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Macron, obligado a reconciliarse con los franceses

El presidente sabe que muchos votantes le apoyaron para evitar un 'mal mayor' y que deberá cambiar de rumbo para combatir la fractura nacional.

El presidente francés, Emmanuel Macron.
El presidente francés, Emmanuel Macron.
EP

"A partir de ahora ya no soy el candidato de un bando político, sino el presidente de todos los franceses", afirmaba Macron la noche electoral en un primer discurso de celebración moderada. Porque sí, fue reelegido como presidente de la V República (algo inédito en dos décadas) y se impuso de forma clara a su oponente. Pero el mandatario galo es consciente desde el primer momento que muchos ciudadanos le entregaron su voto para evitar un 'mal mayor'. Lo que tampoco evitó un ascenso de la ultraderecha que le sitúa ante un escenario político que le resultará complejo de manejar.

Macron tendrá que reconciliar a los franceses en este segundo mandato. Porque estas presidenciales han evidenciado una notable fractura. Unos 18,7 millones de electores le respaldaron. Pero los 13,2 millones que se inclinaron por Marine Le Pen exigen un nuevo rumbo. Y algo más si se tienen en cuenta a los 13,6 millones de galos que se abstuvieron; o los 2,2 millones que votaron en blanco -también se contabilizaron 800.000 papeletas nulas-. Descontento ingente.

Respecto a los comicios de hace cinco años, Macron ha perdido dos millones de votos y Le Pen ha conseguido 2,6 millones más. La extrema derecha nunca ha sido tan fuerte en Francia. Se insiste. Las urnas muestran la existencia de un país más fracturado que nunca: entre ricos y pobres, entre distintas generaciones, entre diplomados y los que no lo son, y entre los que viven en grandes ciudades y en el resto del país.

A grandes rasgos, a Macron le han votado los jubilados, los directivos, los diplomados universitarios y los franceses con ingresos más altos. Le Pen ha conquistado el voto de los adultos de mediana edad, los empleados, los obreros y de los franceses con menos estudios y con menos ingresos. También conquistó las poblaciones más pequeñas. A Macron le han votado sobre todo en las grandes ciudades -por ejemplo, en París consiguió un 85,1% de los votos-. Geográficamente se ha impuesto en el oeste, el suroeste y en el este. Mientras que su rival, de los votos a nivel nacional, sumó más en el norte, en el sur, en Córcega y en los territorios de ultramar.

Nuevo panorama político

El panorama político también ha cambiado. Los grandes partidos tradicionales, Los Republicanos y el Partido Socialista, nunca han estado tan débiles. Y los franceses jamás han votado tanto por partidos extremistas, ya sea de izquierdas o de derechas, en unas presidenciales. Macron, que tiene fama de ser arrogante y autoritario entre muchos votantes, deberá tratar de ser más conciliador en este segundo mandato. Para ello deberá convencer a los franceses de que "con vosotros" es algo más que un eslogan electoral y poner más el acento en cuestiones sociales y medioambientales.

También deberá abordar la cuestión de la pérdida del poder adquisitivo y de los problemas de los franceses para llegar a fin de mes, los temas que más preocupaban a sus conciudadanos en estos comicios, según los sondeos. Le Pen logró más votos que en 2017, en parte, gracias a que centró su campaña en esas problemáticas, en vez de hablar de inmigración y seguridad ciudadana, dos temas clásicos de la extrema derecha que dejó al ultra Éric Zemmour.

Macron debe también que tener en cuenta que el 42% de los que le han apoyado en la segunda vuelta lo han hecho para impedir que la extrema derecha llegue al poder, mientras que el 58% lo hicieron porque consideran ante todo que será un buen presidente, según un sondeo de Ipsos-Sopra Steria publicado el domingo.

El mandatario debe evitar que las protestas vuelvan a poner en jaque su presidencia, como ya ocurrió en su primer mandato con los 'chalecos amarillos'. Los franceses no son, sin embargo, muy optimistas al respecto. Casi ocho de cada diez (77%) esperan "problemas y tensiones en el país en los próximos meses", según el mismo sondeo. Si Macron pensaba que la calle le iba a dar tregua estaba equivocado. El segundo mandato probablemente será tan movido como el primero.

Legislativas de junio

Deberá también preparar su estrategia de cara a las legislativas de junio. Dos meses después de las presidenciales, los votantes volverán a las urnas para elegir a los 577 diputados de la Asamblea Nacional. Generalmente, las legislativas suelen dar al presidente recién elegido una mayoría en la Cámara baja. Pero en esta ocasión está por ver si consigue mantener los 269 diputados con los que cuenta actualmente.

El candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, que quedó tercero en la primera vuelta, plantea las legislativas de junio como "una tercera vuelta" contra Macron. Aboga por una unión de las izquierdas para los comicios y sueña ya con ser primer ministro.

En la disección del voto de la izquierda se detectan movimientos que sorprenden. El 24% de los franceses que en la primera vuelta apostaron por Mélenchon se abstuvieron en la cita del domingo. Otro 17% votó en blanco o nulo. Y (aquí lo llamativo) el 17% entregó la papeleta a Le Pen, lo que le supuso añadir cuatro puntos porcentuales a su cómputo global -como referencia, los del ultraderechista Éric Zemmour le aportaron cinco-.

Macron ha entrado en el selecto club de presidentes elegidos para un segundo mandato consecutivo. El último en lograrlo fue Jacques Chirac hace veinte años. El diario 'Le Figaro' recordaba este lunes en un editorial que los tres segundos mandatos de la V República (Charles de Gaulle en 1965, François Mitterrand en 1988 y Jacques Chirac en 2002) "terminaron mal". Habrá que esperar para ver cómo finaliza esta nueva era.

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