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Economía
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EN LA PLANTA

"El plan de ahorro me da más miedo que si despiden a cien más o menos"

Los trabajadores volvieron ayer a la factoría de Figueruelas, con dudas sobre cómo se aplicará el recorte de 900 personas pactado con Magna

El plan de ahorro me da más miedo que si despiden a 100 más o 100 menos", aseguraba ayer Luis Cuartero, empleado de GM España, poco antes de entrar al turno de tarde por la puerta de la nave 32, tomada por los medios de comunicación, que los trabajadores trataban de esquivar con más o menos suerte. Para Luis, el preacuerdo del día anterior logrado con Magna "no es malo", pero no despejaba todas las incógnitas sobre el futuro de la planta. Entre sus dudas, "si los que se quedan estarán en buenas condiciones" y si los que se vayan "saldrán con prejubilaciones o con extinción de contratos". A sus 57 años, hacía cuentas sobre sus alternativas, pero le faltaba información.

 

"La letra gorda la han puesto pero no la menuda", decía José Ángel Palacios, de 48 años, que llevaba desde los 20 en la planta. La tranquilidad que ha dado el preacuerdo considera que es solo una antesala de "la tormenta que vendrá" cuando se sepa "qué condiciones salariales van a quedar". En su opinión, "no se ha rebajado a 900 despidos, es lo que ya nos dijo GM hace tiempo", recordando el recorte con la misma cifra anunciado por la compañía y que finalmente no se hizo.

 

Pesimistas estaban en las contratas. "Vamos a ir todos a la calle", decía Estefanía Mimbiela, de 25 años. Solo esperaba que hubiera "muchos voluntarios" para acogerse al ajuste de empleo y "que nos dejen trabajar unos años más".

 

Cientos de trabajadores bajaban con paso rápido de los autobuses que les traían desde Zaragoza y los municipios cercanos. Poco después, sus asientos eran ocupados por los compañeros del turno de mañana que salían con la hoja informativa del comité sobre los puntos del preacuerdo. Algunos se paraban en corrillos a leerla. "Nosotros siempre perdemos", lamentaba José Luis Bernal, de 37 años. Recordaba que "ya hicimos sacrificios para el Meriva, aceptamos una flexibilidad muy fuerte y congelamos la antigüedad". Otros se quejaban de que el Gobierno español y el autonómico habían empezado a negociar tarde. "Alemania manda mucho", decían.

 

Sentados en los autobuses, unos releían el preacuerdo y otros, cansados de las ocho horas de jornada, daban alguna cabezada. Las negociaciones siguen y el trabajo en la cadena, también.

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