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Tragedia en Brasil

Una ciudad entera saca fuerzas para enterrar a sus jóvenes

En medio de un ambiente de conmoción, los habitantes de la ciudad brasileña de Santa María comenzaron a sepultar a las jóvenes víctimas del incendio de la discoteca Kiss.

Manuel Pérez Bella Santa María Actualizada 28/01/2013 a las 20:30
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Dramas familiares, fatalidades e historias de heroísmo afloraron en esta ciudad del sur de Brasil en la luctuosa jornada de despedida de las primeras víctimas del incendio de la discoteca Kiss, que la madrugada del domingo se cobró 231 vidas y dejó 112 heridos. 

Sin reponerse todavía del impacto inicial de la tragedia, los habitantes de esta próspera ciudad de 261.000 habitantes en el estado de Río Grande do Sul sacaron fuerzas del dolor para sepultar a los suyos, en su mayoría jóvenes universitarios, en la jornada más triste de la que tengan memoria.

El Cementerio Ecuménico Municipal y el Parque Jardim Santa Rita abrieron sus puertas desde primera hora de la mañana para recibir a más de medio centenar de víctimas del incendio, en una procesión interminable de féretros seguidos por familiares, amigos y conocidos desgarrados por la tragedia.

La mayoría de los fallecidos bordeaba los veinte años de edad y al menos un centenar de ellos estudiaba en la Universidad Federal de Santa María (UFSM), según confirmó hoy esa institución.

Entre las historias conmovedoras que circulaban por los cementerios estaba la del soldado Leonardo de Lima Machado, de 26 años, que fue enterrado con honores militares porque murió al tratar de salvar personas atrapadas en la discoteca.

Lima Machado consiguió escapar con vida de las llamas que se apoderaron del recinto, pero volvió a entrar dos veces en el local y en la segunda, quedó atrapado y falleció junto a otras 230 personas.

"Sacó a su novia, la dejó en la acera de enfrente y volvió a entrar para ayudar a otros", explicó a Efe el cabo Gilmar Geison Buscher, compañero de Machado en el primer regimiento de carros de combate del Ejército.

Buscher describió a su compañero como "un ejemplar profesional y un tipo excelente", mientras que varios de sus colegas agregaron que era ante todo "un camarada".

Además del soldado Lima Machado, otros siete militares, la mayoría de ellos de la Base Aérea de Santa María, perecieron en esta catástrofe, que es la peor de su tipo en más de medio siglo en Brasil.

Santa María es también sede de un centro de entrenamiento de blindados y alberga a cerca de 17.500 miembros del Ejército y 1.500 de la Fuerza Aérea.

El ministro de Defensa, Celso Amorim, divulgó hoy un comunicado en el que expresa su "inmensa conmoción y dolor" por la tragedia, "entre cuyas víctimas se cuentan militares del Ejército y de la Fuerza Aérea".

La catástrofe golpeó por partida doble a dos familias, cada una de las cuales perdió dos hijos en el incendio.

Los hermanos Marcello y Pedro Salla, de 20 y 17 años, estudiantes de Derecho y Agronomía respectivamente, habían conseguido a última hora entradas para la discoteca y no pudieron escapar de las llamas.

Ambos fueron sepultados hoy en el Cementerio Municipal por familiares y amigos de la Universidad Federal de Santa María (UFSM), quienes contaron que Marcello, el mayor, ganó un ingreso para dos personas para el área VIP de la discoteca y decidió acudir en compañía de Pedro, el menor.

Al igual que los Salles, la familia Farias Brissow, de la localidad de Itaqui, también fue golpeada doblemente por la catástrofe. Las hermanas Andressa Thalita y Louise Farias Brissow, la primera estudiante de la Facultad de Derecho de Santa María (Fadisma) y la segunda de la UFSM, perecieron en el incendio, según las autoridades.

También hoy fue sepultado Silvio Beurer Filho, miembro de un "piquete", como se denomina a los grupos que preservan la tradición de los gauchos, los jinetes de Río Grande do Sul y de toda la región de la pampa.

Beurer Filho, de 31 años, estudiante de agronomía y ganadero, era patrón en una hacienda familiar en la localidad de São Pedro do Sul y muy querido entre sus compañeros del "piquete" Junção dos Cascos, que acudieron al sepelio a lomos de sus caballos, vestidos con sus ropas y sombreros tradicionales, sin poder contener las lágrimas.

Durante el velatorio, el féretro fue cubierto con la bandera del estado de Río Grande do Sul y sobre ella se depositó su sombrero de gaucho y sus gafas de sol, mientras que un acordeón fue puesto al lado y, en la cabecera, una enorme foto de Silvio montado sobre su caballo observando la inmensidad de la pampa.

Familiares y amigos de los fallecidos han convocado para la noche de una misa en la plaza Saldanha Marinho, en el centro de la ciudad, después de la cual se realizará una marcha en memoria de las víctima de esta tragedia que ha enlutado a Brasil. 




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