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Olimpiadas: Tokio va sobrado

Ya están construidas casi todas las instalaciones para los Juegos de 2020. Japón aspira a deslumbrar al mundo con la tecnología del futuro.

En Tokio solo queda por rematar un par de pabellones y el estadio olimpico. La capital japonesa ya está lista para los juegos del año que viene.
En Tokio solo queda por rematar un par de pabellones y el estadio olimpico. La capital japonesa ya está lista para los juegos del año que viene.
JIJI PRESS/AFP/VOCENTO

La vida del arquitecto japonés Kengo Kuma está marcada por una experiencia vivida en edad escolar. La de un niño conmovido por aquella primera vez que vio y entró en el gimnasio nacional Yoyogi, bajo su célebre cubierta suspendida como una sábana que flota justo antes de caer sobre el colchón, fruto del ingenio de Kenzo Tange. "Nunca olvidaré la impresión que me causó", recordó recientemente cuando su nombre quedó ligado para la posteridad por ser el encargado de levantar el estadio olímpico sobre las ‘cenizas’ del de los Juegos de Tokio 64. Kuma fue elegido para sustituir a la arquitecta angloiraní Zaha Hadid después de que el Comité Organizador descartara su proyecto, faraónico y excesivamente caro. Esta decisión retrasó los plazos. Los albañiles no entraron hasta diciembre de 2016 y eso generó ciertos nervios, pero Japón no ha fallado y, apenas dos años y medio después, el corazón de los Juegos Olímpicos de 2020, a falta de doce meses para que prenda el pebetero –se especula que usando un coche volador–, está prácticamente acabado.

El estadio olímpico, que acogerá las pruebas de atletismo y las ceremonias de apertura y clausura, está previsto que sea estrenado en noviembre. Su coste ha sido de 1.200 millones de euros –qué lejos quedan ya los 30 millones que costó el de los Juegos de Londres de 1948– y Kuma, más sensible con la cultura de su país, ha utilizado madera de las 47 prefecturas de Japón para crear un árbol imaginario que tendrá sus hojas en los asientos de diferentes tonalidades verdes. También incluye detalles más prosaicos: está estudiado para que, en caso de que suceda una emergencia, los espectadores puedan ser evacuados en quince minutos.

El 7 de septiembre de 2013, el día que el Comité Olímpico Internacional, reunido en Buenos Aires, eligió a Tokio como sede para 2020, casi nadie dudó de que las infraestructuras estarían listas con antelación. La reputación de Tokio no es la de Atenas, sede en 2004, el prólogo de su gran crisis económica, ni la de Río de Janeiro, la última ciudad olímpica, que retiraba angustiada las hojas del calendario con demasiadas obras pendientes.

Esta semana ha arrancado la cuenta atrás del último año y casi todas las instalaciones están acabadas. Queda terminar el estadio olímpico, el Ariake Arena –escenario de los partidos de voleibol–, que estará finalizado en diciembre, y el Tokyo Aquatics –allí se celebrará la natación–, lo más retrasado de todo, que no abrirá hasta febrero.

También hay que rematar la Villa Olímpica, que está en el distrito de Harumi y que será el hogar de unos 15.000 deportistas –10.500 olímpicos y 4.500 paralímpicos–. Allí varias empresas privadas están construyendo edificios residenciales de acuerdo con el proyecto de desarrollo urbano del Gobierno Metropolitano de Tokio. Luego se venderán como apartamentos junto con los bloques de torres recién construidos.

Legado y futuro

Las instalaciones se reparten en dos áreas. Una es la zona del legado, en referencia a los Juegos de 1964, aquellos en los que encendió el pebetero Yoshinori Sakai, un deportista de 19 años que había nacido en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el día que cayó la bomba atómica. La otra es la zona de la bahía de Tokio, más cercana a los aeropuertos de Haneda y Narita. En la primera se aprovechan el Gimnasio Metropolitano, sede de la gimnasia y el waterpolo en el 64, que esta vez acogerá el tenis de mesa, el mítico Yoyogi o el Nippon Budokan, conocido como la sede espiritual de las artes marciales japonesas, especialmente el judo, un deporte que se estrenó como olímpico precisamente allí, en 1964. Otro recinto muy popular es el Kokugikan Arena, donde se celebran los grandes combates de sumo ante un graderío con forma de cuenco, que cederá su espacio al ring de boxeo durante unos días.

Los Juegos Olímpicos –33 deportes– se celebrarán entre el 24 de julio y el 9 de agosto, y los Paralímpicos –22 especialidades–, del 25 de agosto al 6 de septiembre. El mundo, mientras, aguarda impaciente porque espera que sea una cita futurista. Thomas Bach, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), está convencido de que Japón "hará historia" y respira tranquilo porque nunca había visto "una ciudad tan preparada como Tokio a un año de los Juegos". Lo están poniendo todo para deslumbrar al planeta y si hay que trasladar un mercado como el de Tsujiki, quizá la mayor lonja de pescado del mundo, se hace y ya se repondrá en 2025.

Este movimiento se ha efectuado para aliviar el tráfico de Tokio, una de las grandes preocupaciones de la organización. Tanto en la superficie como en el transporte suburbano, que, como sospecha Taguchi Azuma, premio Kondo por su investigación con el modelo de cálculo de pasajeros en las líneas ferroviarias, corre el riesgo de colapsarse puntualmente.

Esa inquietud ha llevado al Gobierno a mover algunas fiestas en el calendario. El Día del Mar pasa del 20 al 23 de julio, la víspera de la ceremonia inaugural, que se celebrará en el Día del Deporte, que debía ser el 12 de octubre. Y el Día de las Montañas se traslada del 11 al 10 de agosto, el inicio de la resaca olímpica en Tokio. "No niego que pueda tener su efecto, pero se debería hacer algo más el resto de los días. No podemos simplemente proponer un puente de tres días como medida contra el caos. Hay que hacer algo más", explica Azuma a ‘FNN’.

Aunque el transporte en Tokio está a la vanguardia mundial. Japón ya tiene previsto presumir de sus trenes y empezar a mostrar el Maglev, que pondrá en circulación en 2027 y que, con sus más de 600 km/h de velocidad punta, es el más rápido del mundo. O el sigiloso Shinkansen N700S que une Osaka y Tokio y que es un modelo ecológico al tener once toneladas menos que su antecesor.

La empresa japonesa Toyota, patrocinadora del COI, tiene previsto realizar un despliegue imponente. Con sus vehículos APM (Transporte Accesible para Personas, en español) o el e-Palette, el primer coche de celda de combustible –genera electricidad a través de una reacción química de hidrógeno y oxígeno– de producción mundial, con el que conectará la Villa Olímpica. También llevará su vehículo ‘concept-i’, desarrollado por el estudio Calty Desing Research de Toyota en Newport Beach (California), capaz de conversar y reconocer las emociones y preferencias de sus pasajeros mediante inteligencia artificial.

Este sector está expectante porque, como adelanta Yuriko Koike, la gobernadora de la megalópolis, "Tokio 2020 es un escaparate para mostrar las altas tecnologías de las que Japón puede presumir", en referencia a los transportes autónomos que conducirán a los visitantes en trayectos bien definidos. Del mismo modo que aspiran a organizar unos Juegos sostenibles. Sus medallas, elaboradas con desechos de aparatos electrónicos, son toda una declaración de intenciones.

Los robots van a campar a sus anchas en esta cita olímpica. Japón es asociada universalmente a la tecnología y el vicedirector de Tokio 2020, Masaaki Komiya, no esconde que quieren impresionar al mundo. "Queremos que sean los Juegos más innovadores de la historia en cuanto a usos de nuevas tecnologías".

Los deportistas podrán pedirle indicaciones a un robot en la Villa Olímpica, las personas con movilidad reducida serán acompañadas por máquinas, habrá humanoides como el T-HR3 y la mascota, Miraitowa, también es un robot. Aunque todo este derroche puede quedar ensombrecido si en 2020 sale un mes de julio plúmbeo y lluvioso como el de este año.

El calor, otra preocupación

Tokio puede ser un lugar muy tórrido en verano. La gran ola de calor que sufrió Japón en 2018 se saldó con 88 muertos y 22.000 casos de insolación. La organización probó este sábado, con un partido de voley playa, múltiples maneras reducir los efectos del calor tan húmedo de Tokio: vaporizadores públicos, carpas con aire acondicionado, cestos de flores…

Ceremonias más caras

El comité organizador se ha visto obligado a incrementar el presupuesto para la ceremonia inaugural y de clausura hasta los 104 millones de euros.

Voluntarios

80.000 voluntarios asistirán a los deportistas y a los espectadores durante los Juegos. Otros ocho mil estarán por la ciudad.

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