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Nacional

De cisnes negros y gatos blancos

Por
  • José Javier Rueda
OPINIÓNACTUALIZADA 25/09/2018 A LAS 05:00
Pedro Sánchez confirma el fallo en su libro y asegura que “va a ser subsanado”
Pedro Sánchez

El pasado mes de junio irrumpió en España un cisne negro. Cuando nadie lo esperaba, Pedro Sánchez surgió como presidente del Gobierno después de reunir los votos para hundir a Mariano Rajoy en una moción de censura. Nadie mejor que él personaliza la metáfora acuñada por Juvenal y actualizada por el analista libano-estadounidense Nassim Taleb (‘El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable’) para caracterizar aquellos acontecimientos raros e inesperados que adquieren una resonancia inusitada en campos como la historia, la política o la economía.

Su llegada a la Moncloa suscitó muchas esperanzas en una buena parte de la ciudadanía. Muchos lo percibieron como un soplo de aire fresco capaz de airear la cenagosa atmósfera de corrupción que todo lo impregnaba. Y presentó un Gobierno atractivo e impulsó un nuevo estilo de hacer política. Pero no duró nada. En menos de cuatro meses ha acumulado una desproporcionada cantidad de tropiezos y errores. Más allá de su asfixiante precariedad parlamentaria (84 diputados), la concatenación de meteduras de pata y de ocurrencias solo tienen una lectura posible: su objetivo no es gobernar sino hacer campaña electoral.

Necesita tiempo y unos Presupuestos para demostrar que es la opción más apropiada para gobernar en los próximos cuatro años. Por eso no va a adelantar las elecciones, como le piden por doquier, ni habrá prórroga presupuestaria. Es un resistente y está dispuesto incluso a enlodar una de las banderas que con mayor ostentación ondeó cuando prometió el cargo, la causa feminista. Para intentar sacar adelante la reforma de la ley presupuestaria la ha colado, aunque sin éxito por ahora, nada menos que en la Ley de violencia de género, ignorando al Constitucional.

Un cisne negro es un espécimen muy original y exótico. Pero, como cualquier otra ave, finalmente debe demostrar que es capaz de volar, es su destino. Y el inesperado Pedro Sánchez aún tiene que demostrar que sabe gobernar y que tiene un proyecto para hacerlo. Da igual que sea cisne negro o mirlo blanco. Ante los electores no importan los debates de colores ni de ideologías sino los resultados. Como dijo Felipe González, «gato blanco, gato negro, qué más da; lo importante es que cace ratones».

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