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EGIPTO

Protesta sin precedentes contra Mubarak

Al menos dos civiles y un policía mueren durante la jornada de movilizaciones que se desarrolló en Egipto.

Policías antidisturbios se enfrentan a decenas de personas, ayer en el centro de El Cairo.
Protesta sin precedentes contra Mubarak
KHALED EL FIQI/EFE

Unas 20.000 personas se manifestaron ayer en El Cairo y varias de las principales ciudades de Egipto en contra del Gobierno, en lo que supone la mayor jornada de movilizaciones contra el Ejecutivo en los 30 años de mandato del presidente Hosni Mubarak.

Al menos un policía y dos civiles murieron durante la jornada de protestas que se desarrolló en el país, según dijeron anoche fuentes de los servicios de seguridad. El agente, identificado como Ahmed Abdelaziz, resultó herido en la plaza de Tahrir, en el centro de esta capital, pero murió cuando era atendido en un hospital. El agente recibió una pedrada en la cabeza y al caer al suelo fue arrollado por una estampida de personas.

En Suez, a la entrada del canal del mismo nombre, los dos civiles murieron por disparos de balas de goma, según las fuentes de los servicios de seguridad. En esa misma ciudad hubo 63 heridos, incluidos cuatro agentes policiales, uno de ellos el ayudante del jefe de la seguridad de esa localidad, agregaron las fuentes.

Los manifestantes se enfrentaron a la Policía, que utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos para disolver las protestas, unas movilizaciones sin precedentes en las últimas tres décadas e inspiradas en la revuelta popular que supuso el fin del régimen de Zine el Abidine Ben Alí en Túnez.

Con gritos como «abajo Hosni Mubarak», los manifestantes respondieron a los cañones de agua y los gases lacrimógenos lanzando botellas y piedras. Algunos persiguieron a los policías por las calles de El Cairo, e incluso un cámara de la agencia Reuters tuvo oportunidad de grabar cómo uno de los agentes decidió unirse a ellos.

Desde primeras horas de la mañana decenas de personas se fueron concentrando en diversos puntos de la capital respondiendo a una convocatoria que nació en internet coincidiendo con la caída de Ben Alí, el pasado 14 de enero.

 

«Ojalá haya cambios»

«Estoy muy, muy contento, nunca había vivido algo así, ojalá haya cambios, ojalá se vaya Hosni Mubarak», aseguró Mustafá, un licenciado en Filología Árabe, que junto a otros miles de egipcios celebraron en la céntrica plaza de Tahrir (Liberación en árabe) lo que consideran la primera victoria. Y es que ni siquiera durante las protestas políticas de 2005 en favor de una mayor apertura política, que llegaron a ser casi diarias en el país, las fuerzas antidisturbios permitieron a los manifestantes, que en escasas ocasiones superaron los cientos, que se acercaran a esta simbólica plaza cairota.

En la ciudad de Alejandría, los manifestantes derribaron una fotografía del presidente Mubarak y otra de su hijo, Gamal, a quien muchos egipcios sitúan como sucesor de su padre cuando renuncie.

La causa de las movilizaciones es similar a la que originó las protestas en Túnez: la subida de precios de los alimentos, la pobreza, el desempleo y un régimen autoritario que reprime rápida y brutalmente las manifestaciones.

«Túnez, Túnez», gritaron los manifestantes en las protestas en todo el país. Las marchas en Egipto generalmente solo congregan a unos pocos centenares de personas. El elevado número de asistentes ayer y el hecho de que las manifestaciones se celebraran de manera coordinada en varias ciudades como nunca antes había ocurrido supone un hecho sin precedentes desde que Mubarak asumió el cargo en 1981.

Varios policías resultaron heridos en enfrentamientos con los participantes de las multitudinarias protestas, según Interior. El ministerio aseguró que la Policía se vio obligada a actuar para alejar a los manifestantes de edificios importantes, como el Parlamento o el Museo Egipcio, ambos situados cerca de la plaza de Tahrir, en el centro de El Cairo, donde se congregaron más de 10.000 personas, según sus datos.

Las fuerzas de seguridad lograron controlar las manifestaciones para que no se extendieran y acusaron de generar disturbios al movimiento Hermanos Musulmanes.

Según una fuente oficial, algunos miembros de este grupo ilegalizado se infiltraron entre los manifestantes, pertenecientes a las organizaciones opositoras Kifaya, Jóvenes del 6 de abril y Asamblea Nacional por el Cambio. Los simpatizantes de los Hermanos Musulmanes «se aprovecharon de la atmósfera tranquila» que mantenían los cuerpos de seguridad para lanzar piedras contra edificios gubernamentales.

Hasta primeras horas de la noche, 25 personas fueron detenidas, 15 de ellas de los Hermanos Musulmanes y los otras diez de diferentes fuerzas políticas, según los servicios de seguridad.

«Lo que está ocurriendo hoy (por ayer) es una importante advertencia al sistema. Es una extensión de las frustraciones contenidas y las protestas continuadas. También es nuevo que haya una nueva generación que está utilizando nuevas herramientas», apuntó el analista político Nabil Abdel Fattah.

En su opinión, las manifestaciones podrían ganar empuje si el Estado no acepta las reclamaciones de reformas que piden los manifestantes. Con la mayoría de los grupos de oposición fracturados, los activistas en internet han liderado el llamamiento a las movilizaciones de ayer, conocidas como 'El día de la ira contra la pobreza y la represión'.

Con la afluencia conseguida en las manifestaciones, los activistas 'on line' han demostrado su capacidad para hacer llegar sus llamamientos para el cambio político a una audiencia más amplia. Hasta el momento, el descontento social contra el Gobierno se había limitado a internet.

 

«No podemos vivir»

«Estamos reunidos aquí para reclamar nuestros derechos. No podemos vivir. Todo es caro y hay desempleo. Queremos que los precios bajen. Este Gobierno es la razón de nuestro sufrimiento», apuntó Ibrahim, un manifestante de 33 años en Mahalla el Kubra, escenario de las revueltas de 2008 por la subida de precios y la escasez de pan subvencionado.

Algunos de los manifestantes ironizaron con el destino que le esperará a Mubarak, similar al del derrocado presidente de Túnez, que dejó su país para refugiarse en la vecina Arabia Saudí. «Mubarak, Arabia Saudí te espera», proclamaron.

Los analistas políticos confiaban en que las autoridades de El Cairo mostraran una actitud más tolerante por miedo a provocar un descontento social como el que sufrió Túnez hace unas semanas y que acabó con 23 años de régimen presidido por Ben Alí.

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