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Internacional

¿Más vulnerable o más fuerte?

ACTUALIZADA 26/09/2018 A LAS 05:00
El papa Francisco durante una visita a Palermo.
El papa Francisco durante una visita a Palermo.
Efe

La semana pasada, el Papa volvió a lanzar una de sus frases que suelen conmocionar al mundo creyente y no creyente: «No se puede creer en Dios y ser mafioso. Quien es mafioso no vive como cristiano porque blasfema con la vida en nombre de Dios. Hoy necesitamos hombres y mujeres de amor, no hombres y mujeres de honor. De servicio, no de opresión».

Durante la campaña electoral de EE. UU., el Papa dijo que quien levantaba muros no era cristiano. Y justamente desde este país se le ha lanzado el último ataque. Los datos publicados nos pueden llevar a pensar que nos encontramos, también en la Iglesia, en una disputa de poder, realizada conjuntamente por la derecha americana y la derecha fundamentalista europea. Dentro de un contexto de una profunda ola de conservadurismo político e ideológico que adquiere un gran protagonismo y fuerza con el triunfo de Trump en las elecciones. Aquí hemos de citar a un personaje clave, Steve Bannon, ex asesor de Trump, que está impulsando una ‘internacional populista’ para unir ambos continentes. En un momento de enorme desigualdad de riqueza y de ingresos, estamos siendo testigos del ascenso de un nuevo eje autoritario. Cada vez más, son muchos los que piensan que está en juego nada menos que el futuro del planeta, a nivel económico, social y medioambiental. Un obstáculo evidente es la Iglesia católica. No porque sea grande o potente, sino porque representa un factor fundamental por su cultura de la igualdad y de la paz. Y esta Iglesia tiene como su máximo representante al papa Francisco. No podemos olvidar que se trata del primer sucesor de Pedro que llegó a Roma despojándose de la mundanidad de la Curia Romana y abriendo las puertas de la Iglesia a la muchedumbre de los que habían sido alejados de ella, los mismos a los que Jesús había dado sus preferencias. Asimismo ha sido muy crítico con el capitalismo salvaje, un sistema que produce ricos pero que también genera muchos pobres.

En la ‘Laudato si’ exhortó a una ecología integral que cuide de las personas, de la familia y de la tierra. Señala que el amor a la naturaleza y el amor al pobre son una misma exigencia de la dignidad humana, lo que ha provocado rechazo en algunos sectores políticos y financieros importantes por sus intereses económicos.

No podemos olvidar que Iglesia católica americana ha estado durante décadas muy centrada en la lucha contra el aborto, el matrimonio homosexual y las cuestiones morales. Llega Francisco y lo primero que dice cuando le preguntan sobre la homosexualidad es que quién es él para juzgar a nadie. Su teología no juzga, ni condena, sino que acompaña y reconforta. A su vez, el Papa concibe la defensa de la vida como algo mucho más amplio que el aborto, y que incluye por ejemplo condenar la pena de muerte y la posesión de armas nucleares. Hace muy poco, se ha cambiado el catecismo y declara «inadmisible» la pena de muerte.

En el último ataque para destruir su autoridad moral, le han acusado de encubrir abusos sexuales. Acabamos de conocer que ha convocado a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para atajar el escándalo y adoptar medidas que permitan erradicar esos abusos. Es difícil de saber si también a él le ha salpicado la vieja estrategia de la Iglesia de esconder los pecados sexuales de sus representantes.

Es la otra Iglesia, la que exige fidelidad a sus orígenes, la que aplaude a Francisco. Frente a la contaminada por los poderes mundanos que acabaron incrustándose en la jerarquía vaticana. Es la Iglesia que se mantuvo fiel a la revolución abierta por el Concilio Vaticano II. Fue la fuerza de aquel Concilio la que hizo posible que medio siglo después, llegara a la silla de Pedro desde la periferia del mundo. Tuvo la osadía, ya en aquel primer momento, de no limitarse a ofrecer la tradicional bendición papal. Sino que pidió a los presentes en la plaza de San Pedro que también ellos «bendijeran al obispo de Roma». Renunciando a los palacios pontificios, se fue a vivir a una sencilla residencia para sacerdotes. Y allí sigue: ¿Más vulnerable o más fuerte?

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