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El último faraón

Después de tres décadas en el poder, Mubarak, de 82 años, se ha visto obligado a dimitir ante la presión popular. Acaba un régimen iniciado en 1952 .

Hosni Mubarak
El último faraón
KHALED DESOUKI/AFP

Intentó resistir en el poder, pero la presión popular lo superó. El presidente egipcio Hosni Mubarak renunció ayer, tras tres semanas de protestas masivas, poniendo fin a casi 30 años en el gobierno. Fue el colofón del régimen iniciado en 1952 por la revolución de los coroneles, que acabó con la monarquía y se mantuvo en el poder durante casi 60 años con solo tres mandatarios: Gamal Abdel Nasser, Anwar el Sadat y Mubarak.

El presidente saliente ocupó un papel clave entre los dirigentes de los países árabes. Mubarak, al mantener buenas relaciones tanto con Israel como con Estados Unidos, era hasta cierto punto el garante de la paz en Cercano Oriente. Hijo de un funcionario estatal, ingresó en la política a partir de su carrera militar. Fue vicepresidente de Anwar el Sadat y ascendió automáticamente a la jefatura de Estado cuando este fue asesinado en 1981 a manos de islamistas radicales. Hosni Mubarak logró sostener el tratado de paz firmado por su antecesor con Israel sin perder por ello el liderazgo en el mundo árabe.

Con su política exterior basada en equilibrios y su mano dura contra los grupos musulmanes radicales dentro del país, que en los años noventa asesinaron a turistas extranjeros y funcionarios, logró un amplio apoyo de Occidente. En 1991 defendió la guerra para expulsar a los iraquíes que habían invadido Kuwait, pero en 2003 intentó disuadir a EE. UU. de lanzar una nueva guerra contra Iraq. Occidente vio en el presidente a un pilar decisivo para la estabilidad en Oriente Próximo. Y así, Egipto logró apoyo económico y financiero. Pero Occidente calló respecto a las violaciones de derechos humanos en el país.

Los críticos acusaban a Mubarak de preparar a su hijo Gamal para la sucesión y de querer crear así una dinastía de gobernantes. Buscando legitimar el ascenso de Gamal, permitió elecciones legislativas con participación de opositores en 2005. Pero el éxito de los Hermanos Musulmanes en la primera ronda llevó al régimen a volver a controlar las elecciones. La caída del Gobierno de Túnez fue el detonante del estallido en la tierra de los faraones. Y aunque Mubarak anunció que ni él ni su hijo se presentarían a las elecciones de septiembre, era demasiado tarde.

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