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EE. UU.

Los republicanos rechazan la versión más conservadora de la reforma sanitaria

"Este es un momento único en la historia donde finalmente podemos alcanzar el objetivo que muchos de nosotros hemos estado buscando durante tanto tiempo", dijo esperanzado el senador demócrata Max Baucus, presidente del Comité de Finanzas del Senado, al presentar la propuesta de ley para reformar la sanidad en EEUU.

Pese a todas las concesiones, la propuesta llega sin ningún apoyo republicano.

Su inexplicable sentido de la victoria era compartido también por Kenneth Thorpe, un profesor de la Universidad de Emory que participase en las negociaciones de la frustrada reforma sanitaria de Bill Clinton. "Entonces nunca llegamos tan lejos como hoy. Este es el momento más importante de los últimos 16 años", proclamó.

La realidad es que la versión propuesta este miércoles supone el fracaso de meses de negociaciones de la llamada "banda de los seis", donde tres republicanos y tres demócratas del Comité de Finanzas han negociado incansablemente para poder presentar una propuesta bipartidista. Al final Baucus ha tenido que presentarla solo, todavía convencido de que el bipartido será posible cuando la semana que viene todo el comité vote la propuesta. "Es una ley equilibrada y de sentido común que puede pasar la votación del Senado", dijo Baucus. "Puede que no represente todas nuestras preferencias pero al final del día cumple el objetivo de hacer que la vida de los estadounidenses sea mañana mejor que hoy".

Con la ausencia de Ted Kennedy, los demócratas necesitan a todos sus senadores a bordo y al menos un republicano para blindar a la ley en el Senado. Todos los ojos están puestos en la republicana moderada de Main Olympia Snowe, a la que sus compañeros advierten que "sería muy, muy estúpido e ingenuo" por su parte, dijo el senador Jim DeMint, "si vendiese a todo el Comité" republicano, porque eso permitiría a los demócratas avanzar una propuesta que al final se fundiría con la que ya ha pasado en los comité de Sanidad, Educación, Trabajo y Pensiones, además de la de la Cámara Baja.

"Todo el mundo está rezando para que no lo haga", deseó el senador Orrin Hatch, viejo amigo de Kennedy.

Airados desertores

Entre los demócratas ya había airados desertores. "Obviamente no estoy muy feliz", dijo malhumorado el senador Jay Rockefeller.

"Creo que era predecible que el acuerdo bipartidista no iba a funcionar, y sin embargo nos hemos pasado casi todo un año con la mayor parte del Comité de Finanzas excluido, pese a que muchos de nosotros tenemos un largo historial en atención sanitaria y buenas ideas".

En la versión de 233 páginas presentada ayer el coste de un billón de dólares ha sido reducido a 856.000, se rechaza la cobertura de abortos con fondos públicos, se exige un sistema de verificación que impida a los emigrantes ilegales acceder a la cobertura sanitaria y se elimina la opción pública en favor de unas cooperativas de pacientes sin ánimo de lucro. Concesiones que para los conservadores siguen sin ser suficientes, menos ahora que las ideologías entrecruzadas con el debate sobre la reforma sanitaria han logrado destapar los sentimientos racistas.

El ex presidente Jimmy Carter se sumó a quienes piensan que la falta de respeto a Obama dentro de este debate responde a que "mucha gente blanca, no sólo en el sur sino en todo el país, cree que los afroamericanos no están cualificados para gobernar esta gran nación".

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