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Internacional

Vatileaks 3: el nuevo escándalo de filtraciones que sacude la Santa Sede

La Secretaría de Estado habría gastado 180 millones de euros provenientes de limosnas de los fieles para comprar un edificio en un exclusivo barrio londinense, según la revista 'L'Espresso'.

Imagen de la plaza de San Pedro del Vaticano
Imagen de la plaza de San Pedro del Vaticano
AFP

"En mi tierra los fieles quieren mucho al Papa, pero ahora a ver cómo les pedimos que colaboren con el Óbolo de San Pedro después de este nuevo escándalo. Está claro que queda mucho por hacer en la reforma financiera de la Curia". El cardenal, responsable de una importante archidiócesis lejana a Roma, tuerce el gesto cuando se le pregunta por el último terremoto que ha sacudido el corazón de la cristiandad: la filtración de documentos confidenciales sobre la investigación abierta por la Fiscalía vaticana debido a una sospechosa inversión de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, que gastó casi 180 millones de euros en un edificio de 17.000 metros cuadrados situado en un exclusivo barrio londinense. Esa cantidad habría salido del fondo de 650 millones de euros que posee la Secretaría de Estado, provenientes en su mayoría de las donaciones que los fieles hacen cada año al Papa a través del Óbolo de San Pedro para que, en teoría, sufrague obras de caridad y costee el mantenimiento de la Iglesia. El Vaticano lleva desde 2013 sin explicar cuánto recauda y cómo se gastan esas limosnas.

Entre los papeles reservados a los que ha tenido acceso el periodista de 'L'Espresso' Emiliano Fittipaldi, adelantados en parte el jueves, hay un informe en el que la Fiscalía asegura que existen "graves indicios de malversación, estafa, abuso de poder y blanqueo de capitales" por parte de algunos funcionarios de la Curia. Entre los cinco sospechosos, a los que se ha suspendido de su cargo de manera cautelar, hay personajes vaticanos de peso, como el director de la Autoridad de Información Financiera (AIF), Tommaso Di Ruzza, un organismo de la Santa Sede instituido para luchar contra el blanqueo de capitales. Otro de los investigados es el sacerdote Mauro Carlino, antiguo secretario personal del arzobispo Angelo Becciu, que entre 2011 y 2018 fue Sustituto de la Secretaría de Estado, un cargo determinante en la gestión de los asuntos internos de la Santa Sede. Becciu fue creado cardenal y nombrado prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos el año pasado por el Papa en un gesto que, para muchos, fue un claro caso de 'promoveatur ut amoveatur', la expresión latina equivalente a la castellana 'patada hacia arriba'.

Los nombres y las fotos de Carlino, Di Ruzza y los otros tres investigados fueron incluidos en un documento distribuido entre los miembros de la Gendarmería Vaticana y de la Guardia Suiza para impedirles el acceso al Vaticano. El papel acabó publicándose a principios de mes en 'L'Espresso', lo que propició que el pasado lunes presentara su dimisión Domenico Giani, hasta entonces comandante de los gendarmes, por no haber sido capaz de evitar la filtración. Ésta supuso para Francisco un gesto de una "una gravedad parangonable a un pecado mortal", según comentó el portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, pues atentaba contra la presunción de inocencia de los sospechosos.

El nuevo escándalo por la divulgación de documentos reservados, bautizado ya como Vatileaks 3 por sus similitudes con los otros dos terremotos motivados por filtraciones que sacudieron a la Santa Sede en 2012 y 2015, refleja la pugna que mantienen la Secretaría de Estado y el Instituto para las Obras de Religión (IOR, la banca vaticana). Esta nueva crisis interna podría agravarse en los próximos días, ya que a la información que se espera que amplíe hoy 'L'Espresso' se añade el libro que publica mañana Gianluigi Nuzzi, titulado 'Giudizio Universale' (Juicio Universal). Los papeles reservados divulgados por Nuzzi y Fittipaldi en los años pasados propiciaron Vatileaks 1 y Vatileaks 2. 

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