de la crítica y la oposición. Creen que les ha resultado rentable porque es el procedimiento más socorrido para hacerse notar, una exigencia imperiosa en el combate por la atención que se libra en nuestras sociedades cada vez más volátiles. No obstante, después de enfatizar lo polémico e incluso la crispación, deben asumir de una vez que ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos sin flexibilidad es condenarse al estancamiento y, lo que es más grave, someter al país a la parálisis en la acción de gobierno. La polarización de la política española en dos bloques antagónicos alienta dinámicas de radicalización nada deseables. Los partidos deben evitarla.

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