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Bronca estéril

Pablo Casado acusa a Pedro Sánchez de ser responsable y partícipe del “golpe de Estado” en Cataluña.

Pablo Casado en la intervención de este miércoles en el Congreso.
Pablo Casado en la intervención de este miércoles en el Congreso.
Efe

Pablo Casado quiso estrenarse ayer con dureza contra Pedro Sánchez en su primera intervención extensa en el Congreso como nuevo jefe de la oposición. Y el presidente del Gobierno le respondió amenazándole con romper relaciones con él si no retiraba su acusación de "golpista". El tono áspero de ambos y de búsqueda fácil del titular debilita la imagen de la clase política.

El nuevo líder del PP quiso dejar huella en su primer discurso en un debate parlamentario. Planteó una auténtica enmienda a la totalidad de la labor del jefe del Ejecutivo y elevó especialmente el tono para referirse al desafío independentista en Cataluña, hasta acusar al dirigente socialista de haberse convertido en "partícipe del golpe de Estado que se produce en España". Acusación que el presidente, en su réplica, le pidió que retirase por "inaceptable", a la vez que calificó a Casado de "absoluto irresponsable". Fue, en definitiva, un debate bronco y agrio, de esos que la ciudadanía ya ha visto en otros periodos preelectorales, pero que resultan estériles y paralizantes.

La debilidad interna de los líderes de los grandes partidos, la fragmentación parlamentaria y la proximidad de las elecciones andaluzas, en diciembre, y de las municipales, autonómicas y europeas, en mayo, están crispando la vida política. Pedro Sánchez, con sus 84 diputados, tiene dificultades incluso para sacar adelante unos Presupuestos y anda mendigando el apoyo de los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. No obstante, la oposición tampoco debe cruzar por eso determinadas líneas rojas. La ciudadanía rechaza los enfrentamientos desabridos que solo se basan en cálculos electorales; a cambio, reclama un debate serio centrado en su futuro. Por eso hay que pedir a los actores políticos un esfuerzo para rechazar la crispación y para reconocer que el acuerdo y los pactos son imprescindibles para la gobernabilidad de las instituciones y del país.

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