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Borrell: "Los fondos son la respiración asistida a una economía en coma"

"Sin la narración falsa contra Europa el Brexit no existiría", asegura en una entrevista el alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea.

Josep Borrell.
Josep Borrell.
Stephanie Lecocq/EFE

El paquete de fondos europeos de más de 1,8 billones de euros para superar la crisis es la "respiración asistida" para una economía europea a la que la Covid ha obligado a poner "en coma inducido", declara el alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell.

"Lo que hemos tenido que hacer es poner en coma inducido a las economías, paralizar la actividad económica. Cuando estás en coma inducido necesitas respiración asistida", dice Borrell.

El también vicepresidente de la Comisión Europea cree que la diferencia entre la solución expansiva de la UE en política económica en esta crisis sanitaria y la austeridad que se dio como respuesta a la llamada "crisis del euro" de 2008 estriba en la propia naturaleza de cada uno de esos dos choques económicos.

En la primera, de origen financiero, se señalaba a Grecia "supuestamente por indisciplina fiscal" y en relato político "había un pequeño país que aparecía como responsable por no haber echo sus deberes".

"Esta nos ha afectado a todos a la vez y no se puede echar la culpa a nadie. Con lo del euro se planteaba un problema de riesgo moral y aquí esto no aparecía para nada porque nadie tiene la culpa del virus", comenta Borrell.

Los Estados miembros tuvieron que cerrar sus economías para proteger la salud de los ciudadanos. Y para regenerar la actividad llegaron a un histórico compromiso para desembolsar 750.000 millones de euros en préstamos y transferencias, parte de ello emitiendo deuda comunitaria, más otros 1,074 billones para el presupuesto comunitario de 2021 a 2017.

"El Gobierno, el Estado, el poder público, está para ser el prestamista en última instancia, el asegurador en última instancia, el accionista en última instancia... cuando todo se paraliza hay unas instituciones, que afortunadamente tenemos, que pueden actuar como salvavidas", resume.

Los efectos del coronavirus, no obstante, tienen grandes posibilidades de transformar el mundo, porque "históricamente, las pandemias son grandes generadoras de cambios estructurales”.

"Los expertos dicen que el hombre moderno, que se libera de ser un siervo de la gleba, un vasallo feudal, nace como consecuencia de los cambios mentales que se produjeron después de las pestes negras en la Europa del 1300. Las epidemias provocan derrotas militares, cambios en las fronteras, transformaciones culturales... Probablemente, esta también tendrá estos efectos, a medio y a largo plazo", reflexiona.

Uno de los inesperados escollos del paquete económico europeo, acordado el pasado julio pero desbloqueado sólo la semana pasada, fue el veto de Polonia y Hungría en el último momento como protesta porque los Estados miembros, en una decisión que no requería unanimidad, habían acordado ligar el desembolso de fondos comunitarios al respeto al Estado de derecho.

Finalmente, Hungría y Polonia propusieron ciertas modificaciones de procedimiento, como poder recurrir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea la suspensión de fondos por supuesta vulneración de esos principios, que los otros veinticinco países aceptaron.

Se prefirió negociar

El resto de capitales podían haber avanzado en la aprobación de los fondos sin contar con Budapest y Varsovia, pero se prefirió negociar -con la canciller alemana, Angela Merkel, como interlocutora- para buscar una solución a Veintisiete, que llegó en el Consejo Europeo de la pasada semana y se aprobó este miércoles en el Parlamento Europeo.

"Se hubiera podido lanzar, pero hubiese supuesto una ruptura en la unidad de acción", dice Borrell, que asegura que los principios del acuerdo para condicionar el dinero al respeto a la independencia judicial, la libertad de expresión o la pluralidad política queda intacto, aunque pueda demorarse su ejecución.

Por otro lado, el jefe de la diplomacia europea cree que el pacto final con Reino Unido en torno al Brexit puede estar cerca. "Los problemas de una salida sin acuerdo son tan grandes que creo que se impondrá la necesidad del pacto. Lo veremos en las próximas horas", asegura desde su despacho en Bruselas, con un gran mapa de Europa de fondo.

Borrell recuerda que la propaganda oficial de los defensores del Brexit aseguraba que con el dinero que se aportaba a la UE se podría construir un hospital cada semana. "Al día siguiente de esa narrativa falsa ya estaban diciendo que era un error de cálculo", explica Borrell, que establece un claro paralelismo con el movimiento independentista catalán. El Reino Unido se quejaba de aportar demasiado dinero. Los independentistas catalanes, de que España les roba. "Hay que hacer un esfuerzo por contrarrestar la desinformación y ya podemos espabilar porque vivimos en un mundo gobernado por la batalla de las narrativas", advierte Borrell.

Una cultura estratégica común

En ese mundo de las narrativas, Josep Borrell manifiesta reiteradamente su empeño por establecer una "cultura estratégica común" europea, un objetivo complicado en un terreno, el de la política exterior, que requiere la unanimidad. Considera que la UE tiene resortes suficientes para actuar como una gran potencia, pero confiesa las enormes dificultades para llegar a acuerdos en un año, su primero al frente de la diplomacia europea, especialmente complicado por la pandemia.

"Casi todos los días veo problemas que parecen imposibles de resolver y la mayoría de ellos demuestran que lo son", bromea. "Este puesto produce insomnio y ha sido más complicado de lo que esperaba. Nos falta una cultura estratégica común que, traducido al lenguaje vulgar, significa que no entendemos el mundo de la misma manera. Poner de acuerdo a 27, todos a la vez, desemboca en ocasiones en un contenido vacío", lamenta.

Para Josep Borrell, fue un momento especialmente difícil el anuncio de Estados Unidos de su proyecto de plan de paz en Oriente Medio. Considera un grave problema las relaciones con Turquía y el agravamiento de la seguridad y la lucha antiterrorista en el Sahel.

En el lado positivo de la balanza sitúa la operación militar IRINI para controlar el tráfico de armas en el Mediterráneo y el marco regulatorio para imponer sanciones por atentados a los derechos humanos.

Los fondos de reconstrucción, bautizados como Next Generation, y el relevo en la Casa Blanca van a ayudar a tejer esa nueva Unión Europea en la que Borrell está embarcado. Una Europa que, en su criterio, necesita recuperar terreno en ciertas áreas tecnológicas.

Se considera un "ministro europeo incipiente de Defensa" y tiene fe en la fuerza de la UE. "Históricamente, las pandemias son grandes generadoras de cambios estructurales", afirma.

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