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El pueblo de Ucrania contra Vadim Shishimarin

Kiev organiza el primer juicio contra un soldado ruso acusado de matar a un civil de 62 años que estaba desarmado.

Soldados del ejército ruso.
Soldados del ejército ruso.
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El frente de guerra se ha trasladado al este y al sur de Ucrania, pero en el norte de Kiev la herida dejada por los combates aún sangra y el Gobierno de Volodímir Zelenski reclama justicia por los abusos cometidos por los rusos. Equipos forenses locales e internacionales llegados del Reino Unido, Países Bajos o Francia trabajan en la identificación de cuerpos en ciudades como Bucha e Irpín, mientras un mes y medio después de que callaran las armas cada día hay funerales en sus cementerios. Las autoridades acusan a Moscú de cometer crímenes de guerra y dan dos pasos adelante al anunciar el primer juicio contra un soldado del Kremlin y conseguir que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adopte una resolución para iniciar investigaciones.

Estos procesos suelen ser largos y la oficina de la fiscal general, Iryna Venediktova, adelantó este jueves que todo está listo para poner en marcha el proceso contra Vadim Shishimarin, de 21 años, acusado de matar a un civil desarmado de 62 años, a quien disparó desde la ventana de su vehículo en el frente norte de Kiev. Los hechos ocurrieron el 28 de febrero cuando Shishimarin y otros cuatro compañeros robaron un coche en las afueras del de Chupakhivka, según indicó el comunicado de la Fiscalía. Desde ese vehículo el joven militar ruso habría disparado al ciudadano, que fue abatido a solo unos metros de su casa. Se enfrenta a una pena de cadena perpetua. La oficina de Venediktova ha recibido informes de más de 10.000 presuntos crímenes de guerra, con 622 sospechosos identificados.

En la morgue de Bucha, localidad al norte de Kiev tristemente famosa por los cuerpos que aparecieron tirados en sus calles tras la liberación, los familiares hacen cola. Esperan su turno para identificar a sus seres queridos y llevarlos luego al cementerio para celebrar un entierro.

Los cadáveres se conservan en grandes camiones frigoríficos aparcados en la parte trasera.

Ludmila, de 55 años, aguarda a que los equipos forenses le entreguen a su hijo. Cuando estalló la guerra salió del país en busca de refugio a la República Checa y acaba de regresar a Bucha. «Danilo tenía 35 años y le mataron de un disparo justo un día antes de la retirada. Los vecinos le enterraron en el jardín, pero luego la Policía exhumó su cuerpo y lo trajeron al depósito», cuenta la madre con entereza. En su mano lleva un documento oficial sobre la muerte de Danilo, el fallecido número 346, según el recuento de las autoridades.

Gracias a Telegram

Esta familia, como casi todas, ha conseguido localizar a los suyos gracias a canales de Telegram especialmente abiertos para compartir información sobre desaparecidos. Les enviaron fotografías del cuerpo y contactaron con la Policía para confirmar que se trataba de la persona que buscaban.

Después de una espera de una hora, los forenses dan permiso a Ludmila para acudir al camión frigorífico. Cuando se abre la puerta un hedor a cuerpos putrefactos se apodera de la zona y el operario se tapa boca y nariz con la mano. Ludmila permanece firme. La cremallera de la bolsa 346 se desliza y la madre se asoma.

-«Da» (sí)-, es todo lo que dice.

Suena de nuevo la cremallera y en un minuto el cuerpo del joven ya está en un ataúd camino del cementerio. La municipalidad de Bucha corre con todos los gastos del sepelio.

Sasha, de 57 años, también espera a que le entreguen los restos de su hermano mayor, Sergéi. «Su casa fue alcanzada por un proyectil y quedó destrozado. Los rusos llevaron su cuerpo y el de otros vecinos a un bosque próximo y allí los encontramos. Solo le he podido reconocer por un tatuaje en un brazo, nada más», cuenta Sasha, quien quiere acabar con los trámites lo antes posible para poder hacer el funeral y tranquilizar a su madre, de 85 años. «Ahora ya se ha hecho a la idea de que ha muerto, pero nunca le diré el estado en el que se encuentra el cuerpo», afirma entre cigarro y cigarro.

Fuera de la morgue Bucha da una imagen de aparente normalidad. Se han retirado las decenas de esqueletos de tanques y blindados calcinados de las proximidades de la estación y en la calle Yablonska los vecinos caminan por las aceras en las que la ocupación dejó decenas de cuerpos tirados. La vida vuelve, pero Ucrania no olvida y pide justicia.

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