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Gastronomía

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Restaurante

Entre Libros y Pucheros, cocina sin prisas como bandera

Con una discreta mirada a las formas de hacer del pasado se presenta esta casa de comidas, recuperando y actualizando el recetario tradicional en Zaragoza.

Aarón Chamarro y Esther Alonso, en la sala del restaurante Entre Libros y Pucheros, de Zaragoza
La cocina sin prisas como bandera
ALMOZARA

Un rincón muy especial, discretamente ubicado, es el que ha creado Esther Alonso después de haber pasado por unos cuantos restaurantes zaragozanos y haber acumulado experiencia en Fuerteventura. A su proyecto, que apenas lleva un mes de rodaje, le ha querido dar un aire especial, por el nombre –Entre Libros y Pucheros se llama– y por el tipo de local del que estamos hablando, que se define como una casa de comidas y no como un restaurante. 

Todavía se encuentra Esther en la fase de encajar todas las piezas del negocio, de definir completamente el rumbo de su propuesta, pero las bases son sólidas y se asientan en la idea de poder comer como en casa, de cuidar al detalle esa cocina hecha sin prisas, con tiempo, que cada vez resulta más difícil de poner en práctica. Un planteamiento que empieza ya en los desayunos, renunciando a la bollería industrial y apostando por bizcochos, torrijas y rosquillas caseras; mermeladas y mantequillas artesanas, o tomate natural y aceite de oliva virgen extra para untar en el pan payés que se ofrece.

Al local se le ha sacado mucho partido. Es luminoso, acogedor y muy bien ambientado; moderno y clásico a la vez, con espacios tan especiales como el Rincón de la Abuela, donde se muestra un catálogo de libros antiguos de los que han salido y saldrán algunas de las recetas actualizadas que se irán incorporando a los menús y a la carta.

Esa es la idea, ofrecer, por ejemplo, una versión de los duelos y quebrantos del Quijote, es decir, aquellos huevos con tocino y patatas, pero adaptados al siglo XXI; sacar el puchero y preparar en él, sin prisas, unas lentejas con sofrito de jamón o elaborar un marmitako de atún. Este tipo de propuestas son las que encajan en la carta de este local e irán cambiando en función de la estación del año, adaptándose a la temporada y entendiendo el recetario como un instrumento susceptible de ser actualizado y revisado.

Al margen de la carta, que irá creciendo con el tiempo, tres son los menús que se ofrecen cortados por el mismo patrón: cocina tradicional puesta al día. En el de mediodía se ofrecen cuatro primeros (una ensalada, una receta de verdura, un plato de legumbre, arroz o pasta, y una crema, fría en verano y caliente en invierno, como la de calabaza especiada) y, entre los segundos, al menos una carne y un pescado se presentan a la parrilla o a la plancha. En este menú (12,50 euros) se incluye un vino interesante: elAldeya de Aylés elaborado con cuatro varietades.

Una fórmula cada vez más extendida en la restauración es la del plato del día o menú exprés (7,50 euros), que en Entre Libros y Pucheros permite elegir uno de los platos del menú del día, e incluye la bebida y el café. La tercera posibilidad es la de la carta a precio cerrado (20 euros) pensada para las noches que abre el establecimiento (viernes y sábados) y que también se puede pedir a mediodía. Algunas de las recetas que incluye la carta de otoño son el gazpacho de sandía con bolitas de melón y crujiente de jamón, canelones rellenos de guiso de longaniza, carrillera de cerdo guisada al vino tinto o cazón en adobo. Lo dicho, cocina de siempre adaptada a estos tiempos y muy bien presentada.

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