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"He tenido que probar que no tenía el coronavirus, mi vuelta a Zaragoza ha sido una odisea"

Un zaragozano que trabaja desde hace dos años en Hangzhou relata su salida de China después de estar encerrado en su piso y controlado por un vigilante del Estado.  

Julio Boheli, entrenador zaragozano de baloncesto en China hace dos años y medio, regresó la semana pasada tras una salida complicada.
Julio Boheli, entrenador zaragozano de baloncesto en China hace dos años y medio, regresó la semana pasada a su Zaragoza natal tras una salida complicada por el coronavirus.
José Miguel Marco

Julio Boheli acaba de salir de China y casi ha vivido "una odisea" en los aeropuertos de Shangai y Moscú para confirmar que no padecía el coronavirus antes de aterrizar en Barajas (Madrid) y llegar a su Zaragoza natal. Este entrenador de baloncesto reside en Hangzhou, una ciudad de nueve millones de habitantes, a unas cuatro horas en tren rápido de Wuhan, el epicentro del virus en la región de Hubei, donde se concentran la mayoría de infecciones. Desde que empezó la epidemia Covid-19, se han visto afectadas en la zona de Hubei 58.152 personas (de los 70.548 infectados en China) y de ellas, 1.696 han fallecido allí (de los 1.770 muertos en todo el país). Un centenar murieron el pasado domingo.

"En mi ciudad hay 168 afectados, pero no ha muerto ninguno todavía. Para salir de allí hemos pasado una odisea porque teníamos que probar que no teníamos el virus. No quieren que se expanda la epidemia fuera de China", contó Boheli, quien decidió con su amigo Pablo Muñoz, otro zaragozano que reside en la misma ciudad, salir de China porque llevaban tres semanas (desde que se declaró la epidemia) sin trabajar.

Julio Boheli es un zaragozano que trabaja en China como profesor de baloncesto. Acaba de volver a España y nos relata, en primera persona, su experiencia viviendo en un país azotado por el coronavirus.

A los edificios donde residen enviaron un vigilante del Estado que solo les permitía hacer una salida cada dos días para ir a comprar al supermercado. Habían dejado de entrenar a los casi mil chicos que llevan en la academia de baloncesto propiedad de un chino que los contrató.

Para emprender el viaje salieron de madrugada en un taxi para ir a la estación de tren de Hangzhou porque no había metro abierto y de allí hasta Shangai cubiertos con sus mascarillas y tuvieron que pasar un control exhaustivo en el aeropuerto chino para comprobar que no tenían el coronavirus. Les tomaron la temperatura y les hicieron un cuestionario por si procedían de la zona de Hubei. Fue más duro todavía en Moscú, donde los retuvieron en el avión para evitar que se propagara el virus. "En Moscú estuvimos dentro del avión mucho rato sin dejarnos bajar porque tenían miedo de contagio. En Barajas no nos pusieron problemas", agregó.

La vida durante estas semanas en China ha sido muy complicada porque todo el mundo se quedaba encerrado en la casa sin salir para evitar contagios. «Teníamos que ir siempre con mascarilla, no coincidir con las aglomeraciones y aplicar siempre las estrictas medidas de higiene como lavarse varias veces al día las manos», enumera.

"Han cerrado los colegios donde trabajamos y ahora se están planteando que los profesores den clases ‘online’, pero los entrenamientos pueden retrasarse, quizás hasta abril. Queremos volver a China cuando podamos trabajar en condiciones", reconoce.

"No todos los chinos se alimentan de insectos o serpientes. Yo como una verdura muy buena, pollo y arroz, o me hago salmón"

Desea regresar a China y lamenta que la epidemia que nació en un mercado de animales vivos haya dado mala imagen de un país donde él ya tiene una nueva vida. "No todos los chinos se alimentan de insectos o serpientes. Yo como una verdura muy buena, pollo y arroz, o me hago salmón. Es una comida norma"», apunta.

El Año de la Rata cogió a muchos chinos y turistas de viaje

A los zaragozanos Julio Boheli y Pablo Muñoz les cogió la declaración de la epidemia de coronavirus de viaje en Estados Unidos porque esos días coincidían con la celebración del Año Nuevo chino, que en esta ocasión es el de la Rata. "Muchos chinos estaban de viaje en sus pueblos para la fiesta. También había muchos turistas. Cuando llegamos a China el 27 de enero no nos esperábamos lo que vimos", reconoce Julio Boheli.

La televisión nacional informa todos los días sobre la epidemia y también los datos oficiales son enviados por móvil, pero explica que en Youtube hay muchas noticias falsas. Tiene claro que el origen del virus fue el mercado de animales vivos de la localidad de Wuhan, pero la propagación de la epidemia ha sido como un reguero. "El coronavirus afecta a la economía de China, pero apenas en diez días han podido construir dos hospitales en Wuhan. Esperamos que vuelva pronto la normalidad para volver porque casi el 80% de los extranjeros que trabajamos allí nos hemos marchado y los demás se han quedado", apuntó el entrenador aragonés.

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