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Internacional

Srebrenica, 20 años después

La aldea de Srebrenica se reúne cada mes de julio para despedir durante tres días a sus seres queridos, asesinados en la guerra de Bosnia-Herzegovina.

La aldea de Srebrenica corona un gran valle de lágrimas donde cada mes de julio decenas de miles de personas se concentran durante tres días para despedir a sus seres queridos, asesinados en una gran orgía de violencia hace 20 años por las fuerzas serbobosnias al mando de Radovan Karadzic y del general Ratko Mladic , detenidos respectivamente en 2008 y 2011 y juzgados en el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia de la Haya por genocidio y crímenes de lesa humanidad en un largo proceso que podría concluir en 2020.

Todo empezó el 11 de julio de 1995, tres años y tres meses después de iniciarse la guerra de Bosnia-Herzegovina, la más larga y mortífera de las cinco que desintegraron la antigua Yugoslavia. Decenas de miles de desplazados se habían refugiado en el enclave de Srebrenica protegido por la ONU por orden de las resoluciones 819, 824 y 836, dictadas por el Consejo de Seguridad entre 16 de abril y el 4 de junio de 1993.

La población fue obligada a abandonar sus casas y a dirigirse a pie a la fábrica de Potocari, a unos cinco kilómetros de Srebrenica, donde se encontraba el cuartel general del batallón militar holandés desplegado para hacer cumplir el mandato internacional y evitar el asalto de las fuerzas serbobosnias.

Los soldados serbobosnios firmaron imágenes propagandísticas, ofrecieron chocolatinas a los niños y empezaron a separar a hombres en edad militar de mujeres y niños. Entre las imágenes más obscenas destacan aquellas que muestran al general Ratko Mladic acariciando los rostros de menores bosnios y brindando con el teniente coronel holandés Thomas Karremans.

Entre 8.372 víctimas -incluidos algunos centenares de niños y un puñado de mujeres, según cifras oficiales de la Comisión Internacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas (ICMP)- y 10.500, dato barajado por la organización Madres de Srebrenica, desaparecieron durante los días posteriores a aquel aciago 11 de julio de 1995.

El acuerdo de paz de Dayton, firmado en diciembre de 1995, ordenó la búsqueda de los 30.000 desaparecidos del conflicto armado, su identificación y la entrega de los restos a sus familiares en un gran proyecto que ya dura dos décadas.

Encontrar a los desaparecidos

Lo primero que hizo la ICMP fue crear un banco de sangre en el que se acumulan noventa mil muestras de ADN de familiares de las decenas de miles de desaparecidos. Al mismo tiempo empezó la búsqueda de las fosas clandestinas donde fueron enterradas las víctimas después de ser asesinadas.

Algunas fosas fueron removidas por los propios verdugos después de la guerra y los restos fueron desperdigados en fosas secundarias con el fin de obstaculizar la investigación y destruir pruebas de los crímenes. Centenares de esqueletos han sido encontrados fraccionados y diseminados en diferentes lugares. Unos 500 cuerpos identificados no han sido entregados a los familiares a la espera de ser completados.

Los miles de cuerpos exhumados fueron guardados en grandes naves en ciudades bosnias como Tuzla y Sanski Most. Gracias a estas pruebas de ADN a programas de alta tecnología, 15.000 personas han sido identificadas desde noviembre de 2001. La identidad de otras 3.000 fue posible utilizando métodos tradicionales. Otros restos jamás podrán ser identificados porque toda la familia fue aniquilada y no existen muestras de ADN o por la mala conservación de los huesos.

En abril de 2003 se abrió el Memorial Centre Potocari, un cementerio situado a escasos metros de donde se produjo la separación traumática de los varones en julio de 1995 y enfrente del antiguo cuartel general del batallón holandés. Las primeras 603 víctimas, entre las que destacaban dos adolescentes de 15 años y un anciano de 76 años, fueron enterradas en dos funerales masivos.

El camposanto fue habilitado para enterrar a 10.000 bosnios, la totalidad de los ejecutados durante la matanza de Srebrenica. El número de entierros individuales ya ha superado los 6.000, incluidos los de una decena de mujeres, un único católico, Rudolf Hren, enterrado en 2010 y el más joven, un bebé de un mes, en 2013. Hay un mausoleo preparado para enterrar de forma individual los restos que no se logren identificar.

En los acuerdos de paz de Dayton se establecieron dos entidades para gobernar el país. Srebrenica quedó bajo el mandato del gobierno serbio de Bosnia. Tanto su policía como su ayuntamiento son serbios.

Algunas decenas de musulmanes sobrevivientes regresaron a partir de 2000, la mayoría al carecer de otro lugar donde vivir y a riesgo de cruzarse en la calle con personas que participaron en la masacre de sus seres queridos.

También se trasladaron al lugar centenares de serbios que huyeron de la Krajina croata en agosto de 1995, otro brutal episodio de limpieza religiosa en la antigua Yugoslavia, o de zonas de Bosnia-Herzegovina que quedaron bajo el gobierno de la Federación croata-musulmana. Pero muchos ya se han marchado a Serbia.

Las permutaciones de casas, que han funcionado bien en otras zonas del país, no han tenido tanto éxito aquí. Los musulmanes no han querido cambiar sus propiedades y los serbios tampoco se han interesado. Los más optimistas creen que es posible que una nueva etapa se inicie cuando todos los muertos estén identificados y enterrados en Potocari.

Cada año la empresa que dirige el cementerio de Visoko, el más moderno de Bosnia-Herzegovina con precios especiales para enterrar a personas de todas las confesiones y que incluye una parte reservada a los ateos, se encarga de amortajar los cuerpos y su traslado a Potocari.

El embalaje es un sencillo ataúd de madera donde colocan los huesos, las ropas y las pertenencias de la persona identificada envueltas en un sudario blanco. Cada ataúd es cubierto por un tapete verde, el color del islam.

Varios camiones transportan cada 9 de julio los ataúdes desde Visoko hasta Potocari. Es un largo viaje con paradas en Sarajevo, la capital bosnia que sufrió un brutal cerco de tres años y medio, y Pale, la capital de los criminales y radicales serbios que dirigieron la matanza. El convoy fúnebre es acompañado cada año por familiares, motoristas y periodistas y atraviesa toda la entidad serbia hasta llegar a su destino final.

Hasta hace pocos años eran habituales los incidentes a pesar del fuerte dispositivo de seguridad. Los vehículos que transportaban a los familiares eran atacados y los insultos eran continuos. En julio de 2005 fueron encontrados dos artefactos cargados con 35 kilos de explosivos preparados para ser activados muy cerca del Memorial Center en Potocari.

El Tribunal Penal Internacional de La Haya ha enjuiciado y condenado a varios responsables de la matanza de Srebrenica. La primera sentencia fue dictada en noviembre de 1996 contra Drazen Erdemovic, de 25 años, un soldado croata que combatió en las filas serbias, y que fue condenado a diez años de cárcel por participar en la matanza de unos 1.200 musulmanes en una granja cercana a Srebrenica.

Condena por genocidio

En marzo de 2000 dio inició el juicio contra el general Radislav Krstic, el comandante en jefe de la unidad militar conocida como Los lobos del Drina. La mayoría de sus 15.000 soldados participaron en la matanza. El fallo de La Haya contra Krstic, condenado a 46 años de cárcel, supuso la primera condena por genocidio en la historia de Europa.

En 2010 fueron detenidos ocho policías serbios después de que el tribunal de La Haya y dos televisiones de Belgrado presentasen un vídeo en el que se mostraba la ejecución de seis musulmanes maniatados.

En abril de 2015 la Cámara de Apelaciones del Tribunal Penal Internacional ha confirmado la cadena perpetua por genocidio y crímenes contra la humanidad en Srebrenica para el ex general Zdravko Tolimir, el lugarteniente del jefe militar serbobosnio Ratko Mladic .

Coincidiendo con esta sentencia, las autoridades de Serbia detuvieron a ocho antiguos miembros de una unidad especial de la policía serbobosnia sospechosos de participar en el traslado de un millar de musulmanes en 15 autobuses desde Srebrenica hasta la localidad cercana de Kravica, y de asesinarlos con disparos a quemarropa y granadas.

La ONU tardó cuatro años en admitir su culpa en lo que definió como «uno de los más grandes y dolorosos errores de toda su historia» y describió lo ocurrido como el peor crimen en Europa desde 1945, fecha en que concluyó la Segunda Guerra Mundial. Holanda esperó siete años hasta que a finales de 2001 presentó su informe oficial en el que responsabilizaba a la ONU de no haberse implicado en la salvación de los civiles. El documento señalaba que los soldados holandeses no estaban en condiciones de resistir al ejército serbobosnio, superior en hombres y armas, y tuvieron que colaborar en la evacuación de los civiles para evitar más muertes, aunque reconoció que esa decisión desató la tragedia.

El informe acusó al Gobierno holandés de irresponsable por tomar la decisión de participar en la defensa de Srebrenica «a la ligera», mezclando «razones humanitarias con ambiciones políticas» y a la cúpula militar holandesa le atribuyó una mayor preocupación por defender el honor y el comportamiento de sus soldados en Srebrenica que por aclarar el nivel de responsabilidad. El primer ministro de Holanda y el jefe del Ejército de Tierra dimitieron tras conocerse el contundente informe.

Cada mes de julio miles de personas se reúnen para despedir durante tres días a sus seres queridos, asesinados en una gran orgía de violencia por las fuerzas serbobosnias.

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