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Economía

EXPEDIENTE DE REGULACIÓN DE GM

"La empresa nos va apretando las tuercas y ahora quiere quitar a los más antiguos"

Precarizar el empleo, quitarse a los más antiguos y recortar salarios y derechos es lo que, bajo el paraguas de la crisis, pretende hacer la empresa, según estos cinco trabajadores, en la mayoría de los casos con más de 20 años al servicio de General Motors, que se ven ahora abocados al callejón sin salida de un expediente de suspensión de empleo, que temen no vaya a ser suficiente y acabe en la extinción de sus puestos de trabajo.

"Llevo 27 años en la línea de producción y ahora soy carretillero. Nací en 1955 y ahora me quedan ocho años para jubilarme. Con la edad que tengo no me puedo plantear hacer otra cosa", dice Ricardo Blas, que reprocha a la empresa que "ahora no se acuerde de las épocas en que batíamos récords de producción y hacíamos 40.000 horas extras".

A su juicio, "en una casa bien llevada se guarda para cuando las cosas vienen mal dadas". Los pésimos resultados económicos de este tercer trimestre comunicados por GM y su falta de liquidez no hacen sino poner con el alma en vilo a este trabajador: "¿Qué voy a hacer?, esperar a ver qué pasa y con miedo, porque en la carta que me han mandado con los papeles del paro, me ponen que ya me dirán cuando vuelva dónde tengo que ir a trabajar".

La misma incertidumbre, solo que con casi 20 años menos, es la que vive Melchor Marco, que tiene 34, y entró en la planta de Figueruelas a trabajar en la línea de Pintura hace catorce: "Estaba en el turno de noche y también me ha tocado el paro forzoso durante este mes. Tal y como están las cosas, se ve que van a ir a peor y no quiero pasarme así 26 años más hasta que me jubile". Por eso, trata de darse una oportunidad. Se ha presentando como voluntario para acogerse a la excedencia de un año y poder así acabar los estudios de Trabajo Social que cursa y opositar.

"Vamos para atrás", critica otro trabajador, Carlos Sesma, que lleva 24 años trabajando en motores para GM y se niega a asumir cómo se ha podido pasar de trabajar hasta doce horas diarias, sábados incluidos, para que ahora, de repente, porque en agosto no había crisis, la empresa diga que no tiene liquidez. Muy preocupado, sigue las informaciones del retraso del Meriva y de la bajada de producción para el año que viene y piensa: "Si la empresa no puede plantear otro expediente de suspensión hasta dentro de un año, ¿lo qué busca es tirar a 900 a la calle?, ahora nos pueden despedir con 20 días y doce mensualidades máximo. ¿A qué estamos llegando?", se pregunta indignado, a la vez que confiesa que se está planteando en serio dejar atrás su oficio en GM: "Total, para lo que sirve trabajar toda la vida".

"No tenemos más remedio que aguantar. El expediente lo veo mal. No es justo que una empresa que ha tenido tantos beneficios nos lo haga pagar de este modo, pero no nos queda otra y ojalá sigamos así y no empeore", advierte Luis Fernando Amella, que lleva 26 años en Carrocerías, desde que entró a trabajar en Figueruelas en 1986. "Con 50 años y a estas alturas lo único que me planteo es que no vayamos a peor", afirma.

Crecerá el empleo precario

Luis Eduardo Aparicio, que lleva 18 años en Prensas en la planta de Figueruelas, denuncia que "hace tiempo que empezaron a empeorar las condiciones metiendo subcontratas y ahora ya nos tocan directamente el trabajo". Recuerda que el acuerdo del Meriva, que introdujo la flexibilidad y la congelación de la antigüedad, se hizo para garantizar el empleo, y sin embargo, la situación evidencia que no ha sido así. Ahora, en su opinión, con el ERE ha vuelto a pasar lo mismo: "Nos llevan engañados. Los cuatrocientos primeros que hemos ido al paro han sido a dedo. Lo ha decidido la empresa en función del dinero que le cuesta el trabajador". Aparicio está convencido de que "la empresa saldrá de la crisis al coste que sea, pero el empleo saldrá muy perjudicado. Será bastante más precario y mucho peor".

La solución, en su opinión, no pasa por "negociar con miedo y firmar todo lo que nos pongan delante sino salir ante la opinión pública y denunciar lo que está ocurriendo". "Lo que pasa es que si ahora haces huelga, la empresa casi te lo agradecería", apunta Melchor Marco. Así que a aguantar tocan como corrobora Luis Fernando Amella: "Cuando te aplican eso de las necesidades de producción, ya estás perdido". Según Ricardo Blas, la empresa va a seguir hasta que consiga quitar todo el empleo con garantías, hasta que precaricen los contratos todo lo que puedan".

Aunque ninguno de estos cinco trabajadores sabe cuándo ni cómo acabará esta situación, son conscientes de que la empresa quiere quitarse a los más antiguos y con derechos: "Nos van apretando las tuercas, lo siguen haciendo, y como no damos respuesta, ahora se quiere quitar de en medio a los más antiguos", apuntaron.

Piden más defensa sindical

A pesar de estar afiliados a distintos sindicatos, piensan que no los defienden y ven el panorama muy crudo. Al tener un largo historial de trabajo, ven con desánimo cómo cada vez los que entran nuevos a trabajar a la fábrica, lo hacen por menos dinero. En diez años, el salario por hacer lo mismo ha bajado más de 400 euros. "En Faurecia, desde que se externalizaron las puertas, han pasado muchos cobrando 900 euros cuando un trabajador de GM está por los 1.500 o 1.600". El problema, según Amella, "no es que los de GM cobren mucho sino que los demás deberían cobrar lo mismo".

Además, la posibilidad de llegar a fijo se hace prácticamente imposible ya que los nuevos, que en su mayoría entran por contrato relevo, necesitan superar dos contratos de este tipo, cada uno con una duración de cinco años, para ser indefinidos. En cuanto a la flexibilidad, su impresión es que la empresa la emplea al máximo: "Cuando vas a enganchar, te dice cuando yo quiera y dónde quiera. Y sin embargo, hay un convenio que marca dicha flexibilidad. El comité de empresa debería defenderlo, pero por miedo no lo hace y se vulneran derechos de los trabajadores", concluyeron.

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