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Análisis

Los talibanes y el futuro incierto de Afganistán

Amenazado por los talibanes, Abdul Naser Noorzad llegó a Zaragoza el pasado 29 de agosto, con su mujer, sus cuatro hijos y sus tres hermanos pequeños. Licenciado en Filología Hispánica y Máster en Relaciones Internacionales, trabajó entre 2008 y 2010 como traductor para periodistas y militares españoles en Afganistán, su país de origen. Ante el reto de afrontar una nueva vida, reflexiona sobre el futuro del pueblo afgano.

Niñas afganas en una escuela de primaria en Kabul
Niñas afganas en una escuela de primaria en Kabul
Reuters

Las potencias regionales y mundiales entregaron Afganistán a los talibanes. Esta decisión ha sido el resultado del fallo de seguridad de Estados Unidos y Europa. Estados Unidos se retiró y fue reemplazado por Pakistán. El lema era que los talibanes habían ‘cambiado’. En los círculos extranjeros, Pakistán había logrado que todo el mundo codiciara que los talibanes habían ‘cambiado’. En la sociedad y en los círculos políticos afganos, los talibanes habían ‘cambiado’. La mayoría de los propagandistas nacionales, personas hastiadas de la guerra y activistas étnicos pro talibanes, dijeron que los talibanes habían ‘cambiado’, pero ninguno de esos círculos sabía que, de hecho, se habían ‘cambiado’ a sí mismos y deseaban que los talibanes hubieran ‘cambiado. Ahora se demuestra que todas las expectativas y analogías eran erróneas. Los talibanes se han vuelto más duros y han aumentado sus capacidades militares; en cambio, su legitimidad como fuerza afgana se ha debilitado más que nunca.

Al mirar la lista de nombres del nuevo Gobierno interino talibán, cualquiera sabe que se trata, en su totalidad, de un grupo de mulàs. Los talibanes hicieron pública esa lista con 33 primeros ministros en funciones, jefes de ministerios, directores generales y nombramientos ministeriales. La propuesta ha despertado optimismo y preocupación. También a nivel internacional ha provocado reacciones de cautela. China y Pakistán la han acogido con satisfacción, pero Estados Unidos y la Unión Europea han expresado su preocupación.

La secta se enfrenta ahora a dos fronteras importantes e invencibles con el pueblo afgano: la frontera de la guerra y la expansión de una comunidad de millones de personas que ha ‘cambiado’ y que los talibanes intentan desesperadamente encerrar en el mismo ataúd. ¿Quién perderá esta batalla con tantas facetas: los talibanes o el pueblo afgano? ¿Puede Pakistán, con 10.000 paquistaníes más, mantener este yugo negro en el cuello de unas personas sedientas de civilización, justicia, progreso y por preservar los ideales de la familia humana?

Nadie se atreve a planificar nada

Después de la conquista de Kabul por los talibanes, la vida cotidiana de la población se vio interrumpida. Han pasado poco más de un mes desde la captura de Kabul, pero la gente sigue muy preocupada por su futuro y nadie se atreve a planificar nada ante tal situación. El trabajo está paralizado. Sin embargo, los bancos y las oficinas de cambio han comenzado a ofrecer servicios; aunque el problema monetario del pueblo sigue sin resolverse. El sistema educativo está semicerrado y existen serias ambigüedades al respecto.

Muchos gremios no saben si pueden trabajar o no. Por ejemplo, se desconoce el destino de los peluqueros. No saben si se les permitirá seguir trabajando en las nuevas condiciones. Los gimnasios de mujeres, que también tienen instructoras y entrenadoras, aún no saben si podrán abrir. Algunas inversiones también están en el aire; quienes han invertido en ropa para hombres y mujeres –pantalones, cintas y artículos para la cabeza– esperan que muchas cuestiones en torno a la vestimenta se definan con prontitud.

La manera de cubrirse de hombres y mujeres afganos ha sido siempre la tradicional islámica, pues la sociedad de Afganistán, más que cualquier otra, se adhiere a las enseñanzas islámicas y a la tradición. Dada la difícil situación que vivieron las mujeres durante la era de los talibanes, a la gente le preocupa ahora que esas condiciones tan duras se repitan para la mitad de la población. Esperan que los talibanes no tengan problemas con la vestimenta islámica que venían utilizando hasta ahora las mujeres. En este momento, hay decenas de millones de dólares invertidos en una ropa que no se vende en el mercado, y esta situación amenaza con enviar a estos comerciantes y tenderos a la quiebra, lo que supondría un fuerte golpe económico para el grueso de la sociedad afgana. ¿Existe un plan para compensar a estos comerciantes?

lamentable situación de las mujeres

Especial atención merece el tema del trabajo de las mujeres. Lamentablemente, las guerras de las últimas cuatro décadas han dejado muchas viudas y huérfanos, que ahora son como intrusos en sus familias. Algunas de estas mujeres trabajaban en oficinas gubernamentales o privadas y otras en el mercado, pero ahora no tienen hogar y no pueden mantener a sus familias. Si a las mujeres no se les permite trabajar, estas familias tendrán dificultades incluso para comer y se verán obligadas a unirse a los mendigos de esta populosa ciudad. En los mercados y bazares, algunos comercios eran atendidos por mujeres, pero ahora sus tiendas están cerradas y les resulta difícil comer. Si se retrasa la formación y el anuncio de un Gobierno, al menos los líderes talibanes deberían asegurar a toda la comunidad que van a poder proporcionar pan a sus hijos, como antes, y evitar que pasen hambre.

Educación: confusión e incertidumbre

Tras permanecer cerradas durante días, algunas escuelas, en su mayoría privadas, han comenzado a funcionar, pero no para las niñas de 6º a 12º grado. Si bien algunas universidades han comenzado sus cursos, siguiendo lo que se denominan ‘pautas de separación’ para niños y niñas, no se dice nada sobre los nuevos cursos para los recién llegados a las universidades. Esta situación sigue creando confusión e incertidumbre. Nadie sabe si a las niñas por encima de 6º curso se les ofrecerá un grado o no. Si la enseñanza no está permitida para este grupo, ¿cómo se cubrirá la brecha entre el sexto curso y el ingreso en la universidad?

El tiempo pasa y cada vez es más difícil recuperarlo, incluso imposible. El tiempo no se detiene y las oportunidades se pierden segundo a segundo. Es necesario que los talibanes respondan ante la opinión pública, lo antes posible, y aborden estas cuestiones.

la cuestión financiera

 Después de la caída de Kabul, los bancos cerraron. En los últimos días del Gobierno de Ashraf Ghani, la gente irrumpió en las entidades bancarias y saqueó sus depósitos y ahorros. Algunos que no tuvieron éxito, y ahora luchan por sacar su dinero y todos los días hay largas colas frente a los bancos. Si esta tendencia continúa y la gente no confía en la seguridad de sus depósitos y ahorros, los bancos se enfrentarán a serios problemas, lo que conducirá al colapso del sistema bancario del país y con él a una crisis financiera y económica. Para prevenir esta posible crisis, los líderes talibanes deben encontrar fórmulas para tranquilizar a la gente. El nuestro es un país pobre y no tiene capacidad para otra crisis económica y financiera.

Un miembro de seguridad talibán vigila la fila de personas frente al Banco Azizi de Kabul, en Afganistán
Un miembro de seguridad talibán vigila la fila de personas frente al Banco Azizi de Kabul, en Afganistán
Reuters

Unos días después de la caída de Kabul en manos de los talibanes, viajé con un cambista en mi coche. Estaba muy preocupado por la situación y me dijo que no quedaba mucho dinero en las casas de cambio. Gran parte del efectivo de los cambistas había sido aportado por el pueblo afgano que, tras la caída del Gobierno, retiró sus préstamos. Las remesas de los cambistas están ahora en entredicho porque no tienen dinero en sus oficinas. Esto ha suscitado serias preocupaciones y los líderes talibanes deben elaborar planes serios y prácticos para tranquilizar a la población.

Una administración paralizada

Desde hace semanas, no se prestan servicios gubernamentales a la población. Aunque varios departamentos han comenzado a trabajar a tiempo parcial, las oficinas más importantes y necesarias están cerradas y sus empleados se sienten preocupados e infelices. Al menos algunos departamentos esenciales deberían comenzar a operar normalmente, sin pérdida de tiempo, como por ejemplo la Oficina Nacional de Estadística y la Oficina de Pasaportes: algunos afganos no tienen tarjetas de identificación, ni impresas ni electrónicas, y no es posible obtener un pasaporte sin una tarjeta de identificación. Obtenerlo es imprescindible para algunas personas que reciben tratamiento médico continuado en países como India y Pakistán. Es necesario un plan inmediato para reabrir las fronteras y reanudar los vuelos.

El sistema de salud del país no puede responder frente a algunas enfermedades y la gente tiene que desplazarse a los países vecinos si quiere recibir tratamiento. Este traslado de pacientes a países vecinos por razones médicas no podrá hacerse a menos que las oficinas de identificación y pasaportes reanuden inmediatamente sus actividades normales. Esta situación ha puesto en grave peligro la salud de la comunidad y la vida de muchos pacientes.

Las oficinas sectoriales también están inactivas o tienen actividades limitadas. Si las actividades normales de estos departamentos no se reanudan de inmediato, se sumarán nuevos problemas económicos para el futuro Gobierno y el pueblo de Afganistán. Por ejemplo, hasta ahora, el Ministerio de Agricultura no se ha activado completamente y sus delegaciones no prestan servicio en las provincias. La paralización de estos departamentos ocasiona graves daños a la agricultura de un país que depende de este sector y compensarlos supondrá costes financieros muy elevados.

También hay que tener en cuenta al sector industrial y se deben diseñar e implementar planes inmediatos para que pueda continuar sus actividades.

El destino de los funcionarios

Algunos empleados varones de las oficinas gubernamentales aún se encuentran en sus casas y otros, que van a las oficinas y trabajan, no saben nada sobre cómo quedarán sus sueldos. Debido a los bajos salarios que estos empleados recibían del Gobierno anterior, no tienen ahorros y, por lo tanto, la actual situación les ha causado serios problemas financieros.

Un gran porcentaje de empleados gubernamentales eran mujeres. En este momento, todas ellas están desempleadas y sin hogar. Dado que algunas de estas mujeres son las únicas que mantienen a sus familias, se enfrentan al problema de no tener para comer y no poder hacer frente a sus necesidades. Los talibanes deben aclarar su futuro lo antes posible.

También las mujeres del sector privado miran hacia el futuro con preocupación y miedo. Algunas eran propietarias de empresas agrícolas, artesanales y alimentarias, y ahora están en el limbo. Aclarar su situación es una necesidad, sin duda, muy urgente.

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