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Aragoneses atrapados en Egipto

Odisea en El Cairo con final feliz

26 estudiantes de la Facultad de Medicina llegaron ayer a Zaragoza tras dos días de obligado encierro _en el aeropuerto de El Cairo, mientras cuatro compañeros que prefirieron ir al hotel siguen pendientes de coger un vuelo de regreso.

Anselmo Sánchez, emocionado al abrazar a su hija Yolanda.
Odisea en El Cairo con final feliz
CARLOS MONCíN

Los dos días atrapados en el aeropuerto de El Cairo han terminado con final feliz, aunque los 30 estudiantes de Medicina de Zaragoza nunca olvidará su viaje de fin de curso. Ayer por la mañana un grupo padres esperaban nerviosos en la calle San Ignacio de Loyola, después de dos días de tensión, el autobús en el que venían sus hijos desde Madrid. «Hemos estado fatal, sin noticias, sin el teléfono, que no les iba a las criaturas», contaba Luisa Train, mientras miraba al final de la calle a ver si llegaban. «Mi hija Yolanda llamó el sábado a última hora de la tarde llorando», recordaba.

Ese llanto se convirtió en alegría por la noche cuando consiguieron billetes para un vuelo de Iberia. «No querían esperar para volver hoy, se hubieran ido a cualquier otro sitio si no hubiera habido plazas para Madrid», afirmaba. Junto a ella, Mª Jesús López de la Manzana aseguraba que su hija Virginia estaba asustada con las noticias que empezaban a llegarles al aeropuerto. La queja de todos era que nadie había ayudado a los jóvenes a salir del país pese al peligro. «La embajada les decía que no salieran del aeropuerto, pero luego que sí, que podían ir a descansar al hotel», criticaba Miguel Rodríguez sobre la información confusa que habían recibido.

Las caras tensas se relajaron al ver llegar el autobús. Al otro lado de los cristales, los rostros de sus hijos, agotados tras diez horas en camino, entre el avión y el autobús, y casi dos días atrapados en el aeropuerto. Volvían 26 jóvenes de los 30 que se fueron, con la pena de que cuatro compañeros que salieron del aeropuerto al hotel seguían allí junto a un grupo de españoles.

Yolanda Sánchez, estudiante de 23 años, fue la primera en bajar para lanzarse a los brazos de sus padres y romper a llorar. Su madre, Ana Díaz, había llegado con su marido en coche desde Logroño una hora antes, impaciente por ver terminado el viaje.

Los jóvenes todavía no se creían que estuvieran de vuelta a casa. «Hasta el último momento no sabíamos si nos íbamos o no», recordaba Yolanda. «Ayer nos dijeron que estaban saqueando los hoteles y sacando a los presos de las cárceles. Entonces nos abrazamos y empezamos a llorar», añadía su amiga Leticia Urbina.

En el recuerdo les quedan escenas de pánico vividas entre los pasajeros atrapados. Junto a los estudiantes había una veintena de españoles. «A una chica le dio un ataque de ansiedad en mitad del aeropuerto y pensaba que se iba a morir allí. Solo repetía que le dijeran si la iban a matar para llamar a su familia y despedirse», recordaba, nerviosa, Leticia.

Ellas no han llegado a ver disturbios en la calle porque el toque de queda las dejó bloqueadas en el aeropuerto tras volar desde Asuán (al sur del país) a El Cairo, después de cuatro días de crucero sin problemas por el Nilo. Sus padres sí estaban al tanto de todas las noticias sobre las revueltas en el país. «A ellas les decían que no pasaba nada por ir a los hoteles y no era así», se quejaba Anselmo Sánchez, que había seguido el conflicto día a día.

En taxi al hotel

Cuatro compañeros que decidieron salir en taxi del aeropuerto hacia el hotel no pudieron regresar con el grupo, y esperaban hacerlo hoy, después de dos noches de encierro en un hotel cercano a la terminal. «Yo también me animé a ir al hotel, pero todo el mundo empezó a llorar cuando dijeron que habían soltado a los presos», confesaba Juan Rodríguez, otro de los estudiantes. Finalmente se quedó. «No nos ha ayudado nadie y nos sentíamos inseguros en el aeropuerto», añadía junto a su padre Miguel. Ellos consiguieron los billetes, por los que han pagado 230 euros -«y hubiéramos pagado más», aseguraba-, pero solo después de insistir y con la ayuda de los empleados de Iberia, que «se portaron muy bien». La aerolínea les recolocó a los 26 que volvieron juntos ocupando incluso dos plazas en la cabina del piloto y los asientos de los auxiliares de vuelo. En el aeropuerto había largas filas para conseguir billetes a cualquier país y los precios llegaban hasta los 800 euros por billete. Se quejaba de que desde la embajada, con la que hablaron por teléfono, les repetían «que la situación era normal y que no tenían por qué hacer nada» para facilitarles la salida, solo esperar a su vuelo de hoy.

Desde la delegación del Gobierno afirmaban ayer que la embajada tuvo al menos tres conversaciones telefónicas con los jóvenes y que ayer por la mañana acudió un representante de la misma, aunque finalmente, no fue el embajador como se anunció en un primer momento. Negaba así que hubieran estado «abandonados» ya que habían permanecido en comunicación telefónica.

Alguna de las estudiantes le confesaba a sus padres que no se arrepentía de haber ido, por todo lo que habían visto durante el crucero por el Nilo. Eso sí, las pirámides y el Museo Egipcio tendrán que esperar.

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