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Ivanka modera el discurso de Trump

La hija del presidente y su marido, Jared Kushner, responsables de las frases más conciliadoras del mandatario ante el Congreso de EE. UU.

Ivanka al lado de la viuda del Navy Seal.
Ivanka al lado de la viuda del Navy Seal.
Reuters

Para un día tan especial como el del martes, en el que su marido daba por primera vez un discurso en el Congreso, la primera dama, Melania Trump, dejó a su hijo Barron con la 'baby sitter' y se desplazó hasta la Casa Blanca en su avión privado. Posaba fresca y deslumbrante en el Despacho Oval mientras el presidente firmaba la 'Ley para Inspirar a las Mujeres', que promueve su participación en proyectos científicos. A su lado, con aspecto cansado, se encontraba la impoluta Ivanka Trump, que a diario la sustituye en el papel ceremonial de mujer florero y hace doblete como asesora de su padre. El que las dos primeras leyes que firma sean para promover la igualdad femenina se debe a ella y no iba a perderse la consumación por que la primera dama estuviera en la Casa Blanca.

La hija favorita del mandatario se ha propuesto utilizar su voz para suavizar los renglones torcidos que escriben los siniestros asesores del presidente Steve Bannon y Stephen Miller, abiertamente decididos a "desmantelar el Estado". A ellos les encargó Trump el esqueleto del discurso más celebrado que haya dado hasta el día de hoy, en el que Ivanka y su marido deslizaron las frases más conciliadoras. Convertida al judaísmo para poder ser la esposa de un judío ortodoxo, Ivanka y Jared Kushner fueron responsables de que Trump empezase este discurso condenando rotundamente los ataques a cementerios judíos. "Podemos ser una nación dividida en política, pero estamos unidos para condenar el odio y el mal en todas sus formas", leyó Trump nada más empezar.

Se había pasado el día ensayando en un 'teleprompter' que le instalaron en el despacho Oval, armado del inseparable rotulador con el que acribilló 17 de las 18 páginas que le habían preparado, mientras unos y otros entraban y salían del despacho cumpliendo sus órdenes, aportando nuevas frases y reimprimiendo el borrador. Según la web 'Político', la versión final no estuvo lista hasta las 6.30 de la tarde, dos horas y media antes de entrar en el Capitolio.

Por el camino, los fotógrafos le retrataron con los papeles en la mano ensayando en la limusina. Horas antes había dado señales a presentadores de televisión de que las condiciones para una reforma migratoria ya estaban dadas, pero se quedó en los buenos deseos de que republicanos y demócratas "trabajen juntos". El presidente escucha muchas voces y la que ha convertido a los inmigrantes sin papeles en cabeza de turco de los peores crímenes sigue encontrando eco.

Trump sostiene que EE. UU. ha protegido las fronteras de otros países "mientras dejábamos las nuestras abiertas de par en par para que las cruzase cualquiera y entrasen las drogas a un nivel sin precedentes". En realidad, la cantidad de cocaína incautada en la frontera el año pasado es la mitad que el anterior y el flujo de inmigrantes sin papeles se considera el segundo más bajo desde 1972. Solo con resolver este problema sobredimensionado Trump promete "subir los salarios, ayudar a los parados, ahorrar miles de millones de dólares y hacer más seguras nuestras comunidades".

Su hija no parece tener interés en este aspecto. Pretende evitar que su padre quede como un racista y aprovechar su influencia para convertirse en adalid de las mujeres, un sector electoral en el que Trump arrastra un gran déficit. A ella, "una gran persona que siempre me empuja para hacer lo correcto", tuiteó cuando Nordstrom retiró su línea de ropa, se debe su propósito de hacer accesible las guarderías infantiles, lograr bajas de maternidad pagadas, invertir en la salud femenina y "promover aire limpio y agua limpia". Esta última promesa era especialmente cínica, porque entre tachón y tachón ese día había firmado una orden ejecutiva para anular las regulaciones de la Agencia de Protección Medioambiental que limitan la contaminación de los acuíferos.

La viuda del Navy Seal

Mientras hablaba del "nuevo espíritu americano", Ivanka, ahora sí perfectamente acicalada y de diseño, apretaba la mano de la viuda del Navy Seal que murió en Yemen durante la primera operación militar del presidente. Ryan Owen dio la vida por su patria en una operación "altamente exitosa" y su esposa la intimidad de su dolor, para mayor gloria del presidente. "¿Estás bien?", le preguntaba continuamente Ivanka, que acompañó a su padre a ese primer funeral en la base de Dover. No, no lo estaba. "Su discurso no puede estar más lejos de la realidad", suspiró el líder demócrata del Senado Chuck Schumer cuando le preguntaron por las palabras de Trump. "Da igual lo que diga".

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