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Internacional

Mikel Ayestaran: "Hay sirios que luchaban con el Dáesh por un simple plato de arroz"

El periodista Mikel Ayestaran presentó el jueves en Zaragoza su libro 'Las cenizas del califato'

El periodista Mikel Ayestaran, el jueves en Zaragoza
El periodista Mikel Ayestaran, el jueves en Zaragoza
Oliver Duch

Mikel Ayestaran (Beasain, Guipúzcoa, 1975) presentó el jueves en Zaragoza su último libro, 'Las cenizas del califato' (Ediciones Península).

Recorre Bagdad, Mosul, Palmira, Jerusalén, Gaza o Alepo. "Este no es solo un libro sobre el califato: es un libro escrito en el califato", dice.

Durante estos tres años y pico de califato hemos estado hablando de ellos utilizando el mismo tipo de fuentes, la propaganda que nos mandaban ellos, la propaganda de los servicios de inteligencia… Siempre éramos espectadores del califato; no podíamos entrar porque nos cortaban la cabeza. Luego, yo leía muchos libros escritos por analistas, expertos…

A miles de kilómetros.

Exacto. Yo quería hacer una cosa mucho menos académica pero escrita ahí. He utilizado esa tercera fuente a la cual no hemos tenido acceso hasta ahora, que eran las auténticas víctimas del Estado Islámico. Porque son reales. ‘El ISIS ejecuta a una persona’; yo he hablado con la madre de ese ejecutado. ‘El ISIS lanza a un homosexual desde...’; yo he estado con el hermano de ese homosexual. Para mí ha sido muy emocionante. Con los talibanes me pasaba lo mismo: todo el mundo hablaba de ellos pero nadie podía trabajar ahí. Y siguen ahí. Pero en ese caso ha sido posible, y hemos entrado.

Ahmed y Abu Anwar, uno suní y el otro chiita, nacieron en el mismo vecindario, estudiaron en la misma escuela y se casaron a la vez, pero la guerra de Iraq los separó por completo. Como su caso habrá miles.

Por supuesto. Esa división está ahí, desde el año 2003 sobre todo, con la invasión de Estados Unidos. Con el califato se ha reforzado de una forma brutal; todas las zonas de mayoría suní se han unido frente a los problemas que tienen con el Gobierno de Damasco, que está en manos de los alauíes, y con el de Bagdad, en manos de los chiitas. Estos años de califato han acentuado aún más la brecha sectaria. También han supuesto un auténtico terremoto para la convivencia entre minorías: caldeos, asirios, yazidíes, kakaíes… La zona era un crisol y eso ha saltado por los aires con el califato. Bum. Podremos reconstruir las ciudades, pero lo que me preocupa es cómo se va a reconstruir ese tejido social.

"¿Cómo curarlo? Yo creo que con tiempo. Que se cansen de matar: eso pasó en la guerra del Líbano"

¿Cómo romper ese "muro de odio y desconfianza" entre las dos ramas islámicas?

¡Hay sangre de por medio! Podemos entrar en una fase de venganzas masiva. ¿Cómo curarlo? Yo creo que con tiempo. Que se cansen de matar: eso es lo que pasó en la guerra civil del Líbano. Luego debemos recordar que hay una injerencia externa clarísima. A dos niveles: regional, con el pulso entre Irán y Arabia Saudí; e internacional, entre Estados Unidos y Rusia. Si desapareciera, algo utópico, ayudaría mucho a tranquilizar la situación.

El ascenso del Dáesh fue tan meteórico que seguimos teniendo más preguntas que respuestas sobre su origen.

Sigo perdido en un mar de dudas. Hay varios factores que explican cómo tuvo un crecimiento tan rápido. Se hicieron fuertes en zonas descontentas con los gobiernos centrales de sus países; en Siria triunfaron en áreas en las que el Gobierno sirio estaba ausente, en las que reinaba el caos. Llegaron e impusieron el orden.

¿Sacaron partido del descontento que generó la primavera árabe?

De eso y de los vacíos de poder. Y tenían un factor esencial: la capacidad de generar terror. Llegaron, propusieron un modelo de gobierno y lo impusieron con el terror. Para la población fue un ‘shock’.

…

Pero fíjese: son 60.000 los extranjeros que fueron a combatir con el Estado Islámico. ¡Entraron por la frontera turca! Sin ningún problema. No fueron en patera, sino en aviones. ¿Cómo puede pasar esto? ¿Cómo no lo paró nadie?

"No estamos invirtiendo ahí ni una mínima parte de lo que nos gastamos en bombardearlos"

Repite una idea en el libro: que a una ideología no se la combate con bombas, que, "por más que su legado sea ceniza, al final acabará volviendo".

De hecho, seguimos manteniendo los mismos aliados que han expandido esta ideología, como puede ser Arabia Saudí. Sabes claro cuál es la fuente, quién la financia, y sigue siendo tu aliado. Habría que reconsiderar el balance de alianzas en la región. O al menos intentar dar un toque de atención serio a esos países que han hecho posible que surja un monstruo así. Y algo que me preocupa mucho: no estamos invirtiendo en esos países ni una mínima parte de lo que nos gastamos en bombardearlos. A diferencia de esos 60.000 extranjeros que fueron a combatir con la esperanza de la guerra santa, hay sirios que luchaban con el Dáesh por un simple plato de arroz, no por ideología; no son países especialmente radicales.

Una generación entera de iraquíes solo ha conocido la guerra.

Desde 2003. Eso pasa factura. Y existe ese mantra de que todo es culpa de Occidente; nos va a hacer mucho daño eso. La culpa, siempre externa. Y como les digo: autocrítica, cero.

Cita en el libro a Amos Oz, férreo partidario de la solución de dos estados en Palestina. Ha dicho: "La casa es muy pequeña. Tenemos que hacer dos apartamentos. Israel y, en la puerta de al lado, Palestina. Luego tendremos que aprender a decirnos 'buenos días' en la escalera. Y más adelante...". ¿Lo ve posible?

Trump es impredecible, pero en este caso es absolutamente previsible y tiene una agenda marcada, la del Gobierno de Israel. Para Trump, Israel no es política exterior, sino doméstica; hay que verlo así. El rumbo que está tomando el conflicto es, pues, el que quiere el Gobierno de Israel. Al menos, dentro de lo malo, está siendo claro: ahora hacen lo que dicen. Hay que recordar que Obama firmó el mayor contrato armamentístico de la historia con Israel.

¿Cómo vive la evolución del Gobierno israelí?

El país no es ajeno del fanatismo de la región, como dice el propio Amos Oz. En Israel se mezclan dos cosas que para mí son los grandes males de la humanidad: el nacionalismo y el fanatismo religioso. Como extranjero, allí vives en una burbuja; si no eres judío, eres ajeno a todo. Yo esperaba mucho más del pueblo judío. Han sido para mí inspiradores en muchos ámbitos, como la cultura o la música. Que estén haciendo esto… Algo no va bien. Y sus líderes, creo, no están a la altura del nivel intelectual que hay en el país.

Pero sigue habiendo voces internas críticas.

Sí, aunque muy minoritarias; la minoría minoritaria. Pero es la que nos gusta leer; nadie lee el ‘Haaretz’, no tiene ningún impacto. Ahí la gente está con Netanhayu, con Bibi.

¿Cómo influirá el caso Khashoggi en la relación de Occidente con Arabia Saudí?

Es difícil de saber. Al menos sí que ha sido un toque de atención. Alemania ha reaccionado. Una medida cosmética, pero al menos es algo; algo a lo que España no se ha atrevido. Aunque no espero que se trate de un punto de inflexión, no creo que vaya a cambiar la línea sucesoria.

"Al final tienes complejo de buitre"

¿Se puede llegar a echar de menos volver a Iraq? Como le recuerdan en el libro, cada vez que visita el país es porque hay problemas.

Yo lo echo mucho de menos. Pero ese es el problema: al final tienes complejo de buitre.

Ese complejo existe.

Sí, sí, claro. Hubo un momento, cuando empecé, en que era más romántico; ahora las coberturas son más cortas y están más centradas en tragedias. Cuando te ven llegar, saben que es mala señal.

Vive en Jerusalén, junto a su mujer y sus dos hijos. ¿Qué sucede "cuando conviertes tu casa en una corresponsalía", como explica en el libro?

¿Se acuerda del vídeo de la BBC, con el tipo que está haciendo un skype y le entran los niños? Yo he tenido muchas de esas. Sí, es un punto. Pero me gusta: me he perdido tantos años de mis hijos que aprovecho cada momento. Jerusalén me ha dado la calma, la pausa. Y tengo al lado a Eugenio García Gascón, que para mí es uno de los grandes referentes.

¿Se considera ya usted mismo un referente?

Tengo 42 años, no puede ser. Yo necesito referencias. ¿Qué referentes nos quedan? ¿Qué ha quedado? Ya prácticamente no hay corresponsales españoles. La región se quedó huérfana cuando se marchó Javier Espinosa; siempre llegabas a los sitios un día después que él.

Una de sus últimas imágenes del califato es la de una jaula de hierro en Akerbat que el Estado Islámico utilizó para exhibir a los detenidos y que ahora los vecinos emplean como gallinero.

Toda una metáfora. Aquí hubiéramos hecho unas ‘performances’; ahí, no. El umbral del dolor es tan diferente... Cuando yo veía esas jaulas y me quedaba boquiabierto, la gente me miraba como… Y empezaron a meter animales. Volveré, porque siempre vuelvo a los sitios, y tengo ganas de hacer ese trabajo.

Acabarán en un museo, pero cuando acudan los occidentales.

Exacto. Pero no olvide que el Estado Islámico dejó ciudades que eran museos al aire libre; se marcharon de repente y veías ciudades fantasmas, con sus escuelas, sus juzgados, todas las pinturas, jaulas en las plazas…

"Palmira y los vecinos de Tadmur nunca volverán a ser los mismos después de esta doble invasión yihadista. Yo tampoco lo seré cuando concluya este viaje". ¿Cómo le ha cambiado el Estado Islámico a Mikel Ayestaran?

Es un punto y seguido. Lo que me ha llamado la atención es cómo el globo se hinchó tan rápido y cómo se ha desinflado a esa velocidad. De hecho, tuve que terminar el libro con celeridad porque el califato se desmoronaba, y yo sabía que en cuanto eso pasara se nos olvidaría todo lo que había sucedido. Ha sido mi obsesión durante cuatro años y ahora hay que ver en qué se reconvierte.

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