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Internacional
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EN EL RECUERDO

Hace 40 años terminaba la primavera en Praga

Hace 40 años, la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, las tropas de la entonces URSS y cuatro de sus aliados del Pacto de Varsovia aplastaban la "Primavera de Praga" en un baño de sangre y ante la indiferencia casi total de Occidente, ocupado con sus propias revueltas. La invasión, que quería eliminar el germen del "socialismo de rostro humano" del número uno del Partido Comunista checoslovaco, Alexander Dubcek, aplicaba la doctrina soviética de la "soberanía limitada" que Moscú otorgaba a sus satélites de Europa del Este.

Querella entre facciones comunistas para unos, brecha en el bloque soviético que vaticinaba su derrumbe de 1989 para otros, la "Primavera de Praga" veía cómo el PC checoslovaco, en el poder desde 1948, impulsaba reformas, tímidas pero inéditas en ese país.

"La aurora de una revolución democrática estaba en el aire. Pero la lógica de la Guerra Fría impidió que esa revuelta fuera exitosa", resume 40 años después el historiador Vilem Precan.

"Si la ocupación no hubiera tenido lugar, Checoslovaquia se habría transformado en una democracia parlamentaria al cabo de algunos años", estima el ex disidente Petr Uhl. Aplastada en agosto, la "Primavera de Praga" había comenzado en realidad en enero de 1968, tras la elección al frente del Partido Comunista del eslovaco Alexander Dubcek (1921-92) en reemplazo de Antonin Novotny (1904-1975), 'aparachik' impopular vinculado al periodo estalinista. La nueva dirección del Partido procedió entonces a una refundación económica prudente. Pero el levantamiento de la censura provocaría rápidamente una liberalización sin precedentes de la prensa y de las actividades culturales.

En ese nuevo contexto aparecieron organizaciones no comunistas como el "K231", formado por ex presos políticos, o el "Club de los Sin Partido Comprometidos" (KAN), un "germen de partido de oposición", según Oldrich Tuma, director del Instituto de Historia Contemporánea de la Academia de Ciencias.

Alarma

Las señales de alarma se encendieron en el Kremlin, preocupado por conservar el control de un vasallo de estratégica posición entre Alemania occidental y la URSS. "Si el sistema comunista se abre y renuncia a la represión y al control de la prensa o de los movimientos, como en Checoslovaquia en 1968, el proceso ya no puede ser detenido por sus iniciadores", destaca Tuma.

Dentro del país, el "socialismo de rostro humano" de Dubcek enfrenta la oposición de los "ortodoxos" liderados por Vasil Bilak, otro eslovaco. El 3 de agosto de 1968, el líder soviético Leónidas Breznev expone ante los dirigentes de los "partidos hermanos" de Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Polonia y Alemania del Este reunidos en Bratislava (actual capital de Eslovaquia) su doctrina de la soberanía limitada. Según los historiadores, en esa reunión Bilak deslizó en el bolsillo del número uno soviético una "carta de invitación" a Moscú para frenar a los reformistas "por todos los medios".ç

Menos de tres semanas más tarde, unas treinta divisiones soviéticas, apoyadas por unidades búlgaras, húngaras, polacas y de Alemania del Este invadían Checoslovaquia; la ocupación duraría más de 20 años, hasta la "Revolución de Terciopelo" de 1989, versión local del derrumbe del bloque comunista.

Entre el 21 de agosto y fines de diciembre de 1968 murieron 108 personas y unas 500 resultaron gravemente heridas por las tropas ocupantes, según el Instituto Checo de Estudios de Regímenes Totalitarios. Absorbidos por la guerra de Vietnam y sus propios movimientos contestatarios, Estados Unidos y sus aliados occidentales se limitaron a protestas simbólicas.

Alexander Dubcek, apartado del poder en abril de 1969, fue reducido al silencio. El nuevo hombre de Moscú en Praga, Gustav Husak, lanzaría la "normalización" a golpe de juicios políticos. La nación se resignó, a pesar del sacrificio de Jan Palach, el estudiante que se inmoló con fuego en enero de 1969 con la esperanza de despertar las conciencias.

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