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Internacional

Del bikini a la guerra: un descorazonador viaje fotográfico a Mogadiscio

La exposición "Mogadiscio ahora y entonces: Un homenaje fotográfico a la ciudad más herida de África", inaugurada en Nairobi, muestra el esplendor devorado por la guerra.

Pedro Alonso. Nairobi Actualizada 07/06/2012 a las 09:10
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Aunque parezca mentira, Mogadiscio fue una hermosa y cosmopolita ciudad con discotecas, chicas que iban a la playa en bikini y elegantes bulevares hasta 1991, cuando estalló la guerra que ha destruido, desde entonces, la capital de Somalia.

Entre los edificios devastados por las bombas que abundan en el paisaje urbano de Mogadiscio aún se avistan las ruinas de joyas arquitectónicas que evocan una belleza ya marchita.

Pero hay que visitar una exposición titulada "Mogadiscio ahora y entonces: Un homenaje fotográfico a la ciudad más herida de África", que se inauguró esta semana en la sede de la Alianza Francesa en Nairobi, para hacerse una idea del esplendor devorado por la guerra.

Unas cuarenta instantáneas, unas en color y otras en blanco y negro, sumergen al espectador en un didáctico viaje fotográfico que, vistas las cicatrices del conflicto, resulta también descorazonador.

"La idea es mostrar que Mogadiscio no es sólo hambruna y terrorismo. Muchos habitantes de Mogadiscio son jóvenes que tienen menos de 20 años y no saben que era un ciudad muy bonita", dijo la escritora y periodista keniana Rasna Warah.

Warah viajó en 2011 a la capital somalí para captar con su cámara "una ciudad destrozada", de donde salió "conmocionada" pero con impactantes fotografías que ilustran esa realidad en la exposición de Nairobi, abierta al público hasta el próximo 24 de junio.

Las fotos prebélicas proceden de la colección de Mohammud Diriye, exdirector del Museo de Mogadiscio, que salvó las imágenes de la guerra civil desencadenada en 1991 tras el derrocamiento del dictador Mohamed Siad Barre, que había usurpado el poder en 1969.

A partir de ahí, la ciudad sucumbió a la lucha encarnizada de caudillos militares e insurgentes islamistas. "¡Ese es mi museo!", exclama Diriye, exiliado en Estados Unidos con la diáspora somalí, al apuntar con el dedo a una foto de un vistoso edificio rectangular almenado de color blanco, con un pequeño cañón histórico en la entrada a la sombra de unas palmeras.

"Lo destruyeron todo. No quedó un sólo objeto cultural", declara  el exdirector, al puntualizar que "el edificio todavía se mantiene en pie, pero necesita restauración".

Antes de la guerra, Mogadiscio ya había vivido una larga historia, pues surgió en el siglo X con asentamientos de mercaderes árabes y persas.

Durante centurias, la ciudad -cuyo nombre significa "el trono del shah (rey de Persia)"- floreció como dinámico centro comercial administrado por sultanes en la costa del Océano Índico hasta finales del siglo XIX, cuando quedó bajo control de Italia, que creó la "Somalia Italiana" hasta la independencia del país en 1960.

Los italianos dieron un toque mediterráneo a la ciudad, donde resplandecían los minaretes de mezquitas de estilo árabe, y construyeron refinados bulevares que se llenaron de automóviles de la marca italiana Fiat, arcos de triunfo, parques y malecones.

Uno de los monumentos emblemáticos de la época italiana fue la catedral gótica, cuyas dos imponentes torres dominaban Mogadiscio, como prueba una imagen de los años setenta del pasado siglo.

Sin embargo, otra foto evidencia que la catedral -donde fue asesinado en 1989 Salvatore Colombo, último obispo de Mogadiscio- es actualmente una raquítica estructura pétrea que presagia un derrumbe, aunque ese riesgo no parece importar a los desarrapados que huyen del hambre y buscan refugio entre sus maltrechas paredes.

"Es muy triste", comenta la microbióloga Carla Zanoli, de 59 años, que pasó su juventud en la ciudad y hoy es "una nostálgica del pasado" que no olvida la "mágica puesta de sol" de Mogadiscio.

Según la científica, la capital somalí era antes del conflicto un lugar muy "tolerante", como sugiere una foto en la que guapas muchachas en bikini toman el sol en la playa de Lido frente al rompeolas del Índico.

"Eso -cuenta Zanoli- no era problema. Se podía andar por la calle en pantalón corto".

Esa libertad -señala Diriye- también permitía a los capitalinos mover las caderas en "pequeñas discotecas" que alegraban la urbe.

"Solíamos bailar, sí. Bailábamos chachachá, merengue, twist, rock and roll. Teníamos ese tipo de música. Éramos parte de la civilización", relata el exdirector del museo, que sueña "cada noche" con poder regresar un día a su país.

Incluso, "se podía pasear de noche sin miedo, algo impensable hoy", dice Zanoli en alusión a la amenaza del grupo radical islámico Al Shabab, que combate al débil Gobierno de transición somalí y las tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM).

Tras el paso por Nairobi, los organizadores quieren llevar la muestra a Mogadiscio para "que la vean las futuras generaciones de somalís y descubran su rico patrimonio cultural", según Warah.

Eso sí, puntualiza la escritora, la exposición sólo viajará a la capital somalí si, entre las ruinas de la ciudad, "es posible encontrar un edificio que pueda albergarla"




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