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La profecía de Pilar Ruiz

Por
  • Guillermo Fatás
La profecía de Pilar Ruiz
POL

Con sonriente desvergüenza, la líder del socialismo vasco, Idoia Mendia ha brindado, en el relajado y amistoso ambiente de un ‘txoko’, con el nacionalista sabiniano Ortuzar, aliado de conveniencia del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y del exetarra Otegi, militante de una formación separatista radical que, con diversos nombres, ha sido no solo apoyo sino parte activa de ETA. Un modo de celebrar las fiestas de fin de año localmente muy mercantil y fotogénico, pero indecente.

El socialista José Luis Múgica –hijo del asesinado Fernando y sobrino del amenazado Enrique– se ha ofendido hasta el punto de causar baja en el PSE; el veterano socialista extremeño Rodríguez Ibarra ha manifestado su alarma y dolor ante esa conducta, lo mismo que Maite Pagazaurtundua; que, por descontado, parece actitud de lo más normal a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y jefe del Gobierno.

Hay una tradición vasca de los últimos lustros en la que se cruzan el socialismo de alta costura, ahora encarnado en la ministra Celaá, y los obispos nacionalistas donostiarras, cuyos arquetipos últimos han sido Setién, que prohibía predicar al ilustre penalista y jesuita Antonio Beristain, y Uriarte, que negaba la posibilidad moral de obligar a nadie a pedir públicamente perdón, renegando de una milenaria tradición católica que vestía y exhibía con corozas y sambenitos a los pecadores contra la fe. La portavoz del socialismo distinguido, ese que tiene un pie en Neguri y viste de marca, asegura, en plena rueda de prensa tras el Consejo de Ministros y con aire de suficiencia intelectual frente a la pregunta de la prensa espesa, que el de ‘perdón’ es un concepto religioso. A unos y otros parece dárseles un ardite de nuestras leyes que previenen lo contrario. A los prelados no se les oculta que ciertos beneficios para reos se obtienen tras expresar estos su petición de perdón de modo fehaciente para un juez. Y la ministra debería saber, así solo fuera por su procedencia, que algunos etarras han logrado eximirse de penas en su justo cautiverio precisamente porque han pedido perdón por sus crímenes de sangre. No hay nada ‘religioso’ en el artículo 90 del Código Penal, que señala cómo el cambio de actitud del terrorista preso puede «acreditarse mediante una declaración expresa de repudio de sus actividades delictivas y de abandono de la violencia y una petición expresa de perdón a las víctimas de su delito».

La profecía

En mayo de 2005, Pilar Ruiz escribió esto a Patxi López, predecesor de Mendia: "En el segundo aniversario del asesinato de mi hijo Joseba [Pagazaurtundua] te hablé en público y en privado porque estaba cada vez más preocupada por algunas palabras y gestos de quienes te acompañan en el partido. Soy mayor, Patxi, tengo setenta y tres años y tú eres muy joven. Por eso me atreví a decirte que pensaras en las cosas realmente importantes: la vida y la dignidad. La defensa de la vida, la libertad y la dignidad es más importante que el poder o que el interés del Partido Socialista (…) Te hablé de la traición de los nacionalistas en Santoña en 1937 (...) y te recordé que el que pacta con los traidores se convierte en un traidor (…) Con José Luis Rodríguez Zapatero hablé el 13 de diciembre de 2003. Ahora estamos en el año 2005 y yo todavía tengo voz, y no callaré, pero ahora hay muchos ciegos en España y creo que serán ciegos y mudos ante nosotros. Hay muchos ciegos que serán leales a lo que hagáis, aunque nos traicionéis, porque sólo ven las siglas (...). Y sí, los hinchas que escriben de vuestro lado dirán lo que vosotros no diréis en voz alta, que es lo que ya nos han dicho los nacionalistas: que estamos manipulados por el Partido Popular y por nuestro dolor, y que deberíamos estar callados cuando nos den un abrazo y un homenaje (…) A Odón Elorza y a Gemma Zabaleta les escribí el 14 de noviembre de 2004 que, para perdonar, es necesario que quien ha hecho mal se arrepienta. (…) La gran mayoría de los nacionalistas –tengan pistola o no– son de los de a Dios rogando y con el mazo dando, y en la negociación irán de la mano con las mismas palabras (…) Ay, Patxi, fui una refugiada de guerra miserablemente pobre, crecí como la hija de un rojo represaliado, no pude votar hasta los cuarenta y cuatro años. Y después vino el calvario de nueve años de ver sufrir a mi hijo, que veía llegar su propio asesinato. Se jugó la vida por defender la libertad, no por lo que parece que viene de vuestra mano, eso que pomposamente se anuncia como un proceso de Paz. Porque, Patxi, ahora veo que, efectivamente, has puesto en un lado de la balanza la vida y la dignidad, y en el otro el poder y el interés del partido, y que te has reunido con EHAK. Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi. ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!".

Cambien Patxi por Idoia y el caso aparece diáfanamente claro.

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