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Recuerdos para la paz

Al celebrar el Día Escolar por la Paz, tenemos que recordar que la transmisión de valores que ayuden a construir y a mantener una convivencia pacífica en una sociedad justa es una de las tareas más importantes y más nobles de nuestras escuelas.

30/01/2019 a las 05:00
La educación para la paz debe estar presente en nuestras escuelas.

Hoy, 30 de enero se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, reconocido por la Unesco en 1993. Se realiza, desde 1964, para conmemorar la muerte de Gandhi. En esta fecha se recuerda la necesidad de la educación para la tolerancia, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos, la no violencia y la paz. El lema de este día es: "Amor universal, no violencia y paz. El amor universal es mejor que el egoísmo, la no violencia es mejor que la violencia y la paz es mejor que la guerra".

Un año más conoceremos las distintas actividades que realizan los centros educativos de nuestra Comunidad. Dado que la formación para la paz, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos es una de las finalidades que se plantea en nuestro sistema educativo. Ya desde la Logse se subraya la necesidad de trabajar estos aspectos de forma similar a otro tipo de contenidos, y de este modo surgieron los temas transversales.

Sin embargo, el trabajar continuamente desde las transversales estos conceptos no impide que sintamos la necesidad de que existan fechas concretas, como hoy, que nos recuerden que todavía hay situaciones sociales complejas. Esta celebración es, por tanto, una oportunidad más de contribuir a que los centros se conviertan en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión. Como nos recuerda Rigoberta Menchú, defensora de los derechos humanos y embajadora de buena voluntad de la Unesco, "la paz es hija de la convivencia, de la educación y del diálogo. El respeto a las culturas milenarias hace nacer la paz en el presente".

No hemos de olvidar que la escuela es un reflejo de una sociedad con la que comparte defectos, pero en ella también se educa para la vida y se busca desarrollar en los alumnos las capacidades y competencias necesarias para una participación social activa. Por todo ello, hemos de contribuir, a través de la educación, a la concienciación de todos en la construcción de un mundo mejor, un mundo más justo y más humano que permita que todos los individuos tengan la misma oportunidad de desarrollar plenamente sus facultades en el seno de una sociedad democrática, libre, justa, responsable y en paz. Vuelvo a recordar a la líder indigenista, pues al recibir el Premio Nobel de la Paz manifestó: "La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo en paz". Y yo añado que sin pan no hay paz. Y sin paz y libertad no hay nada.

"Comprendo al que calla por respeto a las víctimas y no entiendo al que calla porque las olvida. A todas las víctimas de la guerra y la violencia les debemos la paz". Esta es una de las muchas reflexiones que escuchamos a José Bada en la presentación de su libro, en el Seminario de Investigación para la Paz, ‘Recuerdos para la paz’. "Soy un niño de la guerra y por eso escribo: para hacer preguntas. No solo para contar lo que recuerdo". El autor se pregunta si es preferible callar ante la experiencia de tanta maldad (y de tanta bondad escondida), y si para aproximarse a la paz sería preferible el silencio a la palabra, el olvido a los recuerdos. El perdón y la reconciliación para la convivencia no exigen el olvido sino, por el contrario, la memoria. Comparto estas reflexiones pues las he vivido con mis alumnos, cuando ellos preguntaban a sus abuelos, a los propios protagonistas de la historia. Algunos de ellos vinieron a nuestras clases, ello les permitía comprender la emoción, el dolor que sintieron los protagonistas. La misma que sentíamos todos nosotros al escuchar emocionados a José Bada y contemplar la sonrisa cómplice de su hermana. Complicidad y subjetividad, pues hablaba desde el corazón. No podemos permitir que tanto terror y tanta violencia nos hagan perder la compasión, la memoria o la justicia. Memorias y vivencias de un niño de la guerra. De su infancia en la comarca del Bajo Aragón, en Fabara. Memorias para la esperanza, para aprender del pasado. Los niños de su generación padecieron la guerra, es verdad, pero luego han sido capaces, a partir de los años sesenta, no solo de observar sino también de propiciar un cambio muy profundo en la sociedad. Y como él mismo concluía: "Además, hemos logrado hacer las paces de las que actualmente disfrutamos".

 

 





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