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La industria aragonesa alza la voz para atajar la crisis de chips, que hunde su facturación

Los empresarios del metal de Zaragoza piden más diligencia a las administraciones y flexibilidad a los sindicatos.

Los fabricantes de piezas para automóviles, preocupados.
Los fabricantes de piezas para automóviles, preocupados.
Oliver Duch

La falta de suministro de microchips procedentes de países asiáticos tensiona de manera creciente las cuentas de resultados de las compañías industriales de Aragón. La Federación de Empresarios del Metal de Zaragoza (FEMZ) llamó la atención ayer sobre un problema que, unido al desabastecimiento de materias primas y la subida de la luz, está hundiendo su facturación hasta el punto de que esta crisis está haciendo ya más daño que los efectos causados por el obligado parón de su actividad en los primeros meses de la pandemia, según indicó a este diario Javier Ferrer Dufol, presidente de la organización.

Viendo la repercusión generalizada por la carencia de semiconductores «en el sector del automóvil, pero también ya en la de los electrodomésticos y en realidad en la industria en general», precisó Ferrer, la FEMZ reclama a todas las administraciones más diligencia y a los sindicatos acceder a medidas de flexibilidad laboral para hacer frente a este escenario. «Esta situación debería estar ya sobre la mesa de dirigentes autonómicos, nacionales y europeos para tratar de buscar una solución», señaló esta patronal.

«Los cuellos de botella, los problemas de producción o la incapacidad para hacer frente a los pedidos están provocando una oleada de paradas intermitentes en la industria, e incluso de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), que se extienden a toda la cadena de proveedores», lamentaron desde la FEMZ al hablar del cúmulo de problemas que acucian a la actividad industrial. La Federación del Metal considera que al alargarse esta situación «más de lo esperado», se puede hablar de «un problema estructural, no coyuntural, pues se prevé que la falta de ciertos metales pueda normalizarse a comienzos de 2022, pero para el resto de las materias no hay previsión de solución hasta 2023».

«Los microchips están en coches y electrodomésticos, pero también en maquinaria agrícola y una amplia variedad de industrias más», incidió Javier Ferrer, que denunció la escasa capacidad de decisión que tiene Europa en un momento en el que los componentes electrónicos están más presentes que nunca en todo tipo de productos.

«Necesitamos un gran plan de reindustrialización y ahí habría que pensar en producir microchips en España, del mismo modo que estamos hablando de contar con una fábrica de baterías», apuntó asimismo el dirigente empresarial, punto en el que coincide con el vicepresidente del Gobierno de Aragón y titular de Industria, Arturo Aliaga, quien defiende el posicionamiento de la Comunidad con la presencia de Amazon, la Escuela de Ingenieros y la posibilidad de contar con recursos hídricos, fortaleza esta última de la que carece Taiwan, donde hoy se fabrican semiconductores.

Aliaga se refirió a esta cuestión en el pleno de las Cortes, donde reclamó que los ERTE relacionados con la crisis de los microchips se amplíen y que sean declarados como de fuerza mayor. Eso sí, admitió que su margen de maniobra es «limitado», pero que es consciente del problema que tenemos entre manos y por ello mantiene contactos estrechos con responsables de las patronales del sector de la automoción, seguramente el más afectado de todos en la región por los constantes parones de la fábrica de Opel España, del grupo Stellantis, en Figueruelas -que ayer anunció que no ensamblará vehículos la próximas semana-, y sus consecuencias en la industria auxiliar instalada en todo el valle del Ebro.

«Tormenta perfecta»

El veterano responsable político de Industria lamentó que en el automóvil se viva una «tormenta perfecta» que incluye la falta de semiconductores y de materias primas, el encarecimiento de los fletes marítimos y la subida del precio de la electricidad.

En su alocución en las Cortes el vicepresidente recordó que en Europa solo se fabrica el 20% de los microchips, algunos además con elementos electrónicos procedentes de las grandes empresas asiáticas, «por lo que la dependencia económica es brutal». «Los europeos nos hemos dormido, hay que apostar por la reindustrialización pare revertir esta situación», declaró en ese sentido Javier Ferrer.

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