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Internacional

Un año palestino de reconciliación y frustración por la declaración de Trump

En este 2017, Hamás y Al Fatah han acercado posturas tras años de enfrentamiento.

Los palestinos cierran el año con avances en la reconciliación interna pero con enorme frustración por el reconocimiento de Donald Trump de Jerusalén como capital de Israel, tras el que dieron por acabado el papel de EE.UU. como mediador en el conflicto y se desvincularon de los acuerdos de Oslo.

La decisión estadounidense, que llegó por sorpresa en diciembre, echó un jarro de agua fría sobre los contactos que desde hacía diez meses mantenían con Washington por la insistencia de la Casa Blanca en reiniciar el proceso de paz.

Pese a que no había grandes esperanzas con el "Pacto del Siglo" prometido por la Administración Trump, el reconocimiento de la capitalidad de Jerusalén -contraria al consenso internacional y a siete décadas de resoluciones de la ONU- supuso para el liderazgo palestino cerrar cualquier posibilidad de diálogo mediado por EE. UU.

"Nunca habrá un Estado palestino sin Jerusalén Este como su capital", dijo Saeb Erekat, secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mientras que el presidente, Mahmud Abás, renunció a los Acuerdos de Paz de Oslo (1993) y pactos anteriores.

La decisión de Trump abrió la incógnita sobre la marcha que tomarán los esfuerzos internacionales para la paz y si la solución de dos estados seguirá vigente.

La Unión Europea (UE) reiteró que ese es el único camino que valora, pero no sugirió caminos que explorar.

El año también estuvo marcado por los avances, frágiles pero más asentados que en otras ocasiones, en la reconciliación del movimiento islamista Hamás y el nacionalista Al Fatah -encabezado por Abás y que controla la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y la OLP-.

En abril, Abás amenazó con "medidas sin precedentes" contra Gaza si Hamás no entregaba el poder e implementó varias de ellas, como recortar los salarios de los funcionarios, limitar los envíos de medicinas y cesar los pagos de la electricidad, lo que llevó a los dos millones de residentes a sufrir cortes de luz de hasta 20 horas al día que aún continúan.

Tras diez años de control absoluto en Gaza y una división que múltiples intentos no consiguieron zanjar, Hamás aceptó en octubre con mediación egipcia devolver el mando del enclave a la ANP.

El primer ministro palestino, Rami Hamdala, se trasladó a la Franja en noviembre para escenificar la devolución del control de los ministerios y las fronteras.

También se acordaron compensaciones y perdón entre las familias de las víctimas de los violentos enfrentamientos de junio de 2007, cuando Hamás tomó el poder y expulsó a las fuerzas leales a Abás.

Pese a los avances, aún quedan los principales escollos entre las dos facciones, el más importante es la entrega de armas de los islamistas -tanto de la seguridad interior como de las milicias- y el futuro de los miles de funcionarios públicos contratados por Hamás a lo largo de esta década.

En diciembre, las diferencias se hicieron manifiestas y empezaron a oírse quejas de ambas partes: la ANP lamentando que no se finalice la transferencia de poder y Hamás reprochando que la ANP no levante las sanciones, mientras los dos millones de habitantes se sienten encerrados en un territorio masificado y con limitados recursos sin esperanzas de futuro.

Si la reconciliación se consolida, está por ver cómo reaccionará Israel ante un Gobierno palestino con participación de los islamistas, a quienes considera un grupo terrorista, al igual que la UE, EE.UU. y otros países.

Si se cumple lo acordado, los palestinos deberían celebrar elecciones el próximo 2018, tras no llevar a cabo las presidenciales desde 2005 y las generales desde el año siguiente (que ganó Hamás con mayoría absoluta).

En la calles palestinas prima el desencanto hacia el liderazgo político, de manifiesto durante la denominada Crisis de Al Aqsa, en julio, en la que masas de palestinos, encabezados por movimientos sociales y líderes islámicos, echaron un pulso a Israel por las medidas de seguridad en torno a la Explanada de las Mezquitas tras un ataque de tres árabe israelíes contra dos policías, a los que mataron antes de ser abatidos a tiros.

Tras semanas de tensión, los palestinos lograron que Israel se retractase y retirase las medidas extraordinarias de seguridad, que entendían como un cambio del statu quo.

Más que resistencia contra los detectores de metales, se trató de un fuerte rechazo a la soberanía israelí sobre esa parte de la ciudad, en territorio ocupado, en un año en que se cumplieron 50 del comienzo de la ocupación (tras la Guerra de los Seis Días), que Israel celebró por todo lo alto como el aniversario de lo que denominó "la reunificación de la ciudad".

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