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Internacional

Juan Ramón Molina: "Venezuela lleva 26 meses sin pagarnos las pensiones"

Molina (Valera, Venezuela, 1945) llegó a España en 2008 y preside la Asociación de Pensionados y Jubilados de Venezuela en Aragón desde enero.

Le explico: Érase una vez un país de Sudamérica extremadamente rico: en petróleo, en oro, en bauxita, en aluminio... Tenía una democracia funcional y el país estaba en una fase de desarrollo bastante rápido. La clase media crecía. No todo era perfecto, pero teníamos una esperanza.

Pero el cuento terminó.

En 1994, cuando llegó al poder Rafael Caldera. Quiso hacer una gracieta e indultó a Hugo Chávez, en prisión por un intento de golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez. Lo indultó, pero no lo inhabilitó políticamente. Fue un error que estamos pagando muy duramente.

Posibilitó el gobierno de Chávez.

Dijo que iba a convertir Venezuela en un auténtico paraíso y la gente se lo creyó. Le votó todo el mundo y ganó en unas elecciones limpias. Nacido de padres humildes, qué ironía, acabó siendo una de las personas más ricas del mundo.

¿Qué cambió en Venezuela bajo su mandato?

Acondicionó el país a lo que él quería, pero eso no era el paraíso.

Sí sería el suyo.

Era su sueño, sí. Puso a sus representantes en los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial. Hasta logró blindar el Tribunal Supremo de Justicia para evitar ser juzgado en un futuro. El barril de petróleo estaba casi a cien dólares, y se producían dos millones de barriles diarios, un dineral. Y empezó a regalar dinero: a Evo Morales en Bolivia, a Néstor Kirchner en Argentina, a Daniel Ortega en Nicaragua, a Fidel Castro en Cuba... Castro fue el gran vampiro de Venezuela. Y claro, la riqueza comenzó a esfumarse.

Y empezaron las expropiaciones.

Chávez lo expropiaba todo. Pasaba por un sitio y decía: "Ministro, exprópiese". Daba igual si era una fábrica, un centro comercial... ¡Hasta el Banco Santander!

Adiós paraíso.

Dijo que ser rico es malo. Fue mermando el estilo de vida, empezaron las carencias en los supermercados, en los hospitales, en las farmacias... Todo eso iba en detrimento de la economía y de aquello a lo que aspiraba el ciudadano, que aún recordaba que ese señor le había prometido el paraíso.

¿Cómo explica que con Nicolás Maduro las cosas vayan peor?

Con él comenzó la verdadera desgracia. Las situaciones de escasez fueron multiplicándose. No hay medicamentos, ni máquinas para diálisis, los niños están desnutridos, los enfermos mueren por falta de tratamiento. Hay datos de que en 2017 el 85% de la población había perdido de 20 a 25 kilos. Imagínese una persona de 40 kilos que se queda en 15, es un esqueleto andante. Tampoco hay libertad de prensa. Han cerrado periódicos, radios, televisiones... Lo que ocurre en Venezuela solo Dios y los que viven allá lo saben.

Desde su asociación denuncian que ahora los pensionistas tampoco reciben su dinero.

En Navidad de 2015 dejó de llegar, y aquello fue atroz. Yo tengo hijas y nietos en Madrid, trabajan y tienen su dinero, pero hay venezolanos sin más ingresos. He visto a compatriotas pidiendo limosna en las calles de Zaragoza. Sé que ha habido fallecimientos de gente que no tenía qué comer. En Caracas argumentaron que no había divisas. Llevamos ya 26 meses sin cobrar nada, pasando calamidades. En virtud de un acuerdo bilateral, España sí manda dinero a Venezuela para pagar a los españoles residentes allá, pero el Banco Central no lo reparte. En Venezuela rige la caquistocracia. ¿Sabe qué es? El Gobierno de los peores.

La oposición está dividida y el diálogo con el chavismo, roto. ¿La mediación de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido inútil?

Zapatero se ha convertido en un cómplice de Maduro al condenar las sanciones de EE. UU. y la UE. Tuvo más visión Felipe González, quien dijo que en Venezuela había una dictadura que no se arregla con diálogo, y que era partidario de una intervención militar. Lo criticaron mucho. Lo que le hace falta a la oposición es unidad.

¿Cómo acaba este cuento?

Como dijo Martin Luther King, tengo un sueño: que intervenga la comunidad internacional. Hay solidaridad por parte de Europa, Estados Unidos, Canadá... y fuerzas militares en la frontera colombiana. Ojalá el sueño no se convierta en una pesadilla bélica. Tengo fe.

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