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Internacional
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La huida de Depardieu

El santuario de Obélix

Un pueblo perdido de Bélgica acoge un inusual número de millonarios. Allí viven los dueños de Alcampo, Decathlon, leroy-Merlin y, ahora, Gererd Depardieu. Todos huyen de la Hacienda gala.

 De Hollande a Bélgica. Es la gran evasión (fiscal). Los ricachones franceses huyen del afán recaudatorio socialista. Gérard Depardieu es el último y más destacado protagonista de la versión pudiente del éxito de taquilla 'Bienvenidos al Norte', genuino cine de evasión. El actor y empresario ha focalizado las miradas en Néchin, insospechado paraíso para millonarios sin fronteras. A tiro de menhir de Francia, este pueblo de mala muerte y buena vida elegido como refugio por el intérprete de Obélix se ha convertido en el santuario del exilio dorado. Allí se ponen desde hace años a buen recaudo de las oficinas de impuestos galas los dueños y herederos de firmas tan conocidas como Auchan (Alcampo), Decathlon, Leroy-Merlin, Midas o Pimkie.

Néchin es una pedanía de Estaimpuis, el municipio más francés de Bélgica pues el 27% de sus 10.000 habitantes tienen pasaporte del país vecino. No todos ellos son ricos, ni mucho menos. La mayoría son funcionarios y profesionales de las cercanas Roubaix y Lille que disfrutan de los acuerdos europeos para los ciudadanos transfronterizos. Los atractivos precios inmobiliarios permiten a estos franceses de clase media vivir en una casa con jardín a diez minutos del trabajo. La proliferación de placas de matrícula galas delata su presencia en este confín de Valonia, la región francófona del país de los belgas.

Los expatriados millonarios copan la avenida de la Reina Astrid, una alegoría urbanística de la lucha de clases. A la izquierda, una hilera de modestas casas de ladrillo como las que enrojecen las depauperadas barriadas obreras al otro lado de la frontera. A la derecha, los chalés de reciente construcción de la familia Mulliez, propietaria del grupo Auchan y tercera fortuna de Francia. El más cercano a la invisible línea divisoria entre los dos países, situado a menos de un kilómetro en el número 1 bis, pertenece a Geneviève Mulliez-Gras. Es una de la decena de mansiones burguesas en manos de los miembros del clan asentados en la zona.Sin ventanas a la carretera, los caserones están disimulados tras altas cercas y setos vegetales impecablemente podados con estricta geometría a la francesa. Aquí el exiliado fiscal ama la discreción y es poco amigo de la ostentación.

En la 'calle de los Mulliez', como se conoce popularmente a la gran vía de la evasión, no hay riesgo de ser atropellado por un Jaguar o un Lamborghini pues lo que abundan son los Audi y los Golf. Ningún nombre figura en los portalones, vigilados por cámaras de vídeo, ni en los buzones.

Los expatriados franceses disfrutan de la ausencia de impuestos sobre el patrimonio o las grandes fortunas. Tampoco tributan las plusvalías obtenidas por la cesión y venta de cartera de valores ni las donaciones y las ventas de los inmuebles. Valga el ejemplo del centro de coordinación de Auchan, instalado en Bruselas, que declaró en 2011 un beneficio de 114,77 millones de euros y solo pagó en impuestos 11.967 euros, un 0,01%, según el diario comunista 'L'Humanité'.

La 'vox populi' sitúa la nueva cueva de Obélix en la mansión del número 90 de la avenida porque es la única del pueblo que tiene helipuerto. Residencia de Patrick Mulliez, fundador de la firma de ropa Kiabi e hijo de Gérard, el patriarca de Auchan, su lujo está más en consonancia con el personaje que la casa de la Vieja Aduana, señalada como el domicilio de Depardieu enotas informaciones no confirmadas.

Cuesta imaginar que el actor se haya mudado a ese gris y amorfo caserón, eso sí con piscina, desde el deslumbrante hogar que ha puesto a la venta por 50 millones de euros en el centro de París. Con un total de 1.800 metros cuadrados de superficie habitable, el complejo inmobiliario incluye el palacete de Chambon, monumento histórico construido en 1820 por el barón del mismo nombre, además de un enorme loft de tres pisos con ascensor, piscina interior, hammam y termas en el sótano.

Hay quien no se termina de creer que Depardieu, conocido por su apego a los placeres de la buena vida, haya elegido un pueblo que como única diversión tiene un bar, por mucho que se llame L'Amitié (la amistad). Es el caso de Bertrand Marot, un asesor fiscal de Bruselas que aconseja a numerosos franceses que se instalan en Bélgica, quien ha declarado al periódico 'Le Figaro' que «Néchin parece un entierro de primera clase para una figura del mundo del espectáculo». Es una forma amable de decir que tener que vivir al menos 183 días al año por esos lares para justificar la residencia representa lo más parecido a morirse de asco.

Lo más alegre del lugar es sin duda su alcalde. Daniel Senesael es un tipo curioso y excéntrico que circula al volante de un coche con su rostro sonriente reproducido a gran tamaño en la carrocería. Amante del teatro y la pintura, le gusta vestir estrafalarios trajes de colores chillones. En internet circula un vídeo en el que termina cantando en calzoncillos una canción titulada 'Todo desnudo y bronceado' en una fiesta con los empleados municipales.

«Ha buscado un rincón rural, campestre y bucólico», asegura el diputado valón y burgomaestre socialista de Estaimpuis desde 1994. «Quería dejar la ciudad y ha apreciado nuestro paisaje. También le ha gustado el contacto con la población y la dimensión fronteriza», argumenta el mandatario.

Senesael está encantado por la publicidad gratuita brindada con la incorporación del actor al éxodo de contribuyentes franceses hacia Néchin. «Eso no me causa ninguna preocupación. Pillan bellas casas y eso supone buenas tasas para el municipio», afirma antes de reconocer el inconveniente del extraordinario aumento del precio de la vivienda y del suelo urbanizable. «Cuando fui elegido burgomaestre hace 18 años, el terreno se vendía a 12,50 euros el metro y ahora se negocia entre 160 y 200 euros», expone.

Los especialistas constatan que el fenómeno se ha acentuado con la llegada de François Hollande al Elíseo en mayo. La culpa es del cumplimento de la promesa socialista de crear un tipo marginal del 75% para los ingresos superiores a un millón de euros, punto estelar en el programa del candidato que pregonaba «no me gustan los ricos». «Es verdad que desde hace seis meses tenemos muchas más demandas de casas de alta gama por parte de franceses», confiesa Jean-Michel Reheul, responsable de la única agencia inmobiliaria de Néchin.

Otros colegas de la región matizan que el grueso de las peticiones no corresponde a gentes acaudaladas. «Los que vemos llegar son artesanos, comerciantes o profesionales liberales que vienen a Bélgica para no tener que pagar el impuesto sobre las plusvalías realizadas por la venta de sus negocios», observa Jean-Noël Marquebreucq, con agencia en la ciudad vecina de Tournai. «Para nosotros es una buena noticia pues significa que es un fenómeno estructural y duradero», dice mientras se frota las manos.

Sin embargo, en el lado francés de la frontera se cree que la moda será pasajera. Natahalie Forest, gerente de una agencia inmobiliaria en Lille, cuenta que antes de las vacaciones de verano recibió muchas consultas de ricos clientes que querían vender sus mansiones para expatriarse. «Pero la excitación fue de corta duración», puntualiza antes de ofrecer una explicación femenina: «Las mujeres se deprimen en esos pueblos belgas y al cabo de un año se quieren volver».

Fernando Iturribarría

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