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Economía
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EMPRESAS

Trabajadores de Marsans se manifiestan

Los empleados del grupo piden una solución a la situación insostenible que viven las oficinas del grupo, donde ha cundido el desánimo ante la falta de claridad por el futuro de la firma.

Trabajadores de Viajes Marsans en Aragón se concentraron ayer en la plaza de Roma.
Trabajadores de Marsans se manifiestan
PEDRO ETURA/A PHOTO AGENCY

Una treintena de trabajadores de las oficinas que el grupo Viajes Marsans tiene en Aragón se concentraron ayer, convocados por UGT, en la plaza Roma de Zaragoza, frente al edificio donde estuvo la CREA (Confederación de Empresarios de Aragón) y hoy siguen Cepyme, la CEZ y alguna sectorial como la patronal de la Construcción o la del Metal. Los representantes sindicales, con el secretario general de la Federación de Transportes, Comunicaciones y Mar (TCM) de UGT, Santos Paricio, a la cabeza, explicaron a los empleados de la compañía de viajes en qué situación se encuentra la firma, desde el punto de vista laboral, y trataron de responder a las preguntas que los preocupados trabajadores hicieron sobre su futuro inmediato. La consigna lanzada desde UGT fue tener paciencia y esperar, seguir esperando, porque el sindicato aún confía en que llegue un comprador con suficiente poder económico como para salvar la empresa. Según aseguró el sindicato, Viajes Marsans está al día en el pago de las nóminas; la mayor preocupación de UGT es, en este momento, intentar salvar el mayor número de puestos de trabajo de una plantilla que puede rondar los 4.000 empleados en toda España (cerca de 100 en Aragón).

Santos Paricio también explicó que, hasta ahora, los representantes sindicales habían preferido no montar mucho lío en la calle para no perjudicar a la empresa, ahuyentando a los posibles compradores. Pero dado que los nombres de los hipotéticos interesados en adquirir Marsans (alguno de ellos de dudosa reputación) se suceden y la situación no acaba de clarificarse han decidido comenzar con las movilizaciones, que se irán llevando a cabo en todas las ciudades españolas en las que haya oficinas del grupo.

Los trabajadores escucharon los mensajes sindicales, pero se fueron de la concentración tan preocupados como habían llegado y con el agobio de saber que van a tener que seguir gestionando, como buenamente puedan, el día a día de las oficinas. Y es que los trabajadores de Marsans tienen ante sí un papelón. A la angustia y el temor a perder su empleo se une la peculiaridad de su actividad como intermediarios entre unos clientes (algunos, de toda la vida, con quienes han establecido una relación de años de buen entendimiento y confianza) y una compañía que pasa por sus horas más bajas, y que no sabe con certeza si podrá prestar los servicios que está ofertando y cobrando.

Atados de pies y manos

Un grupo de empleados explicaba tras la movilización que en este momento, las sedes del grupo Viajes Marsans (que operan con las marcas Marsans, Crisol y Rural Tours) tienen prácticamente paralizada su actividad. Los empleados, que al final son los que tienen que dar la cara y responder ante sus clientes, no aceptan tramitar viajes, salvo aquellos que pueden pagar directamente a la mayorista (o a la cadena hotelera o al medio de transporte) que presta el servicio.

Estos trabajadores explicaban a este periódico que se sienten atados de pies y manos. En las últimas semanas están tratando de 'salvar los muebles'. El problema más grave lo están viendo en aquellos ciudadanos que han reservado algún viaje, que hicieron efectivo un adelanto del precio, y a los que ahora no saben qué aconsejar porque no tienen la certeza de que esa cuantía, que ellos ingresaron en las cuentas de la central de Marsans, haya sido abonada a su vez a los operadores turísticos promotores del viaje. Por ello, explicaron, la sensación es de desánimo y, en algunos casos, de temor, miedo a que clientes enfadados, que sospechan que pueden quedarse sin dinero y sin viaje, la acaben pagando con quienes les vendieron el paquete.

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