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Según declara un amigo suyo

Breivik niega que se operara la nariz para parecer más ario

El autor confeso de los atentados en Noruega aseguró que quiso proteger a sus amigos contándoles historias falsas a modo de tapadera.

El ultraderechista Anders Behring Breivik, a la izquierda
Breivik niega que se operara la nariz para que pareciese "más aria"
AFP

El ultraderechista Anders Behring Breivik, autor confeso de los atentados del 22 de julio de 2011 en Noruega, negó haber sufrido una depresión, como declararon en el juicio contra él varios de sus amigos, y aseguró que quiso proteger a estos contándoles historias falsas a modo de tapadera. 

"Cuando sufrí esa supuesta depresión, tenía una fortuna para vivir un año, lo que muestra que no estaba deprimido", explicó Breivik sobre la época en que se fue a vivir con su madre y se aisló de sus amistades, según la televisión pública noruega NRK.

El extremista de 33 años resaltó que se tomó un año sabático para centrarse en jugar por internet y en acabar su manifiesto, algo que se puede comparar con "un viaje en barco o un viaje para jugar al golf", y que fue un "privilegio" que gozó sobremanera.

"World of Warcraft", el juego de guerra del que era un gran seguidor, fue una "tapadera", y se hizo pasar por "ludópata" de forma intencionada, por lo que se mostró comprensivo con la impresión causada en sus amigos.

"Les he contado lo que quería que supieran. Les conté una tapadera para protegerlos. No quería incriminarlos. Si lo hubiera hecho, estarían hoy sentados aquí conmigo", afirmó.

De ahí que estos creyeran que viajó a Liberia en 2003 para comprar diamantes y no para entrevistarse con un criminal de guerra serbio, o que su visita a Bielorrusia más tarde fue para reunirse con una mujer y no con grupos de ultraderecha, explicó.

Breivik aceptó que la operación de nariz que se hizo fue por motivos estéticos, pero también por los daños que sufrió al ser agredido por un inmigrante, una versión no corroborada por ninguno de los cuatro amigos que testificaron y que pidieron hacerlo sin él en la sala.

Pero negó haberse operado para tener una nariz "más aria", como declaró un amigo de la infancia.

"Nunca he usado la palabra ario en mi vida, está vinculada a una ideología que no apoyo", dijo Breivik, que se declaró "antinazi".

Del mismo modo rechazó haber usado "maquillaje", aunque sí una crema para tapar el acné, o ser "femenino", como apuntó ese testigo.

Otro de sus amigos relató que el día que cumplió 30 años fueron a buscarlo a casa de su madre y que él rehuyó el contacto, pero Breivik aseguró que ese episodio había ocurrido otro día y que sí celebró su aniversario en un restaurante con sus amistades.

Breivik, quien denunció los supuestos intentos de la Fiscalía por "ridiculizarlo", negó haberse vuelto menos sociable con el paso de los años y aclaró que era social "a través de internet".

A pesar de que apuntaron a una deriva de Breivik en los últimos tiempos y mostraron su preocupación por su aislamiento progresivo, los cuatro amigos que declararon ofrecieron una imagen positiva del acusado, rechazando que fuera una persona violenta o racista, aunque sí preocupada por la "islamización de Europa" en los últimos años.

Su mejor amigo, a quien conoció en la Escuela de Negocios, lo definió como "abierto, honesto y leal", alguien que se entregaba "al 110 por cien" en las cosas que le interesaban, aunque también terco y vehemente a la hora de defender sus opiniones.

La exnovia de éste, que mantuvo contacto cercano con Breivik, también trazó un perfil de alguien "abierto, sociable y agradable", aunque coincidiendo con su aislamiento, señaló que pareció "perder la chispa de la alegría", una expresión similar a la usada por otro testigo.

"No sé de qué hablaban los otros chicos, pero yo le dije a mi exnovio que creía que estaba enfermo, que era un ludópata y que debería recibir ayuda", dijo la joven de 27 años, que lloró durante su testimonio, según medios digitales noruegos.

El juicio continuará mañana con la comparecencia de varios investigadores policiales que describirán la situación económica, los viajes y la ideología de Breivik durante los últimos diez años.

Breivik hizo estallar el 22 de julio una furgoneta bomba en el complejo gubernamental de Oslo, causando la muerte a 8 personas.

Justo después se trasladó en coche a la isla de Utøya, al oeste de la capital, donde asesinó a otras 69 personas, la mayoría asistentes al campamento de las Juventudes Laboristas.

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