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Internacional

Jacques Mourad, sacerdote sirio: "Si me hubieran decapitado, solo sería una víctima más de la guerra"

Mourad (Alepo, Siria, 1968) visitó el sábado Zaragoza, invitado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, para relatar sus 143 días de secuestro en Siria.

El padre Jacques Mourad, en la iglesia de Santa Engracia.
Jacques Mourad, sacerdote sirio: "Si me hubieran decapitado, solo sería una víctima más de la guerra"
Guillermo Mestre

En mayo de 2015, Jacques Mourad, prior del monasterio católico de Mar Elian, en Siria, fue secuestrado –"encarcelado", dice él– por el grupo yihadista Estado Islámico en Al Qaryataïne. Por delante quedaban casi cinco meses de cautiverio, que él logró superar gracias "a la oración", hasta que pudo escapar con la ayuda de un amigo musulmán.

¿Qué sintió cuando se lo llevaron?

Cuando alguien va a prisión es horroroso. Estaba en una celda aislada, aunque los primeros días estuve en las montañas. Yo fui una víctima de la guerra. Verá, en Siria hay prisiones del Estado Islámico, pero también del régimen de Bachar al Asad, y la mayoría de los presos no ha hecho nada malo. Los captores se valen de las víctimas para lograr dinero, para presionar a otros o para hacer intercambios.

¿Y por qué estuvo preso usted?

Por hablar en nombre de Dios y ayudar al pueblo sirio, tanto a los cristianos como a los musulmanes. Me secuestraron por hacer el bien a toda la comunidad. Y el Estado Islámico no podía aceptar que un infiel pudiera ayudar a un musulmán. Ellos consideraban que estaba allí para evangelizar. ¡Y es verdad, es mi trabajo!

Pero usted fomenta el diálogo interreligioso.

Fue una de las razones del encarcelamiento, estoy seguro, y resulta que las comunidades musulmanas de la zona me apoyaron, sostuvieron, defendieron... Creo que por eso no me decapitaron.

Pero sí le amenazaron con degollarle; de hecho, llegaron a ponerle un cuchillo en el cuello.

Me consideraban un infiel, decían que si no me convertía al islam, me degollarían.

En Occidente causan horror las imágenes de yihadistas decapitando rehenes.

Son imágenes duras y terribles, pero se están dando ahora mismo en Siria. En Europa solo se habla del Estado Islámico, pero el régimen también perpetra masacres. ¿Por qué no se habla de ellas?

¿Tuvo miedo?

Los primeros días, sí. Luego, gracias a la oración, volví a mi paz interior, a mi equilibrio. Soy realista, práctico. No soy el primero ni seré el último que ha estado o estará preso o secuestrado, ni como ser humano ni como cristiano. Las cárceles de Siria están llenas de prisioneros. ¿Quién soy yo? Solo uno de tantos. Si me hubieran decapitado, solo sería uno más de los cientos de miles de víctimas del conflicto. En esa prisión perdí mi libertad, pero experimenté una liberación interior que me permitió incluir a absolutamente todo el mundo en la oración.

¿También a sus captores?

Rezar me permitió pensar en todas las personas a las que quiero. Recé por la paz, por la conversión del mundo, y sí, también por ellos.

Después de muchos meses de alta exposición mediática, la guerra en Siria parece estar cayendo en el olvido.

Estoy aquí para recordar que el conflicto sigue vivo. Estoy harto de los medios de comunicación esclavos de los políticos, de las fuerzas mundiales, que esconden esa verdad. La gente que vive bajo los bombardeos es la que sufre y muere, no ellos.

Una de las consecuencias visibles del conflicto fue la llegada masiva de refugiados a Europa. ¿Cree que se les ha tratado bien?

A Europa llegan refugiados e inmigrantes de todo el mundo, pero los sirios no quieren ser desplazados, quieren vivir en paz en su país, y en vez de eso son obligados a irse, a pedir refugio. Europa está cometiendo un error con los sirios, principalmente por el silencio y la posición frente al régimen de Al Asad. Pero también por el cierre de las fronteras, que ha hecho que muchos mueran en el mar. Espero que la esencia humana cambie y los europeos abran sus fronteras y sus corazones. También los españoles.

¿Guarda rencor?

He perdonado, el perdón es parte natural de nuestra fe, sobrepasa al sentimiento de odio. Y he podido salir adelante gracias a Ayuda a la Iglesia Necesitada. Ellos me han salvado la vida.

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