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Xi Jinping advierte a Biden de que "los que juegan con el fuego morirán en él"

Los presidentes de China y EE UU abren una "línea de comunicación", pero mantienen la tensión por la polémica sobre Taiwán.

Joe Biden.
Joe Biden.
JIM LO SCALZO

En medio de la escalada de tensiones por Taiwán, el presidente Joe Biden, y su homologo chino, Xi Jinping, mantuvieron este jueves una extensa conversación telefónica en un intento de Washington por enderezar, de nuevo, el rumbo de la difícil relación entre ambos países.

La quinta conversación entre los mandatarios, de dos horas y 17 minutos de duración, se centró en asegurar que las necesarias "líneas de comunicación" sigan abiertas cuando las crecientes tensiones económicas y geopolíticas dejan pocas expectativas al logro de avances reales en cooperación económica y cambio climático.

Las relaciones están en su punto más peligroso en décadas, ante la creciente actividad militar en la región que según un reciente informe incluye movimientos de un grupo de ataque estadounidense y el vuelo de un dron armado chino sobre el Este de Taiwán cuando la isla iniciaba sus ejercicios anuales de defensa.

Una complicada relación marcada por las profundas diferencias sobre temas de salud global, política económica y derechos humanos, a la que se añade la negativa de China a condenar la invasión rusa en Ucrania.

Ambos líderes conversaron de varios temas, incluidas áreas de posible cooperación en un campo minado de relaciones bilaterales que incluyen disputas de propiedad intelectual, la campaña mundial de espionaje de Pekín y la agresiva militarización del mar de China Meridional.

Washington ha sido muy crítico con la política china de 'cero covid', que incluye pruebas y encierros masivos de la población para contener la propagación de covid-19 en su territorio, así como con el genocidio a los musulmanes uigures.

Por su parte el Gobierno chino, que calificó la conversación de "productiva", no escatimó sus reproches a Washington y a través del Ministerio de Exteriores emitió una severa advertencia sobre la posible visita de una delegación del Congreso a Taiwán, dirigida por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a la que Pekín ha objetado con ferocidad y que en las últimas semanas ha coronado la última escalada de tensión entre ambos países.

"Los que juegan con fuego morirán en él", señaló Xi, que volvió a recordar a Biden que China se opone "firmemente" a la "interferencia de fuerzas externas" en lo referente al estatus de Taiwán. El régimen de Pekín avisó de que "nunca dejará ninguna clase de espacio a las fuerzas independentistas de Taiwán", algo que se espera Washington pueda "ver con claridad".

Xi, que considera la posible visita una provocación y una señal de apoyo tácito de EE. UU. al movimiento independentista en Taiwán, advirtió que, de producirse lo que considera una amenaza existencial para la soberanía china, responderá con contundentes medidas para contrarrestarlo. 

En las ultimas semanas la Casa Blanca ha tratado de restar importancia al controvertido viaje, calificando las amenazas de retórica "inútil e innecesaria" que ha causado "mucho alboroto" sobre un viaje que aún no es oficial.

Además de enfurecer a Pekín, el controvertido viaje ha recibido una amplia atención en la prensa ya que ha constreñido las relaciones entre Pelosi y la Casa Blanca, que no necesita añadir más fricción a su larga lista de tensiones con China. La semana pasada Biden señaló a los periodistas que los oficiales militares no creen que la visita sea "una buena idea" en este momento.

Por ahora, el viaje no se encuentra en el itinerario oficial del viaje a Asia a principios de agosto, que incluye a Japón, Singapur e Indonesia. Presionada por los reporteros sobre una posible parada en Taiwán, Pelosi señaló el miércoles que no habla sobre sus planes porque hacerlo representa un riesgo para la seguridad. De producirse, Pelosi sería la funcionaria pública estadounidense de más alto rango en viajar a la isla desde 1997, cuando el republicano Newt Gingrich acudió como presidente de la Cámara.

La conversación con Pekín tiene lugar mientras Biden trata de reducir la dependencia económica de China y devolver a casa parte del sector de la fabricación industrial, con especial énfasis en la industria de los semiconductores, que EE UU ha descuidado en las ultimas décadas y que ahora presenta un riesgo para la economía nacional. El jefe de la Casa Blanca, no obstante, sopesa relajar algunos de los aranceles sobre productos chinos de la era Trump para aliviar el impacto de la inflación vertiginosa en la economía doméstica.

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