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Internacional
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SALUD

Pandemias en entredicho

La incidencia de la gripe A, mucho menor de lo previsto como ya sucedió en el caso de la aviar, ha puesto a la Organización Mundial de la Salud y a los Gobiernos en el punto de mira.

Hace poco más de un lustro, la Organización Mundial de la Salud (OMS) vaticinó que el incipiente virus influenza, causante de la gripe aviar, llegaría a provocar hasta siete millones de muertes en el Planeta. En realidad, en una década apenas han fallecido 262 personas, poco más de 25 por año. El año pasado se repitió la historia, con la descomunal alarma generada por la gripe A, originada por una variante del mismo virus y que lleva causados casi 15.000 decesos en el mundo, bastante menos que la gripe estacional. Ahora, cuando la pandemia ha pasado a una fase de latencia, se han multiplicado las voces en los ámbitos científicos que ponen en entredicho el proceder de los organismos sanitarios, y en especial de la propia OMS. Como trasfondo aparece el cada vez más presente debate sobre el papel que juegan las empresas farmacéuticas en estas crisis de la salud.

En menos de dos décadas los acontecimientos se han repetido en cuatro ocasiones: a las dos gripes mencionadas hay que añadir el mal de las vacas locas y el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SARS, por sus siglas en inglés). En conjunto, la mortalidad de todas ellas se sitúa a una distancia sideral de los efectos que causan otras enfermedades en el mundo, como la malaria. Lo cual no impidió que la alarma que generaron -reflejado en el impacto que tuvieron en los medios de comunicación, o bien propiciado por este- fuera enorme. ¿Por qué?

El brote de la nueva gripe apareció en una pequeña localidad mexicana, La Gloria, en marzo del año pasado. La fugaz propagación primero entre los vecinos -llegó a afectar al 60% de la población- y después al resto del país consiguió que la alarma fuera mundial de forma inmediata. La primera muerte se certificó en abril, mes en que se diagnosticaron los primeros casos en España. Surgieron las primeras estimaciones: el virus podría llegar a afectar a un tercio de la humanidad, según la OMS.

"Gran presión" por las vacunas

La psicosis estaba en la calle: en México se cerraron unos días los restaurantes para tratar de contener el brote; en Madrid, el miedo de los padres provocó la clausura de un instituto; en los aeropuertos eran habituales las cuarentenas para casos sospechosos. El 11 de junio, la OMS elevó la alerta por la gripe A al nivel de pandemia.

En paralelo a esta sucesión de hechos, discurría la cuestión de las vacunas. Los países se movieron con rapidez para hacerse con las dosis: las farmacéuticas no daban a basto, pese a producir diez millones por semana. Un caso excepcional fue el de Polonia, cuyo Gobierno rechazó adquirir vacunas porque los laboratorios no se responsabilizaban de los posibles efectos secundarios. Este país criticó la "gran presión" de las farmacéuticas a los gobiernos para que compraran vacunas.

Resulta imposible evaluar el número de afectados en el mundo por la gripe A, ya que sus efectos son tan leves en algunos casos que pueden llegar a ser imperceptibles. La OMS sí ha hecho oficial el número de muertos, que sitúa en algo más de 15.000. Solo en 2008, la malaria acabó con la vida de 863.000 personas en el mundo.

Una de las cabezas visibles de las críticas es el alemán Wolfgang Wodarg, médico, epidemiólogo y ex presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa. En sus declaraciones a los medios, Wodarg no duda en definir la situación creada como "uno de los mayores escándalos de la historia", un "montaje de proporciones gigantescas" con "un negocio de 13.200 millones de euros".

Sus argumentos se ven sustentados por una noticia publicada por el diario danés 'Información' a mediados de enero, según la cual un asesor de la OMS en materia de vacunas, Juhani Eskola, habría obtenido 6,3 millones de euros para su centro de investigación de la farmacéutica GlaxoSmithKline, que produce la vacuna de la gripe A Pandemrix. Anteriormente, este periódico ya había publicado que varios miembros del grupo de expertos de la OMS tenían lazos con la industria farmacéutica.

En España, un colectivo de médicos ha llegado a pedir el procesamiento de la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, y de los consejeros del ramo de las comunidades autónomas. Se trata del Equipo Cesca, al que pertenece Juan Gervas. Este médico ya recordaba en agosto, en un artículo en 'El País', el "gravísimo error de pronóstico" de la OMS con la gripe A, y destacaba que la incidencia de la enfermedad en el invierno austral había sido escasa. Cinco meses más tarde, y tras los acontecimientos vividos, reclamó el procesamiento de Jiménez por su "mal uso de los caudales públicos".

Desde la Universidad de Zaragoza, el profesor de Bioética Rogelio Altisent no llega a eso, pero sí que llamó a "despejar las dudas" creadas en la OMS. "Es muy importante la transparencia en los conflictos de intereses. Importantes funcionarios o expertos claves en las decisiones de la gripe A los han tenido, lo que genera una gran inquietud. Es algo que hay que aclarar", señala. Altisent, sin embargo, disculpa a Sanidad: "En verano, ya había evidencias de que la alarma creada era un poco exagerada. Pero, claro, enfrente estaba la OMS, con lo que yo comprendo la actuación del Ministerio", dice. Por último, el profesor de Medicina destaca también el "papel" jugado por los medios de comunicación: "Cada fallecimiento lo convertían en un titular. Los medios también tienen que hacer examen de conciencia", dice.

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