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Internacional

MARRUECOS

La transición que no llegó

El 23 de julio de 1999, el príncipe Sidi Mohamed anunciaba la muerte de su padre, Hasan II, la figura política que había gobernado Marruecos con mano de hierro durante casi 40 años. Horas después era coronado como Mohamed VI. La sucesión fue tranquila y la gran mayoría vio a este joven a punto de cumplir 36 años como el hombre que iba a convertir a Marruecos en una democracia. Diez años después, el país se ha modernizado pero la democratización sigue pendiente aunque con alguna que otra mejora, como la situación de las mujeres. "Marruecos no ha avanzado como creíamos algunos ingenuos, el país se ha vuelto hacia la tradición y no se ha puesto en sintonía con Europa", afirma el catedrático de la Universidad Autónoma Bernabé López García, uno de los mayores conocedores de Marruecos.

El reino marroquí, con más de 30 millones de habitantes, lleva décadas modernizándose y aunque ha conseguido una liberalización económica y la calidad de vida ha mejorado, muchas libertades siguen limitadas en esta monarquía donde el rey -y todo su entorno de palacio- no solo reina sino que gobierna junto a un Parlamento con poderes limitados elegido por una sociedad cada vez más apática con sus gobernantes y donde se perpetúa una clase política envejecida y enemiga de las reformas.

El hecho de que nada más llegar al trono se hiciera realidad un pacto de Gobierno, ideado por su padre, con los socialistas de la USPF -entonces la oposición-, alimentó las esperanzas de cambio pero el enquistamiento de la clase política evitó que las reformas introducidas por el monarca se consolidaran y todo quedó a medio hacer, como cuenta el periodista Ferrán Sales en su libro 'Mohamed VI: El príncipe que no quería ser rey'.

Pero el Marruecos del siglo XXI no es el mismo del de finales del XX. El mayor avance, como coinciden en señalar tanto el académico como el reportero, fue suavizar el autoritarismo de la Corona y mejorar la situación de la mujer. "Suprimir el harén en palacio en 2001 y la reforma del Código de Familia otorgó a las mujeres su mayoría de edad política", explica Sales. En su opinión, el rey se dejó influir por las mujeres de su entorno, "todas grandes feministas como su tía Lalla Aicha que en 1947 pidió la independencia de Marruecos con una falda y la cabeza descubierta, todo un desafío".

Por otra parte, el cambio de tratamiento hacia los Derechos Humanos fue otro hito del monarca con dos ejemplos. López destaca la puesta en marcha de la instancia de reconciliación, que indemniza a las víctimas del régimen de su padre pero no reconoce ninguna responsabilidad del Estado en esos crímenes. Sales resalta la trascendencia de que poco después de subir al trono hiciera caer al "ministro de todas las cosas", Dris Basri, el titular del Interior que había controlado en solitario la Policía, los servicios de espionaje, la prensa, las cárceles, acusado de gravísimas violaciones de los Derechos Humanos y cuya cabeza estaba exigiendo tanto la sociedad como la comunidad internacional. Basri tuvo que exiliarse pero la estructura de poder en torno a él permaneció.

A la espera de logros mayores, Mohamed VI podría pasar a la historia sobre todo por sus ausencias. "Los asuntos de Estado no le interesan. Hassan II fue un gran mezquino, negó a su pueblo la mayoría de edad política y a su hijo no le transmitió la erótica del poder e hizo de él un perfecto inútil", comenta Ferrán Sales, una situación que, a su juicio, se ha ido agravando y de ahí que una de sus máximas preocupaciones, según el periodista, sea "escaparse y convertir los viajes de Estado en vacaciones constantes".

Frente a un Hasan II protagonista indiscutible en la escena internacional de su época, Mohamed VI ni está ni se le espera en la escena internacional. El problema es que el Gobierno y los partidos no han llenado este vacío. Marruecos no es protagonista en el exterior y la comunidad internacional ha dejado hacer al joven monarca. Uno de los motivos es la dura política antiterrorista puesta en marcha sobre todo después de los atentados de Casablanca, en mayo de 2003, y otro el aval que Hasan II consiguió de EE. UU. para el reinado de su hijo. Sin embargo, el reto islamista sigue ahí.

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