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Economía

FUSIONES

La reunión entre Ibercaja y CAI

La reunión entre Ibercaja y CAI
La reunión entre Ibercaja y CAI

EL encuentro existió. Los equipos directivos de Ibercaja y CAI se reunieron la pasada semana para hablar de una posible unión de las dos cajas aragonesas. Tras algún tanteo previo y con el visto bueno del Gobierno regional que, en cualquier caso, llegaba con matices -no todos los miembros del Ejecutivo compartían de manera cerrada esta posibilidad-, Ibercaja y CAI se sentaban para explorar las opciones para la creación de la gran caja aragonesa, una idea que siempre había sobrevolado sobre la realidad financiera de la Comunidad y que, aparte de la rumorología, nunca había sido analizada en detalle. El resultado fue infructuoso y aunque algunos de los protagonistas de la cita prefieren hablar de unas conversaciones que han quedado, por el momento, "interrumpidas", la posibilidad se da por total y definitivamente desechada.

Pese a las diferencias en la filosofía y los modelos de gestión -un doble hecho que podría haber sido superado-, CAI era consciente de la pérdida de identidad que representaba una integración con Ibercaja, en especial si el sistema empleado era el de la fusión. Con una relación de tamaño cuatro veces superior en beneficio de Ibercaja, el liderazgo solo podría recaer en la entidad de la plaza de Paraíso, algo que difícilmente podría haber sido digerido por la estructura de CAI. Esforzado en la idea de sostener su personalidad e independencia, el actual equipo de Caja Inmaculada pretende sostenerse en solitario aguantando al máximo la presión que ejerce el Banco de España. Cualquier unión solo pasaría por la puesta en marcha de un SIP (Sistema Institucional de Protección) y se realizaría con socios lo más parecidos posible. Bajo este esquema encajan a la perfección la burgalesa Caja Círculo y alguna otra entidad con la que ya se está hablando y que no ha entrado en ningún proceso de fusión.

La ventaja con la que cuentan tanto Ibercaja como CAI es que pese a que hoy finaliza el plazo para solicitar el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) ninguna de las dos lo necesita. Las fusiones entre cajas no se dan por terminadas. Habrá segunda vuelta y es más que probable que los entendimientos adquieran una forma más natural, menos forzada por obligaciones ajenas o salvamentos in extremis.

Hasta la mesa de Ibercaja han llegado en los últimos meses distintas operaciones que han sido estudiadas con detenimiento. La entidad se ha mostrado activa, pero también ha querido ser cauta en las posibilidades que ha valorado. Consciente de que el proceso no está cerrado y convencida de que no desea la construcción de ningún SIP intermedio, Ibercaja esperará paciente y serenamente hasta que aparezca una buena oportunidad. De hecho, las cajas más solventes, entre las que se encuentran las aragonesas, han quedado hasta la fecha fuera de importantes procesos de fusión o SIP.

La fusión entre las dos cajas aragonesas arrastraría una larga relación de dificultades. Desde la pérdida de empleos -los cálculos más prudentes hablan de entre 800 y mil personas que habrían de ser prejubiladas o despedidas- hasta los problemas reales que se registrarían con las duplicidades de las oficinas de la red. A estos inconvenientes habría que sumar la pérdida de valor añadido que supondría para la Comunidad contar con una única entidad en lugar de las dos actuales, una realidad que, por ejemplo, acabaría con el importantísimo aporte de la Obra Social de Ibercaja y CAI tal y como hoy se conoce.

Las dos cajas esperan su oportunidad estratégica y ambas establecen como condición el mantenimiento de su personalidad, lo que implica un deseo de liderazgo en cualquiera de las posibles fórmulas que pudieran presentarse. Un hecho que acorta y limita las opciones, pero que establece una muy limitada lista de posibles compañeros. Ni Ibercaja ni CAI se muestran preocupadas por lo que muchos han considerado una oportunidad perdida. Al igual que tampoco se encuentran afectadas por la evidencia de que los movimientos de terceros estén generando un descenso en los ránquines que avalan su reputación como cajas bien gestionadas. Habrá acuerdos con nuevos socios que llegarán de fuera, por lo que la idea lanzada desde el Pignatelli de que las cajas rurales aragonesas pudieran unirse con CAI tampoco tendrá mayor recorrido.

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