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Economía
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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

EL TESTIMONIO

"Todavía no sé cuándo vamos a salir"

Un aragonés, junto a su mujer colombiana y su pequeño de cuatro años minusválido, llevan dos días en Barajas a la espera de coger un vuelo a Bogotá.

Hoy -por ayer- tampoco vamos a salir, y mañana -por hoy-, lo dudo". Con esta resignación Jesús Felipe reconocía a través del móvil la situación que junto a su familia está viviendo desde hace dos días en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Le pilló el conflicto de los controladores de lleno. "Llegamos en autobús desde Zaragoza a la terminal a las 7.30 del sábado y seguimos aquí", comenta. Viaja, junto a hijo Alejandro de cuatro años minusválido y su mujer Claudia, a visitar a la familia de esta, en Colombia. "Llevamos trabajando y ahorrando todo el año para poder ir... Y ahora nos pasa esto", lamenta.

Si las jornadas han sido duras, muy duras, para los miles de pasajeros atrapados en los aeropuertos, para Jesús y su familia lo han sido mucho más por la discapacidad que tiene su pequeño. "Se desplaza en silla de ruedas. La gente se sorprende que sigamos aquí", comenta. Todos los viajeros que volaban a Bogotá el sábado por la mañana y se quedaron en tierra tienen que ser recolocados en los próximos aviones (pero solo está programado uno al día). "Así que no tenemos muchas opciones. No sé cómo eligen a los pasajeros. No han puesto ninguno especial", explica Jesús.

Después del caos, las únicas opciones que les han dado es irse a su casa o bien apuntarse en una lista y esperar a tener suerte. "Si fuera un viaje de un puente me iría, pero vamos a ver a la familia de mi mujer hasta después de Reyes, así que no me compensa", reconoce Jesús. "Además, no tenemos ni las maletas, las facturamos y están almacenadas no sé dónde", añade.

Toca esperar y Barajas se ha convertido en casi su segunda casa. Desde que llegaron al aeropuerto el sábado por la mañana, ocupan el mismo 'espacio' en el que pasan las horas. Comen lo que pueden y duermen en el suelo de la terminal. "Aunque sobrevivir aquí resulta bastante caro. Todo cuesta el doble. Menos mal que mi mujer llevaba en el carro para su familia un paquete de jamón, hemos comprado pan y nos lo vamos comiendo. En ningún momento nos han ofrecido comida ni bebida", comenta este zaragozano que ha presentado dos reclamaciones.

Eso sí, las 'camas improvisadas' en el suelo de la terminal por parte de los viajeros ya han suscitado más de un comentario. "Algún que otro trabajador decía que parecía la morgue, con todos tirados. Menos mal que el aeropuerto está bien climatizado y no pasamos frío", señala Jesús. Aunque el estrés y las noches sin apenas dormir, le están pasando factura. "He tenido que ir a comprar un colirio, porque llevo los ojos enrojecidos. Espero poder contaros pronto que estamos embarcando", concluye.

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