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Internacional

EE. UU.

Sarah Palin abandona el gobierno de Alaska y promete que "seguirá luchando"

La ex candidata vicepresidencial republicana Sarah Palin transfirió el gobierno de Alaska a Sean Parnell y en un discurso de 19 minutos de encendido tono patriótico prometió que seguirá "luchando por lo que es justo".

Centenares de personas se congregaron en el parque Pioneer, de Fairbanks, donde también transcurría el Campeonato Estatal del Asado, para las plegarias, el canto del himno, el discurso de despedida de Palin y la toma de juramento del hasta ahora vicegobernador Parnell.

"Los estadounidenses más patrióticos viven aquí", proclamó Palin, de 45 años, quien abandonó el cargo 18 meses antes del fin de su mandato como la primera mujer, y la persona más joven, elegida para el gobierno de Alaska. "Hay quienes están resueltos a destruir a nuestra nación", advirtió. El "patriotismo de nuestros hombres y mujeres en uniforme que luchan y mueren por nuestras libertades" con la perfidia de "los medios de comunicación que inventan historias", aseguró.

"Lo que prometimos, lo logramos", dijo Palin quien recordó que bajo su mando el gobierno de Alaska devolvió a los ciudadanos del estado parte de sus impuestos cuando el año pasado los precios del petróleo, un recurso mayor del estado, alcanzaron niveles sin precedentes.

Al mismo tiempo, Palin que se ha convertido en la heroína de los sectores más conservadores del Partido Republicano, sostuvo que "el Gobierno central aplasta la iniciativa privada y la de los Estados". "Tengan mucho cuidado antes de aceptar la ayuda del gobierno federal", dijo Palin, quien no ha querido participar en el programa de estímulo económico aprobado por el Congreso de EE.UU. y promulgado por el presidente Barack Obama en febrero.

"No quiero ser gobernadora desahuciada"

La única explicación que dio Palin para su dimisión, que ha deteriorado mucho su popularidad según una encuesta divulgada la semana pasada por el diario The Washington Post, es que no quería ser "gobernadora desahuciada".

La expresión, común en el lenguaje político estadounidense, se refiere a un gobernante que está en los últimos meses de su mandato y puede lograr muy poco porque la atención de sus correligionarios, adversarios y el público empieza a enfocarse en la próxima elección.

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