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Diseño industrial para la covid-19

La pandemia ha generado una ola de creatividad en empresas de todo tipo, que han sacado productos originales y variados. Muchas son aragonesas.

Carro antibacteriano de Araven, prototipo de respirador desarrollado con el apoyo de BSH y asistente virtual de Imascono.
Carro antibacteriano de Araven, prototipo de respirador desarrollado con el apoyo de BSH y asistente virtual de Imascono.
Heraldo

Un avatar con rostro de hombre o mujer que ejerce como secretario o secretaria virtual, ayudando a evitar hasta un 80% los contactos humanos durante la visita a recepciones, puestos de información, espacios promocionales o eventos. Carros de la compra con tratamientos que garantizan la eliminación del 99% de bacterias, levaduras o mohos. Calcetines que colocamos en los codos y nos ayudan a estornudar o toser de un modo más higiénico. Abrepuertas de metacrilato para minimizar el riesgo de contagio. Mamparas que separan los asientos de un avión. Mascarillas con diferentes tejidos... La pandemia del coronavirus ha disparado la imaginación en empresas de todo el mundo. En multinacionales, compañías de gran tamaño, pymes y autónomos. Hacer de la necesidad virtud se ha convertido en mucho más que una máxima que hay que aplicar. La expansión de la covid-19 ha obligado a sacar al mercado multitud de productos que ayuden a luchar contra este mal tan inesperado, este ‘bicho’ que nos ha sacudido la vida.

«La covid ha agitado el diseño en el mundo, ha generado una reacción espontánea», afirma Juan Manuel Ubiergo, director del Centro Aragonés de Diseño Industrial (CADI). «Los profesionales de las empresas se han visto obligados a dar respuesta a necesidades nuevas y perentorias y han actuado con rapidez», señala. La agilidad para responder en cada momento a las dificultades que iban surgiendo por el avance de la pandemia es un valor más que reseñable, considera este profesional, que es consciente de que hay innovaciones que han saltado a la realidad de inmediato y otras que, en cambio, difícilmente se materializarán de modo generalizado. Ante la urgencia, muchos estudios de mercado se han dejado para otra ocasión.

Novedades en diseño industrial han surgido en todas partes, con aplicaciones en una amplia variedad de sectores de la eocnomía. Los estudios o talleres más especializados han registrado una actividad frenética, pero también se han movilizado empresas medianas y pequeñas e incluso profesionales autónomos. En unos casos ha sido para luchar directamente contra la expansión de la covid-19 y en otros para poder funcionar en mejores condiciones en un escenario denominado nueva normalidad.

En Aragón se han hecho muchas cosas. Juan Manuel Ubiergo llama la atención sobre una vinculada al ámbito sanitario, la de un modelo de respirador impulsado por tres profesionales (el ingeniero Joge Cubeles, el veterinario Luis García y el anestesiólogo Fernando Beltrán) con el aval de BSH Electrodomésticos. «Se hizo un gran esfuerzo en su desarrollo, pero al final, al menos de momento, se ha quedado en un prototipo», señala. La urgencia de contar con este tipo de aparatos en lo peor del estado de alarma se fue disipando con el descenso de hospitalizaciones y el proyecto se ha ralentizado en su tramitación.

Ubiergo destaca también el desarrollo de una herramienta de detección precoz de la covid por parte del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A), aún en marcha.

"Todo lo que ha tenido que ver con cada una de las etapas de desescalada ha traído consigo novedades en diseño», reseña Juan Manuel Ubiergo, del CADI. «Los comerciantes han tenido que replantearse cómo controlar los flujos de gente que entran a sus tiendas, se han instalado mamparas, ha habido novedades en señáletica, en cartelería digital... Hay novedades de todo tipo», apunta.

En el ámbito tecnológico, en Aragón han sacado productos muy interesantes firmas como Imascono y Deusens. La primera de ella, creada por los emprendedores Pedro Lozano y Héctor Paz, ha desarrollado un asistente virtual que, con el nombre de EVA (Enterprise Virtual Avatar), ayuda a evitar los contactos humanos al ejercer como una secretaria. «Es capaz de relacionarse y puede responder preguntas sencillas; pestañea, hace gestos y te habla», afirman desde la empresa antes de señalar que la fisonomía del asistente puede ser diseñada con el cliente en función de sus necesidades y que puede ser hombre o mujer. Deusens, por su parte, es capaz de organizar eventos virtuales como si fueran presenciales.

En otro ámbito, el comercial, llama la atención la solución ofrecida por la compañía zaragozana Araven para sus carros de la compra, muy presentes en supermercados. La empresa ha aplicado un innovador tratamiento en las asas de sus carros compactos que, asegura la firma, «garantiza la eliminación total (en un 99,99%) de bacterias, levaduras y mohos y se evita así la transferencia entre usuarios de microorganismos perjudiciales para la salud».

En el tejido empresarial aragonés hay muchos más ejemplos de prácticas de diseño industrial más que destacables. Implaser, empresa de señalización industrial y de seguridad, ha generando un catálogo propio con una batería de productos específicos en la lucha de la covid-19: pegatinas de vehículo desinfectado, distanciadores sociales, estaciones de higiene, cartelería informativa, mamparas de metacrilato o equipos de protección individual (EPI). Otra firma aragonesa activa en el mismo ámbito ha sido Tecco, que ha presentado una amplia gama de cartelería digital para espacios físicos en tiempo récord, así como dispensadores de gel automático, expendedores de mascarillas, guantes, etc. o sistemas de gestión de turnos mediante QR y control de aforos con cámaras.

La pujante firma Scati, fabricante de sistemas de videovigilancia, ha incorporado algoritmos de inteligencia artificial (IA) en sus soluciones de circuitos cerrados de televisión, que se han convertido en herramientas esenciales para detectar personas enfermas, medir la temperatura corporal, detectar si alguien no lleva mascarilla, controlar el aforo y el distanciamiento social.

La irrupción tan salvaje del coronavirus, inesperada al menos en su magnitud, nos pilló sin hospitales y empresas debidamente preparados con equipos de protección. Ahí entraron en marcha los denominados ‘makers’, que con el lema del ‘házlo tú mismo’ se movilizaron en todo Aragón para fabricar mascarillas, pantallas y otros elementos. Empresas como Dynamical 3D, de fabricación aditiva, y profesionales del Instituto Tecnológico de Aragón (Itainnova), entre otros, impulsaron esas acciones.

Mención aparte merece el capítulo de mascarillas. Las mercerías de Zaragoza, por ejemplo, han visto incrementados sustancialmente sus volúmenes de negocio, mientras que en el ámbito de la moda el diseño se ha hecho notar. Lucía Rodríguez Atelier es el nombre propio aragonés más destacado en la materia, con producciones cuidadas y mucho de personalización, incluso para empresas. Álvaro González, oscense radicado en Palermo (Italia) destaca con luz propia al formar parte del equipo que ha lanzado una mascarilla tecnológica. «Cliu no es solo una mascarilla, es la respuesta a una demanda de normalidad, dedicada a aquellos que quieren volver a respirar profundamente y vivir libremente, con total seguridad», explicó González a este diario en julio al dar cuenta de esta innovación.

En un contexto más global, las aportaciones en diseño industrial han sido muy variadas. Unas con gran sentido práctico, otras en con una sofisticación que las hará poco prácticas. Burbujas en restaurantes de lujo, robots de todo tipo (alguno con forma de perro) para controlar si se cumplen las recomendaciones realizadas por las autoridades sanitarias para evitar más contagios de coronavirus. Entre los desarrollos habrá muchos que han llegado para quedarse. Otros no pasarán de la extravagancia. Es lo que tiene el diseño, en este caso industrial.

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