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Economía

MACROECONOMÍA

BBVA rebaja la previsión de crecimiento de la economía y lo sitúa entre el 1,7% y el 2,2%

Estima que no habrá destrucción de empleo en el bienio 2008-2009, pese a que la tasa de paro subirá al 11%.

Pintan bastos en la economía española y el frenazo se prolongará al menos durante cuatro o cinco trimestres. Los efectos de la crisis financiera internacional, la mayor vulnerabilidad de su sector inmobiliario, el elevado déficit exterior consecuencia de la expansión internacional y un "sorprendente" repunte de la inflación, junto a otros factores de imposible control nacional como la fortaleza del euro o la escalada del petróleo, configuran un panorama mucho más negativo de lo previsto, y el servicio de estudios del BBVA ha aplicado un drástico recorte a sus proyecciones.

Ahora piensa que el crecimiento económico de España estará este año entre el 1,7% y el 2,2%, el rango más bajo de las previsiones que estos días presentan instituciones públicas y privadas, e inferior en más de un punto a las estimaciones gubernamentales. La desaceleración no solo será más intensa, sino que se prolongará en 2009, porque el avance de la actividad se situará el próximo año entre el 0,8% y el 2,0%. Tras alcanzar el mínimo en la primera mitad de ese ejercicio, se iniciará posteriormente una "suave recuperación".

El Servicio de Estudios de BBVA opina, por otra parte, que las tensiones en energía y alimentos impulsarán la inflación en España hasta un intervalo del 3,6% al 3,8% este año, mientras que la moderación posterior llevará la tasa a niveles de una horquilla entre el 2,5% y el 2,9% en 2009.

José Luis Escrivá, economista jefe del servicio de estudios de la entidad bancaria, explicó que la ralentización pasará factura a las cuentas de las Administraciones públicas, que todavía presentarán un superávit de tres décimas este año, pero que se teñirán de rojo en cuantía equivalente en 2009.

Añadió que, incluso sin incrementar el nivel de deuda -un 36,2% del PIB-, el Gobierno dispone del equivalente a un punto de Producto Interior Bruto -unos 10.000 millones de euros- para aplicar políticas compensatorias y de reactivación económica. "La inversión en infraestructuras bien orientadas y localizadas puede tener un efecto dinamizador considerable", apuntó.

Pero el banco también apunta medidas que, tras su aplicación en otros países, considera eficaces: deducciones fiscales temporales, aumento del gasto público en vivienda, o incluso extensiones 'tasadas' del seguro de desempleo.

Y es que el pinchazo del ladrillo va a provocar que la inversión residencial se desplome un 14,5%, y pase de representar el 7,5% del PIB hasta un 5%, lo que restará hasta siete décimas al crecimiento. En la base de estos cálculos se encuentra un fuerte deterioro de las expectativas. La cifra de visados se recorta, en el peor de los escenarios, hasta niveles de la recesión económica de comienzos de los años noventa. Por otra parte, que la economía se ralentice en los socios comerciales europeos, junto al cada vez más apreciado tipo de cambio del euro respecto al dólar van a suponer un drástico frenazo de las exportaciones. Este efecto exterior drenará medio punto a la expansión de la actividad este año, y hasta ocho décimas en el próximo ejercicio.

Absorber el empleo

En el mercado de trabajo, estos planteamientos representan la destrucción de entre 330.000 y 440.000 empleos en los próximos dos años en este sector, lo que disparará la tasa de paro hasta el 9,5% de la población activa este año y del 11% el siguiente con un aumento de hasta 850.000 personas en la cifra de parados.

Sin embargo, en el conjunto del mercado laboral no habrá destrucción de empleo. Primero, porque se frenará el ritmo de avance de la población activa y, segundo, porque la mano de obra sobrante en la construcción se acoplará a las necesidades productivas de otras áreas y territorios. El resto de la economía seguirá creando puestos de trabajo, en una estimación que oscila entre 330.000 y 750.000 en el bienio.

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