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Nacional

Suárez y González se sentaron en el banquillo cuando eran expresidentes

El primero declaró por el caso Banesto y el segundo, por el caso Marey.

González, durante su declaración ante el Supremo en 1998. Suárez, a las puertas de la Audiencia Nacional, en 1995.
González, durante su declaración ante el Supremo en 1998. Suárez, a las puertas de la Audiencia Nacional, en 1995.
EFE

La declaración de Mariano Rajoy este miércoles ante el tribunal que juzga el caso Gürtel sienta un precedente histórico, ya que esta es la primera vez que un presidente del Gobierno en ejercicio declara como testigo en un proceso por corrupción.

No se conocen precedentes, aunque si hay dos expresidentes que declararon en sendos casos, aunque cuando ambos ya habían abandonado el cargo: Adolfo Suárez y Felipe González.

Se trata de Suárez, que acudió voluntariamente a testificar en el marco del caso Banesto, el 8 de junio de 1995, cuatro años después de haber abandonado la política. El expresidente negó en la Audiencia Nacional haber recibido en 1989 un total de 300 millones de pesetas, procedentes del Banco Español de Crédito, a cambio de su supuesta mediación con el Banco de España en la fusión de la entidad entonces presidida por Mario Conde con el Central.

Igualmente, afirmó que su última formación política, el Centro Democrático y Social (CDS), no recibió ninguna donación o pago del Español de Crédito.

En cuanto a Felipe González, declaró como testigo ante el Tribunal Supremo en 1998 por el caso Marey, una de las acciones de los GAL. Entonces, el expresidente negó con rotundidad que ordenase acciones contra los miembros de ETA en el sur de Francia.

Testigo de la defensa de varios de los procesados, González tuvo que aguardar hasta el turno de la acusación popular para que uno de sus representantes, José Luis Galán, le espetase sin rodeos si ordenó poner en marcha una estrategia de guerra sucia contra ETA al año de llegar a la Presidencia del Gobierno. Como testigo que era, el presidente del tribunal, José Jiménez Villarejo, le exoneró de responder, pero el presidente quiso hacerlo. "Jamás se me ocurrió una cosa semejante", dijo.

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