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Primarias populares

OPINIÓNACTUALIZADA 24/06/2018 A LAS 05:00
¿Cuál es el origen de la mala relación entre Sáenz de Santamaría y de Cospedal?
¿Cuál es el origen de la mala relación entre Sáenz de Santamaría y de Cospedal?

Unas primarias abiertas, sin control ni orientación previa, entregadas a la libre decisión de la imprevisible militancia (esta o cualquier otra), decidirán quién sustituye a Mariano Rajoy al frente del Partido Popular. Sin experiencia en este tipo de mecanismos y alejados del escudriñado público y del desgaste que implican las batallas orgánicas, los populares se preparan para una pelea inédita, de predicción imprevisible en el corto plazo, que debe romper (esto es lo único claro) con la oscura etapa de corrupción que ha definido al PP. Una suerte de segunda transición en el seno de un partido acostumbrado al sosiego del modelo presidencialista y a ocultar los muchos enfrentamientos entre sus familias y que tendrá que renovar sus órganos de gobierno mientras refresca su condición de engranaje del bipartidismo.

El PP, que como principal seña de identidad cuenta con haber sido una formación mucho más opaca en lo orgánico que el PSOE que, desnudado hasta lo pornográfico, ha mostrado sus vergüenzas sin ningún pudor, hará coincidir estas primarias con su imprescindible proceso de catarsis. Habrá ganadores y perdedores, algo que los populares siempre han querido evitar, y más interesante aún, se visualizará una nueva legitimidad política que está por descubrir cómo será aceptada tanto por la militancia como por los votantes. Hasta la fecha, los líderes populares lo eran por designación de su inmediato antecesor, quedando el papel de la militancia constreñido a la escenificación del refrendo. Con estas primarias se ha abierto la pelea entre los candidatos y la siempre complicada futura gestión de las heridas sin cicatrizar.

El PP tiene tanto por sanear como mucho por digerir. Su inesperada y abrupta salida del Gobierno (en una semana se pasó de superar el trámite de la aprobación presupuestaria a perder una moción de censura) no solo les ha dejado tambaleando, sino que también ha abierto una puerta de inestabilidad donde ningún dirigente territorial se siente respaldado. Todo se encuentra paralizado a la espera del congreso. No hay líderes ni liderazgos y la demostración de todo ello es que el propio Mariano Rajoy ha tardado bien poco en recuperar su plaza en Santa Pola y que Alberto Núñez Feijóo ha dejado claro que no tiene la menor intención de moverse de Galicia (motivos no le faltan).

Las candidaturas son tan diversas como formas existen de entender la formación. Mientras Sáenz de Santamaría y sus apoyos creen que la pátina de su paso por el Ejecutivo es sinónimo de solvencia, de capacidad de liderazgo para recuperar al poder, Dolores de Cospedal está convencida de que su condición de experta conocedora de las tripas de la formación le concederá una ventaja añadida. Olvidan las dos, ambas miembros del extinto gobierno popular, que la renovación está más próxima a la refundación que a la reordenación y que los muchos casos de corrupción, los juzgados y los todavía pendientes, no se borran del imaginario de los españoles con un mero cambio de posición de las piezas.

El principal mérito del PP, la concentración del centroderecha español en una única formación, queda ahora cuestionado por Ciudadanos, que lo mismo se sitúa en el lado más conservador de la balanza que juega a adelantar a los populares por la izquierda. Tiene el PP que definirse nuevamente si quiere volver a ser alternativa y aclarar qué diferencias tiene con Ciudadanos y cuál es, más allá de lo ideológico, su lugar en el mapa de partidos. Cuando la alternancia política convertía al PP en recambio del PSOE, y viceversa, los papeles estaban claros. No había duda. Ahora, y tras aceptar que la negativa de Núñez Feijóo a dar el paso ha servido para demostrar que el PP sufre de idénticos males que el resto de partidos, parece llegado el momento de sacudirse ciertas herencias. La duda pasa por descubrir si el PP estará en orden para las autonómicas y municipales y hasta dónde alcanzará la fuerza que implica la presencia de Pedro Sánchez en la Moncloa..

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