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Nacional
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Torra, Sánchez y el elefante

Por
  • José Javier Rueda
OPINIÓNACTUALIZADA 30/06/2018 A LAS 05:00
Lakoff pidió a sus alumnos que no pensasen en un elefante...
Lakoff pidió a sus alumnos que no pensasen en un elefante...
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George Lakoff es uno de los grandes teóricos de la neuropolítica, la ciencia de conocer el cerebro para liderar las ideas. Un buen día, este catedrático de Lingüística de la Universidad de Berkeley (California) pidió a sus alumnos que no pensasen en un elefante y todos reconocieron que en aquel mismo instante habían imaginado un mamífero con trompa. A raíz de esa experiencia publicó un libro, ‘No pienses en un elefante’, por el que empezó a ser conocido en España en 2007. En ese tratado explicaba por qué la derecha llevaba años consiguiendo que sus temas (libre mercado, reducción de impuestos, lucha contra el terrorismo, familia tradicional, nacionalismo...) dominaran las agendas informativas y electorales. Los ‘think tank’ conservadores habían hecho un gran trabajo para presentarlos en paquetes atractivos. Así, dominaban el mensaje y el medio.

La clave, según Lakoff, está en saber ‘enmarcar’ el debate. El lingüista citaba dos ejemplos de cómo los ‘neocon’ estadounidenses supieron establecer ‘los marcos del debate’: llamaron «guerra contra el terror» a la invasión de Irak y «alivio fiscal» a su rebaja de impuestos a los ricos, de modo que quien se oponía a lo primero resultaba sospechoso de simpatizar con el terrorismo y quien protestaba por lo segundo aparecía como alguien deseoso de subirles a todos los impuestos.

En España, la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa está generando un cambio de ‘marcos mentales’ (‘frames’, según la terminología de Lakoff) que será decisivo para el futuro a corto plazo del desafío más intenso que tiene el país, el secesionismo. En el bloque independentista se observan pocos cambios. Torra sigue parapetado con Puigdemont en la trinchera de la gestualidad. Apenas gobierna, pero acapara todos los gestos provocadores que puede. Como el que protagonizó el martes en Washington al denigrar en público la imagen de España. Sigue alimentando así su maniqueísmo moral: la verdad catalana contra la mentira española. Está asustado: si este planteamiento flaquea, ¿con qué otras armas prolongará el soberanismo su hegemonía?

En el centro, donde siempre se han fraguado los pactos, es donde se percibe el cambio de timón. Desde esta posición, algunos ideólogos nacionalistas ya están resucitando ‘el viejo catalanismo’ sobre el que se aupó Jordi Pujol. Rechazan el planteamiento binario que se ha impuesto (unionistas, por un lado, y soberanistas, por otro) y reclaman una tercera vía. Su ‘marco’ es el reencuentro de todos los catalanes en el ‘catalanismo no secesionista’.

Pedro Sánchez, por su parte, intenta imponer el ‘frame’ del ‘ha llegado el momento del diálogo’. Busca la desmovilización de aquellos catalanes poco convencidos de las posibilidades de la independencia, pero muy irritados con la actitud de desdén mantenida por el Gobierno de Rajoy. Al otro lado del hemiciclo, el PP y Ciudadanos han intentado crear desde el primer momento su ‘marco mental’ para aprisionar al Gobierno del PSOE: «España, en manos de los separatistas y de los etarras».

En estos momentos, ninguno de estos ‘marcos’ se ha impuesto. Conviven los cuatro al albur de los acontecimientos. Triunfará el que se venda con más habilidad, el que reelabore un relato que sea aceptado por la opinión pública como algo real. El Gobierno tiene más instrumentos, pero su ‘frame’ no ha calado todavía ni en la opinión pública española ni en la catalana.

Pedro Sánchez debe entender que construir un buen relato no es siempre garantía de éxito. Si pide a los españoles de fuera de Cataluña que no piensen en las provocaciones de Torra y Puigdemont, automáticamente todos pensamos en sus ofensas, sobre todo si las siguen ejecutando a diario. Si pide a los españoles de Cataluña que no piensen en los políticos presos, inmediatamente piensan en Junqueras y los demás. Esto ya lo demostró Lakoff cuando les dijo a sus alumnos que no pensaran en un elefante. Tendrá que dar con algo menos simple.

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