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Internacional

¿Es contagioso el 'brexit'?

La compleja escisión británica contiene otros seísmos similares, aunque desde países como Noruega ya se pide revisar los acuerdos.

Boris Johnson y Ursula von der Leyen anunciaron este jueves el acuerdo de ruptura
Boris Johnson y Ursula von der Leyen anunciaron este jueves el acuerdo de ruptura
HA

Los 47 años de permanencia de Reino Unido en la UE ya son una etapa histórica más. El acuerdo trenzado en la última semana, con una negociación de vértigo que culminaba en torno a las 15.00 horas del día de Nochebuena y que toma cuerpo en alrededor de un millar de folios con un sinfín de detalles técnicos (los últimos en incorporarse, ligados a esos cinco años y medio de moratoria para el acceso de la flota europea a los caladeros británicos), ya corre contra el crono para completar un proceso de tramitación que culminará avanzado el mes de enero. Esto es, con retraso respecto al momento fijado para la desconexión definitiva, las 23.00 horas (GMT) del próximo jueves día 31.

Tras el anuncio oficial de Boris Johnson y Ursula von der Leyen, el acuerdo se llevó a la mesa del Colegio de Comisarios (una suerte de Consejo de Ministros de la Comisión Europea) y a la del Coreper, el órgano que reúne a los embajadores permanentes de los Veintisiete en Bruselas. La presidencia alemana renunciaba primero el jueves a una convocatoria de urgencia, pidiendo a los altos diplomáticos europeos "que estén disponibles durante el periodo navideño". Horas después fijaba el encuentro para las 10.30 del día de Navidad. Los embajadores, en cualquier caso, ya conocían para entonces gran parte de su contenido, lo que permite pisar el acelerador con un procedimiento que en circunstancias normales podría demorarse semanas.

El 'ok' de las capitales debería avanzar la voluntad de una firma. El "sí se acepta" llevará a que el Consejo Europeo (la institución que coordina a los Gobiernos nacionales) formalice esa rúbrica esencial. Y con ella, según plantearon fuentes diplomáticas, quizás también la autorización de su "aplicación provisional" a partir del 1 de enero.

Porque (se insiste) el consentimiento del Parlamento Europeo, que ha reclamado tiempo para analizar el "colosal" acuerdo a través de sus comisiones parlamentarias, no llegará hasta una sesión plenaria que podría celebrarse a mediados del próximo mes. Y esa es la ratificación final; la luz verde imprescindible a todo el 'paquete', que al otro lado del Canal de la Mancha debería activar también Westminster y que según algunas fuentes se encendería el día 30.

"El futuro está en Europa"

Con o sin esa 'provisionalidad' total, e incluso parcial -de solo el articulado que cubre los aspectos más sensibles del arreglo comercial y que evitaría el colapso fronterizo-, la era postBrexit está a punto de arrancar. "Es hora de dejar el Brexit atrás, nuestro futuro está en Europa", clamó Von der Leyen nada más anunciar el jueves lo que definió como un "acuerdo justo y equilibrado".

Pero queda aún una incógnita por despejar. ¿Habrá efecto contagio? El apoyo en el seno de la UE ha aumentado en toda Europa desde el referéndum del Brexit en 2016. De hecho partidos de signo populista, alineados con la ideología ultraconservadora tanto de Italia como de Austria, Francia, Alemania e incluso Suecia, mantienen en suspenso la idea de replicarlo en sus países. De hecho la temible marejada de euroescepticismo que amenazaba a Europa quedó neutralizada en las elecciones a la Eurocámara de mayo de 2019.

Queda la duda de si la gestión de la pandemia reforzará los mensajes de autoexclusión, aunque una reciente encuesta revelaba que los europeos apostaban por una mayor implicación de la UE en la lucha contra el patógeno letal.

La otra vía que ya ha comenzado a abrirse es la de los países asociados al proyecto comunitario. Noruega, que ha rechazado en dos ocasiones (1972 y 1994) una adhesión efectiva a la Unión, mantiene un acuerdo especial (como también lo tienen Islandia o Liechtenstein) que le permite participar plenamente en el mercado único, sometida eso sí, a las regulaciones que rigen para todos.

"Las decisiones que afectan a Noruega y a los recursos noruegos deben ser adoptadas en Noruega", aseguraba esta semana Emilie Enger Mehl, representante del Partido del Centro, formación de origen agrario, que pide "actualizar" las relaciones con la UE al albor de los resultados del pacto comercial con Londres.

Defensor del campo y de las barreras aduaneras agrícolas, la formación también debe su éxito a la popularidad de su jefe, Trygve Slagsvold Vedum, agricultor jovial reputado por sus risotadas y su capacidad para mencionar a Noruega y a los noruegos en cada una de sus frases. Recientemente, este cuadragenario se saltó todas las reglas de la comunicación política disfrazándose de espantapájaros en un programa en la televisión.

Tiempo al tiempo. En cualquier caso, miniconvulsión. Nada inquietante. De momento, el 'acuerdo de Nochebuena' consigue parar al menos un primer golpe del país escandinavo. Al haberse logrado un arreglo antes del 31 de diciembre, a priori, mantendrá abiertos los caladeros noruegos a la flota pesquera, tanto europea como de Reino Unido. Oslo ya había avisado a Bruselas de que sin ese pacto a tiempo echaría el cierre.

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