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Internacional

Siria: la guerra de nunca acabar

Las bombas siguen cayendo sobre hospitales, mercados y escuelas. Nada parece haber cambiando en un país sumido en el horror desde hace más de 8 años  

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Imagen de las calles destrozadas en Siria
Reuters

Podría haber elegido una fotografía de las muchas que aun llegan con niños heridos, o muertos sacados de entre los escombros. Podría haber optado por esa imagen del dolor que presiona el corazón, pero mire de nuevo la foto y piense que es usted quien vivía en uno de esos edificios destrozados; que desde su ventana, terraza o balcón se abría cada mañana a la vida. Al cotidiano acto de levantar una persiana y, quizá, con una taza de café en la mano, mirar sin ver, en ese hecho tan simple que ni podemos valorar cuando se tiene.

¿Qué ocurre cuando te conviertes en un refugiado de guerra? Paul Salopek recordaba hace unos días en National Geographic cómo todo comienza cuando echas a andar y dejas tu pueblo o aldea porque te va la vida en ello, o coges el coche con cuatro cosas y sales de tu ciudad o lo haces en el del vecino, el de un amigo, o en el camión del frutero que te conoce de toda la vida. "Así empieza todo. Das un paso. Sales de una vida y entras en otra. Cruzas una valla fronteriza cizallada y llegas a la apatridia, a la vulnerabilidad, a la dependencia, a la invisibilidad. Te conviertes en un refugiado". Y te obligan ahí mismo a dejar tu coche y te echas a andar, a pie, que es como se mueven los desvalidos.

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Un voluntario usa un pico para cavar una zanja en la ciudad de Salqi.
Khalil Ashawi

Unos 12 millones de almas se mueven a la deriva por todo Oriente Próximo. Como sucedió con la crisis de refugiados que tuvo lugar durante y después de la guerra afgano-soviética de los años ochenta, "un pulso de la Guerra Fría que desplazó y acto seguido olvidó a millones de seres humanos hambrientos y desesperanzados, sembrando el germen de años de terrorismo islamista transnacional", dice Paul Salopek para quien las repercusiones políticas hoy, con todos esos seres humanos, para la región son inconmensurables y resultarán irreversibles.

Yleo que "en la Turquía laica, un tsunami de mujeres sirias que llegan solas está reavivando tradiciones islámicas prohibidas, tales como la poligamia. En Jordania, las familias refugiadas casan a hijas de apenas 13 años con la esperanza de que esos matrimonios las saquen de los campamentos, de las calles, de la pobreza". La última encuesta de Acnur dice que el 83% de sirios espera regresar en algún momento, a la larga, mientras que un 16% carece de dicha esperanza. Pero parece muy difícil que puedan llegar a abrir las puertas de sus casas, con esas llaves que muchos de ellos aún guardan en su bolsillo, como símbolo último de esperanza, como una manera más de agarrarse a lo que fue su vida, la que veían a través de esas ventanas que, como en la fotografía, ya no existen.

"El mundo debe saber lo que ha sucedido", dijo Eisenhower al ver un campo de exterminio nazi 

"Setenta años después de la adopción de las Convenciones de Ginebra de 1949, las infracciones cometidas en las guerras siguen causando estragos en la población civil y los líderes mundiales parecen incapaces de protegerles", explica Beatriz Juez, en su análisis sobre el fracaso de unos acuerdos surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. Y Siria es uno de lo más flagrantes. "El mundo debe saber lo que ha sucedido y nunca olvidarlo", dijo el general Dwight D. Eisenhower cuando visitó en 1945 un campo de exterminio nazi. Pero los hombres parecen tener la memoria corta.

La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, recuerda que en la guerra de Siria las bombas siguen cayendo sobre hospitales, escuelas, mercados. Más de 100 personas, incluyendo 26 niños, han muerto estos días, una elevada cifra de víctimas que recuerda los peores momentos del conflicto que desde 2011 vive el país, pero que "parece ya no estar en el radar internacional", se lamenta, y responsabiliza al gobierno del presidente Bashar al Asad y a sus aliados internacionales, incluyendo Rusia, por la pérdida de vidas de civiles.

Las muertes denunciadas por Bachelet son las más recientes ocurridas desde que hace unos cuatro meses el gobierno de Al Asad y sus aliados internacionales comenzaron una ofensiva en el noroeste del país. En ese lapso, la oficina de Derechos Humanos de la ONU ha documentado la muerte de, al menos, 450 civiles. Bachelet critica el hecho de que la comunidad internacional parece haberse desentendido de este conflicto, y la incapacidad del Consejo de Seguridad de la ONU de intervenir.

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