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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

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80 aniversario del día de la infamia en Pearl Harbor

El 7 de diciembre de 1941 la Armada japonesa infligió una dura humillación a EE UU con el sorpresivo ataque a Pearl Harbor

Ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.
Ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.
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Fue visto y no visto. Precedidos por los ecos lejanos de un zumbido atronador, más de 350 aviones japoneses atacaron sin piedad la base estadounidense de Pearl Harbor, afincada en la isla de Oahu (Hawái). En una hora y 15 minutos, 354 cazas y bombarderos nipones hicieron añicos ocho barcos de la Armada estadounidense y 188 aviones. Los cerca de 2.500 americanos que perecieron en el desastre fueron la espoleta definitiva para que EE UU entrara de hoz y coz en la II Guerra Mundial. La agresión japonesa a la base naval yanqui del Pacífico acaeció un 7 de diciembre de 1941, una fecha fatídica de la que este martes se cumplen 80 años. Hasta ese momento Washington permanecía neutral en el conflicto. "El 7 de diciembre de 1941 será una fecha que vivirá en la infamia", sentenció el presidente Roosevelt.

El honor de EE UU se arrastró por los suelos. Por primera vez, un Estado que se había creído invulnerable por aire, mar y tierra sufría una humillación en su propio territorio. Con los atentados del 11 de septiembre de 2001 el país recordó otra vez la pesadilla de Pearl Harbor. Esta vez se derrumbaban las Torres Gemelas, símbolo del poder financiero de EE UU.

Sin duda fue una tragedia para el país de las barras y estrellas. Pero no menos oprobiosa fue la suerte que corrieron 130.000 estadounidenses de ascendencia japonesa que fueron internados en campos de concentración por orden de Washington. Una de las decisiones que sigue siendo una mancha en la reputación de EE UU. Sin la irrupción americana en la contienda mundial no se comprende el curso de la guerra. La entrada en escena de los estadounidenses condujo a que se pasearan victoriosos por la Italia fascista, liberaran París y se adueñaran del control de un Berlín despiezado. Pero lo que empezó con una masacre en una base remota de Hawái terminó con otra masacre muchísimo mayor. El horror del hongo nuclear de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki fulminó la vida de 200.000 personas. Japón se rindió sin condiciones.

Gestado durante meses en el más alto secreto, el Imperio del Sol Naciente perseguía con la ofensiva relámpago abortar una intervención de Estados Unidos en el sureste asiático, rico en recursos. Sobre todo, los japoneses pretendían que Washington no se entrometiera en la guerra que los nipones mantenían contra China, en la que Washington apoyaba al gobierno nacionalista chino.

Paradojas de la historia, las antiguas potencias enemigas son ahora aliadas. Hace cinco años, el ex primer ministro de Japón Shinzo Abe visitó Pearl Harbor, en lo que fue un acto de reconciliación en toda regla. Hoy Japón es uno de los países más proamericanos del mundo. No en balde, los asiáticos incrementarán su contribución económica para que las tropas estadounidenses permanezcan en su territorio a partir de 2022. Ahora el adversario común es China.

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